A dos semanas de la entrega de los premios Oscar (22 de febrero), ya han sido estrenadas en nuestra ciudad dos de las más firmes candidatas a mejor película. La primera en llegar fue La invención de Hugo Cabret, un título atípico dentro de la prolífica carrera de su realizador, Martin Scorsese.
Habituado a la violencia y complejidad psicológica de sus más grandes clásicos (Taxi Driver, Toro salvaje, Buenos muchachos, Cabo de miedo, Los infiltrados, etc.), a uno le resulta difícil creer que este preciosista y esperanzador relato sea obra del ya legendario director. Tomando como escenario (¡en 3D!) al París de los años 30, Scorsese nos cuenta la historia de un pequeño huérfano que vive escondido dentro de la maquinaria de los relojes de una estación de tren, intentando descifrar un críptico legado de su padre. En el camino se enfrentará a un policía que desea enviarlo al orfelinato, a una niña que -obvio- terminará haciéndose su amiga, y a un misterioso anciano que acabará revelándose como una de las grandes leyendas de la historia de la cinematografía.
Suena muy banal, y a fe mía que lo es. Si lo que quería Scorsese era explorar su lado infantil, tal vez para complacer a sus nietecitos, ¿por qué eligió una historia tan convencional y predecible, y para colmo la filmó con tan poco ritmo? Cierto es que la producción es fastuosa y espectacular y el elenco muy cumplidor, pero uno esperaba mucho más de una película nominada a once premios de la Academia. Lo que sí vale la pena, y mucho, es el detallado y muy inspirado homenaje al genial Georges Méliès, quien a finales del siglo XIX fuera el primero en utilizar al recién creado cinematógrafo para contar historias, aderezadas por ingeniosos trucajes salidos de su imaginación.
La otra candidata al Oscar, más modesta en su presupuesto, factura y nominaciones, es Los descendientes, de Alexander Payne, el brillante cineasta que hace unos años dirigió Las confesiones del Sr. Schmidt y Entre copas, un par de filmes sencillos, honestos y muy puntuales en su retrato de la fragilidad de la condición humana cuando se enfrenta a situaciones de crisis.
Payne retoma su muy personal estilo e inquietudes para narrar el terremoto emocional que produce la caída en coma de una mujer en su fragmentada familia. Su marido (George Clooney, gran favorito al Oscar), hasta antes del accidente más interesado en el destino de una cuantiosa herencia que nunca ha disfrutado, y sus dos hijas dejadas la deriva, experimentartán el difícil trance de unirse para hacerle frente a un escenario tan complejo. Al igual que en sus dos anteriores cintas, Payne crea aquí una road movie, un camino agridulce que sus personajes deberán recorrer para encontrarle un sentido a la desgracia.
Lo más notable de Los descendientes, y que también ya es un sello habitual de su director, es la renuncia al sentimentalismo fácil, a la explosión hueca de resentimientos y reclamos, para en su lugar narrar, con sencillez y hasta buen humor, cómo una familia es capaz de sacar lo mejor de sí, sin hacer alarde de ello y de hecho sin notarlo.




Los estrenos en cuestión son Kung Fu Panda 2 y Cars 2. De la primera, obra de los estudios Dreamworks, no es mucho lo que puede rescatarse. En su flojísima primera entrega nos contó la historia de un panda holgazán que de la noche a la mañana lograba convertirse en un héroe de las artes marciales, siguiendo a pie juntillas la gastadísima fórmula del héroe improbable y simpaticón, si puede calificarse así a un personaje cuya voz en inglés fue prestada por el insufrible panzón Jack Black y en español por el inane Omar Chaparro. En el camino, como suele suceder cada vez que Hollywood mira más allá de las fronteras gringas (tanto geográficas como ideológicas), se presentaba a la legendaria China como un simple escenario descontextualizado y folklorizado al límite, y a la milenaria sabiduría y férrea disciplina del kung fu como un conocimiento asequible después de un par de lecciones exprés de autoayuda.
