La primera vez

“Vengo porque quiero saber si voy a pasar la vida enloqueciendo, intentando tener un hijo, o saber si de manera inconsciente estoy rechazando la posibilidad de ser madre”. Este fue el motivo con el que llegué a consulta con un psicoanalista.

Generalmente el llamado “motivo de consulta”, son las primeras palabras con las que uno se presenta cuando decide ir al especialista. Así como uno llega con el doctor y le soltamos un “llevo tres días con dolor de garganta” o “hace una semana que me duele la boca del estómago”.

Todos los pacientes quieren, queremos, respuestas. Y es que intentar soportar la incertidumbre es angustiante. Para Freud, la Angustia, tanto como fenómeno automático y como una señal de alarma, es producto del estado de desamparo psíquico que experimenta el lactante, es decir, más allá de las “razones traumáticas” por las que podríamos angustiarnos, el efecto en sí es el retorno a ese primer momento en el que se produjo una tensión libidinal acumulada y no descargada.

Entonces queremos tapar ese vacío de no saber qué pasará, de no tener todas las cartas del juego en nuestro poder, buscando en el “otro” la sabiduría, de alguna manera también queremos colgarle a alguien el milagrito. Es decir, darle la responsabilidad de nuestras próximas decisiones. Por eso es común escuchar a quienes asisten a algún tipo de terapia, decir: “Dice mi psicólogo que tengo que dejarte” o “Dice mi doctor que me estás causando una piedra en el hígado”.

En psicoanálisis, el método de trabajo es la asociación libre de ideas a través del acompañamiento. Más allá de decirle a un doliente qué es lo que “tendría que hacer”, escuchamos las palabras con las que elabora su propio relato, atendiendo a los significantes que insisten y que incluso pueden llegar a tener efectos en el cuerpo. Por ejemplo, hay quienes tosen cuando está por mencionar algún nombre o circunstancia, a otros podrá hacérseles un nudo en la garganta de tal manera que ni siquiera pueden pronunciarse al respecto.

Lo que el psicoanalista hace en el diván es callar. Es el paciente quien tiene la palabra. Le acompañamos para que se escuche y, si es su momento para comprender, escuche qué es lo que realmente está tratando de querer decir.

Haz click en la imagen

Posdata: “Hay quienes no pueden aflojar sus propias cadenas y sin embargo pueden liberar a sus amigos.  Debes estar preparado para arder en tu propio fuego. ¡cómo podrías renacer sin haberte convertido en cenizas?”. (Friedrich Nietzsche, “Así habló Zaratustra”)

Karina Cruz Ruiz

Psicoanalista

Twitter @karycruiz