¿Y el sueldo apá?

Por  Alexis A. Vera Sánchez | Publicado el 13-05-2015

Muchos empresarios creen que responsabilidad social es dar caridad. En efecto, para ellos ser una empresa socialmente responsable se reduce a dar ayudas a los pobres: despensas por aquí, juguetes por allá, ropa para el frío, etcétera. Una vez que han logrado sustantivas ganancias y amasado -varios de ellos- grandes fortunas, entonces se les ablanda el corazón y dan un poquito de lo que tienen y con ello sienten que han limpiado sus pecados y cumplido con Dios, la sociedad y con su propia consciencia.

Casi todos los empresarios critican el populismo de los políticos de izquierda pero, finalmente, hacen cosas parecidas: dan paliativos, no soluciones al problema socioeconómico mexicano. Porque la responsabilidad de construir un país más avanzado no sólo recae en el gobierno, también recae en la clase empresarial y en la sociedad civil. Tristemente a nuestros empresarios esta tarea no les tiene con cuidado (si es que siquiera está en su mapa).

Hace tiempo comenté en una sobremesa que probablemente 8 o 9 de cada 10 ricos en México desgraciadamente han logrado su fortuna infringiendo la justicia o cometiendo alguna injusticia social. Entonces una mujer empresaria me dijo que ella conocía muchos casos honestos y que no estaba de acuerdo con mi comentario porque hay empresas que no roban ni comenten actos de corrupción. Yo le compartí que no basta con ser rectos y transparentes en los negocios, ese es el comportamiento mínimo exigido para cualquier ciudadano y empresario, hoy necesitamos que las empresas paguen bien a sus empleados si queremos resolver a fondo el estancamiento económico de México y reducir la vergonzosa y limitante desigualdad que existe. Mientras la desigualdad no desvanezca, seguiremos todos padeciendo una calidad de vida degradada, porque hasta los más ricos cargan con las consecuencias de una sociedad desigual y fundamentalmente pobre.

Quiero ver qué empresario vive a gusto y sin resentimientos con $5,000 pesos mexicanos de ingreso familiar al mes (que, por cierto, representa más del doble del salario mínimo oficial).

Frente a lo que probablemente es el mayor mal de América Latina hoy día (la desigualdad económica y social) la clase en el poder (políticos y empresarios) mira desde su alta tribuna a todos los de abajo sin mayor inquietud. No sólo es un tema de ético, también es lo es económico puro: entre más gana la gente, más gasta, y si gasta más, entonces la economía se compone porque todas las empresas -micro, pequeñas o grandes- venden más. Es como tener una navidad para todos durante los 12 meses del año. No hay secreto ni receta mágica: así funciona en las economías más ricas e igualitarias del mundo, como las nórdicas, que además son reconocidas como las naciones con mayor nivel de vida.

La cosa es que cambiar no es fácil. No sería bueno subir el salario mínimo al cuádruple de la noche a la mañana porque eso puede provocar desajustes macroeconómicos (como una peligrosa subida de la inflación) que a su vez podrían impactar negativamente la economía de la mayoría de la población. Sin embargo, con un poco de visión a largo plazo y voluntad política, las cosas se pueden arreglar. Subir el salario mínimo cada año a una tasa mayor que la actual es fundamental y factible. Hoy apenas se ajusta a la inflación cada año, lo cual es -y será- a todas luces insuficiente. Si hace 21 años que empezó el Tratado de libre comercio de América del Norte, la clase en el poder hubiera implementado dicha estrategia, hoy tendríamos una economía mucho más sólida, con un mercado interno fortalecido a base de salarios competitivos internacionalmente. Pero eso no sólo no le interesa a nuestra cúpula político empresarial, tampoco le conviene a la nación más poderosa del mundo (y socia comercial clave de México) que cuenta con la mano de obra barata de nuestro país para minimizar sus costos de manufactura.

Sin embargo México no puede seguir dormido porque los costos sociales de los bajos sueldos son altísimos, en especial si consideramos los graves males que se desprenden de la pobreza, como la inseguridad y aumento del crimen, por nombrar unos de los más vistosos. Los empresarios si quieren, pueden. En lugar de ser estúpidamente ricos, que sólo sean ricos. Y los que no puedan ser ricos, como muchos micro empresarios, que decidan tener negocios más éticos y justos para generar una nueva realidad social. Todos en verdad nos vamos a beneficiar y se los vamos a agradecer, porque creo que todos queremos otro México.

El autor es profesor de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com

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Dependiendo de la dosis recomendada, 1 sobre kamagra 100 mg es suficiente para 1-4 usos.

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