Caso aparte han sido siempre las producciones de Pixar, que desde el estreno de la citada Toy Story hace 16 años se ha convertido en el paradigma de la innovación técnica e inteligencia propositiva, que satisface por igual a chicos y grandes. El único problema es que Cars 2 es la secuela de la película más floja del estudio, y contar una segunda parte sobre una cinta que no funcionó del todo no parece ser buena idea. Con todo, la secuela ya está aquí y sobresale por su magnífico espectáculo visual y entretenida narración, mucho más compleja que Kung Fu Panda 2 y con un refinado humor que deja claro que hacer cine para niños no implica hacer películas para retrasados mentales.
Uno de los grandes éxitos de taquilla (y hasta de crítica) del año pasado fue la primera parte de esta historia sobre cuatro amigotes que se van de farra a Las Vegas y se enfrentan a las consecuencias de sus desmanes durante su terrible cruda. La idea era simple, pero el humor fresco y la narrativa interesante, al partir del escenario de desastre del día después para comenzar a hilvanar la serie de risibles acontecimientos que provocaron que el cuarteto despertara en una suite con un tigre en el baño, un bebé colgado del ropero, uno de los amigos desaparecido y otro con un diente menos.
X-MEN: PRIMERA GENERACIÓN
La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos suele otorgar su muy mediático Oscar a películas complacientes, conservadoras, inofensivas e “inspiradoras”, y el estreno en Puebla de El Discurso del Rey sirve para confirmar una vez más esta teoría.
También es digna de alabanza su dirección de actores, pues es capaz de sacarle jugo a las interpretaciones de actores tan probados como Geoffrey Rush, Helena Bonham Carter y sobre todo el multipremiado (con justicia) Colin Firth, quien personifica con sobria intensidad al atormentado monarca. Sin embargo, los pelos en la sopa son abundantes y van mermando poco a poco, a lo largo de las más de dos horas del filme, sus innegables méritos.
El retrato psicológico de los personajes secundarios y sus motivaciones son apenas bosquejadas, y el trazado del personaje principal -el único abordado a fondo- deviene en la también recurrente historia de terribles traumas infantiles que han de ser superados para poder triunfar. Ni qué decir de los apuntes sobre el ambiente del poder en el que se desarrolla la historia: Hooper desperdicia la oportunidad de reflexionar sobre un periodo importantísimo de la historia de Inglaterra (la víspera de la Segunda Guerra Mundial), para acabar concluyendo que lo que verdaderamente era importante en ese momento era que el rey pudiera dirigirse a sus súbditos para inspirarlos.
Resulta interesante la subtrama de la necesidad del monarca de desprenderse de su arrogancia para poder poner en manos de un plebeyo sus más íntimos secretos y encontrar la luz al final del túnel. Pero hoy en día, cuando se discute constantemente sobre la pertinencia de conservar una monarquía meramente decorativa, mantenida de los impuestos del pueblo y envuelta en una recurrente vorágine de frivolidades y escándalos, resulta inaudito que Hooper no haya dirigido su discurso a un análisis más trascendental del papel de la familia real.
PRESUNTO CULPABLE
EL PELEADOR
RANGO
Darren Aronofsky, el director de las perturbadoras Pi, el orden del caos y Réquiem por un sueño, además de la muy notable El Luchador, regresa a las marquesinas con El Cisne Negro, un filme sobre el despiadado mundillo del ballet profesional. El personaje central, Nina Sayers (Natalie Portman), es una bailarina en ascenso que recibe su primer protagónico de peso en El Lago de los Cisnes, de Tchaikovsky. Pero el camino para llegar al anhelado triunfo ha tenido un precio muy alto: un martirio físico y emocional para cumplir con las duras exigencias de su profesión.
A pesar de que cuenta inquietudes temáticas y un estilo formal bien definidos, este joven director aún tiene mucho que aprender, ya que sus carencias se revelan nuevamente en El Cisne Negro: su retrato de la atormentada prima ballerina no deja de ser interesante, pero su forma de abordarlo está lejos de ser original (antes de él, David Lynch y David Cronenberg, por poner sólo un par de ejemplos, exploraron con mayor frescura y oficio los tenebrosos pantanos de una mente perturbada), además de que vuelve a caer en el efectismo obvio de Requiem por un Sueño, en la que un dinámico montaje no pudo disimular las carencias narrativas de un guión simplista y aleccionador.
