Secuelitis: Kung Fu Panda 2 y Cars 2

Enrique Delfín

Un básico del verano lo constituyen las secuelas, precuelas y similares que para lo único que sirven, por lo general, es para mal disimular la carencia de ideas originales, la cobardía de los productores para ofrecer nuevas propuestas y la flojera de un público cada vez más reacio a poner a trabajar las neuronas durante sus visitas al cine.

Pocas veces una secuela o precuela es verdaderamente justificable, no por nada el dicho “las segundas partes nunca fueron buenas”, con sus contadísimas excepciones (la más notable, tal vez, El Padrino II,  joya fílmica que según muchos críticos superó a su brillante predecesora). En el caso particular que nos ocupa hoy, el del cine de animación que esta semana estrena dos segundas partes, rige el mismo principio, también con su notable rareza: la logradísima trilogía de Toy Story, de la que contra todo pronóstico la tercera entrega fue la mejor de todas, tanto que no falta quien se refiera a ella como “la mejor tercera parte jamás filmada”.

kung-fu-panda-2Los estrenos en cuestión son Kung Fu Panda 2 y Cars 2. De la primera, obra de los estudios Dreamworks, no es mucho lo que puede rescatarse. En su flojísima primera entrega nos contó la historia de un panda holgazán que de la noche a la mañana lograba convertirse en un héroe de las artes marciales, siguiendo a pie juntillas la gastadísima fórmula del héroe improbable y simpaticón, si puede calificarse así a un personaje cuya voz en inglés fue prestada por el insufrible panzón Jack Black y en español por el inane Omar Chaparro. En el camino, como suele suceder cada vez que Hollywood mira más allá de las fronteras gringas (tanto geográficas como ideológicas), se presentaba a la legendaria China como un simple escenario descontextualizado y folklorizado al límite, y a la milenaria sabiduría y férrea disciplina del kung fu como un conocimiento asequible después de un par de lecciones exprés de autoayuda.

Lo cierto es que la cinta de marras pegó con tubo en taquilla y sus desvergonzados productores se dieron a la tarea de armar una aparatosísima pero vacua secuela, que no cuenta nada nuevo con respecto a la primera y utiliza una copia al carbón de la misma anécdota para ofrecer un par de horas de peleas hiperquiinéticas aderezadas con una notable producción visual, pero nada más.

cars-2Caso aparte han sido siempre las producciones de Pixar, que desde el estreno de la citada Toy Story hace 16 años se ha convertido en el paradigma de la innovación técnica e inteligencia propositiva, que satisface por igual a chicos y grandes. El único problema es que Cars 2 es la secuela de la película más floja del estudio, y contar una segunda parte sobre una cinta que no funcionó del todo no parece ser buena idea. Con todo, la secuela ya está aquí y sobresale por su magnífico espectáculo visual y entretenida narración, mucho más compleja que Kung Fu Panda 2 y con un refinado humor que deja claro que hacer cine para niños no implica hacer películas para retrasados mentales.

El pelo en la sopa es que su fondo no es, ni de lejos, lo más brillante y propositivo de Pixar, mucho menos si se le compara con la estupenda Toy Story 3 de hace un año. Por otro lado, su temática de espías está bien elaborada, pero sobre bases muy convencionales (nada que no se haya visto en cualquier cinta de James Bond), y seguramente acabará por aburrir a los más pequeños.

Leave a Reply