El día después de…

Carlos Gómez

A partir de este miércoles ya nada será igual en el proceso de sucesión del PRI a gobernador.

El trascendido -quizá alterado, pero no equivocado en percepción por los asistentes a la reunión con el gobernador, Mario Marín Torres, en Casa Puebla- marcará al PRI en los siguientes meses y años.

Si algo se perdió este miércoles es la confianza entre los priístas y ahora son enemigos declarados.

La poca probabilidad de tener un candidato de unidad, en donde todos se unieran a ese personaje, ya es un sueño guajiro.

Mario Marín dibujó con palabras y frases a su candidato.

Le puso nombre y apellidos: Javier López Zavala.

Le puso contrincantes a modo para legitimar su elección candidato a gobernador: Blanca Alcalá, Jorge Estefán Chidiac y Alejandro Armenta Mier.

Le borró a los fantasmas que pudieran perturbar ese sueño: Enrique Doger, Jesús Morales Flores y Alberto Amador Leal.

Le quitó con desdén a su único rival visible panista: Rafael Moreno Valle Rosas.

Con palabras le limpio el camino que lleva a Casa Puebla.

Con sus propias frases construyó el tan anhelado proyecto transexenal.

Su plan parece perfecto, al menos en palabras.

Mario Marín escribió su propio guión de la película de la sucesión gubernamental de Puebla en el 2010.

Y contó el final feliz.

El que quiere: que Zavala sea gobernador.

Vaya, en palabras es el plan perfecto de un hábil operador político que ha ganado todas las batallas políticas en las que ha participado.

Es más, ganó la que parecía imposible a la periodista Lydia Cacho.

Dueño de esa seguridad que sólo dan los años, las victorias electorales contundentes, los triunfos políticos, las caídas temporales y el poder, Mario Marín escribió y difundió su guión.

Eso suena exageradamente arriesgado.

Sin embargo lo hizo y no dudo que haya sido premeditado.

Con todo y que haya provocado la reacción aguerrida del ex edil Enrique Doger.

La pelea por la candidatura apenas empezó.

Los puntapiés apenas iniciaron.

En resumen, el día después de las revelaciones del gobernador el PRI amaneció dividido, alborotado, con convulsiones internas, pero más vivo que nunca.

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Y al final de cuentas Patricia Bravo Durán fue reelecta como directora de la Facultad de Ciencias de Comunicación de la BUAP.

El llamado voto nulo surgió como un respetable ejercicio, pero que al igual que en las elecciones constitucionales no llevan a ninguna parte.

No dejan de ser una expresión.

Respetable, insisto, pero inútil en la práctica.

Los 104 votos anulados de los estudiantes fueron ampliamente superados por los casi 300 alumnos que dieron su confianza a Patricia Durán para seguir otros cuatro años al frente de la Facultad de Comunicación de la BUAP.

Aunque pocos lo crean, el proceso y la elección de este jueves en Comunicación de la BUAP fue seguido muy de cerca en la Rectoría, porque surgió este denominado voto nulo y querían medir el grado de aceptación entre maestros y alumnos.

Simplemente no tuvo la fuerza necesaria para preocupar a nadie.

El rector, Enrique Agüera Ibáñez, puede estar tranquilo para su proceso de reelección.

La estrategia del voto nulo no arrasó, ni puso en riesgo la legalidad y legitimidad de la reelección de Patricia Durán.

Como experimento fue bueno.

Pero no pasó de ahí.

En la BUAP las campañas y las elecciones se manejan de otra forma y están vacunados contra el voto nulo.

Enrique Agüera ya tiene su primer rival y no será uno de carne y hueso.

Su rival es ganarle y borrar el voto nulo de la BUAP.

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gomez_carlos@hotmail.com


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