El personaje de Nina Sayers y la brillante personificación de Natalie Portman no tienen desperdicio, pero lo que se narra es extremadamente simple y hasta predecible (la obvia metáfora de la dualidad sobre el personaje central de El Lago de los Cisnes deja muy poco espacio a la imaginación), y los roles secundarios de la madre sanguijuela, el director del ballet, la compañera seductora y la prima ballerina decadente y caída en desgracia tienen un trazo esquemático y de escasa profundidad, a pesar del notable esfuerzo de Barbara Hershey, Vincent Cassel, Mila Kunis y Winona Ryder, respectivamente, para sacarle provecho a unos papeles desdibujados.
Hace un par de semanas, en el texto correspondiente a la categoría de mejor película, hablé de que Red Social iba en caballo de hacienda rumbo al triunfo, por su unámine reconocimiento como tal por parte de las diez asociaciones de críticos más importantes de los Estados Unidos, amén de su Globo de Oro a la mejor película de drama. Pero en los últimos días, y ya en plena recta final de la carrera, El Discurso del Rey está cerrando muy fuerte. Tres gremios (productores, directores y actores) la han considerado la mejor cinta del año, y si se toma en cuenta que los miembros de estas asociaciones votan nuevamente en los Óscares, estamos ante un escenario cerradísimo entre ambos filmes. Parece que lo de caballo que alcanza, gana, está por cumplirse una vez más.
MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA. México ha vuelto a ser noticia. Después de sus siete infructuosas nominaciones previas (tan sólo en la última década compitió tres veces, con Amores Perros, El Crimen del Padre Amaro y El Laberinto del Fauno), vuelve a estar en liza, esta vez con Biutiful, que de mexicana sólo tiene a su guionista/director, Alejandro González Iñárritu, pues todo lo demás es más español que unas tapas. ¿Cuáles son las posibilidades de El Negro, en su segunda nominación después de la citada Amores Perros? En materia de premiaciones previas no le ha ido muy bien: ha sido postulada a cuanto premio importante hay (BAFTA, Goya…), aunque sólo ganó el reconocimiento de dos asociaciones de críticos (Phoenix y Washington). Fue seleccionada para competir en el prestigiado Festival de Cannes, pero sólo ganó el premio al mejor actor (Javier Bardem, también nominado al Óscar) y, en general, fue recibida con frialdad por la crítica, que la consideró muy menor a las anteriores cintas de Iñárritu. A favor tiene que el director mexicano es un maestro del marketing de alfombra roja, y anda muy movido promocionando su filme por todos lados, lo que siempre atrae votos; por otro lado, y a diferencia de otros años, México no enfrenta a una competencia realmente fuerte: ninguna de las otras nominadas de Grecia, Argelia, Canadá y Dinamarca ganó en grandes festivales (sólo la griega obtuvo un premio menor en Cannes); sin embargo, la cinta danesa tiene un elemento de peso: está dirigida por Susanne Bier, cineasta bien cimentada no sólo en su país, sino en el mismo Estados Unidos. y que también ya ha sido considerada previamente en esta categoría. Yo no apostaría por Iñárritu…
MEJOR PELÍCULA ANIMADA. Este es uno de los Óscares que ya prácticamente están dados: Toy Story 3, a la que ya muchos consideran “la mejor tercera parte jamás filmada”, se ha llevado TODOS los premios previos y es infinitamente superior a sus rivales. Una maravilla más de Pixar, la gran revolucionaria no sólo de la técnica de la animación, sino de sus contenidos.
Firth es un actor británico que ha brillado intensamente en los últimos años con una serie de papeles cuidadosamente elegidos y aún mejor ejecutados. La cúspide la ha alcanzado con su elogiadísima y multipremiada caracterización del tartamudo rey Jorge VI, que lo ha colocado como un clarísimo favorito al que prácticamente nadie le ha hecho sombra en las premiaciones de la temporada.
El rival más cercano: JESSE EISENBERG (Red Social).
La rival más cercana: ANNETTE BENING (The Kids Are All Right).