LA GUERRA POR CASA PUEBLA: ELECCIÓN DE TERCIOS Y REFERÉNDUM MORENOVALLISTA

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Ya no hay dudas: Martha Erika Alonso, Luis Miguel Barbosa y Enrique Doger protagonizarán la más sangrienta lucha por el poder en el estado de Puebla, cada quien con sus fortalezas y debilidades.

Las cartas están echadas y se presagian fuertes tormentas, acompañadas de intensos vientos, de aquí al 1 de julio.

La ex secretaria general del PAN es puntera en las encuestas; o al menos en las más recientes y serias, como la que este lunes difundió El Sol de Puebla, en la cual la empresa Mendoza y Asociados le da 17 puntos de ventaja sobre Barbosa y 25 sobre Doger, votación estimada incluida.

Una amplia diferencia.

El equipo de la candidata debe recordar, sin embargo, que en 2010 el candidato del régimen, Javier López Zavala, arrancó con 20 puntos de ventaja, mismos 20 puntos que se diluyeron semana a semana, pese a que tenía todo -y todo es todo- para ganar.

Aquel año el candidato opositor logró concentrar y capitalizar el voto antisistema, “vender” correctamente la expectativa de un cambio y explotar los múltiples negativos de un gobernador como Mario Marín, marcado por la corrupción y el desprestigio político y personal.

Martha Erika tiene el carisma, la inteligencia, la estructura, el apoyo del gobierno, la coalición más sólida (PAN-PRD-MC-CPP-PSI), la experiencia de los procesos electorales de 2010, 2013 y 2016, y el dinero.

Uno de sus principales retos es sacudirse efectivamente la sombra de su esposo, Rafael Moreno Valle.

Como apuntábamos aquí el pasado miércoles, ya ha dado pasos importantes en ese sentido, tratando de marcar un nuevo estilo -más cercano a Tony Gali que a Moreno Valle- y de imponer una sana distancia respecto a su marido, pero es obvio que sus rivales la atacarán sistemáticamente con ese tema y buscarán arrinconarla con el argumento de que no es ella, sino él, quien realmente estará en la boleta.

Tanto Doger como Barbosa tratarán incluso de convertir la elección en una especie de referéndum del morenovallismo, argumentando que Alonso, en caso de ganar, representará en los hechos la continuidad del ex gobernador y su grupo en el poder, con todo lo malo, y todo lo bueno, que eso significa.

Enrique Doger llega a la candidatura tras dos intentos fallidos (en 2010 Mario Marín impuso a López Zavala; en 2016 Enrique Peña Nieto mandó a Blanca Alcalá al sacrificio) y con dos claras desventajas de inicio: la primera, los aliados nacionales del PRI no lo serán a nivel estatal, pues al parecer tanto el PVEM como el Partido Nueva Alianza irán con sus respectivos candidatos a la gubernatura, y la segunda, la debilidad estructural del candidato presidencial, José Antonio Meade, el cual puede ser el ancla que impida al ex delegado del IMSS ponerse en condiciones de competir realmente por Casa Puebla.

La encuesta de Buendía & Laredo que este lunes publicó EL UNIVERSAL confirma que el ex secretario de Hacienda será el principal lastre de Doger durante la campaña que se avecina, pues mientras el “ciudadano” Meade se hunde en un lejano tercer lugar con apenas el 16% de las preferencias de voto, Andrés Manuel López Obrador se consolida en el primer lugar con el 32% y Ricardo Anaya se coloca con el 26% como el único que podría hacerle sombra al tabasqueño.

Estará por verse, también, cuánto le suma Guillermo Deloya como candidato del PRI a la presidencia municipal de Puebla, punto toral pues, como se sabe, es muy difícil, si no imposible, ganar la gubernatura perdiendo la capital.

Si bien es el más mediático y experimentado de los candidatos en el servicio público -ha sido rector de la BUAP, alcalde de Puebla y diputado local y federal-, Doger carece de una estructura propia a nivel estatal, acumula negativos similares a otros priístas -como Blanca Alcalá, por ejemplo- y la desprestigiada marca PRI no le ayudará para atraer un voto distinto al voto duro priísta, que elección tras elección ha ido a la baja. Tendrá que luchar para evitar que su partido acabe como tercera fuerza política en el estado.

Doger es el candidato más fuerte que el tricolor pudo haber escogido, pero eso, paradójicamente, podría terminar beneficiando a Martha Erika Alonso, pues el hecho de que el PRI vaya con un candidato fuerte evitará que la elección se convierta en un tú a tú entre el PAN y MORENA, un modelo de elección en el que las distancias entre el puntero y su cercano perseguidor se acortan y cualquiera puede ganar en un final de fotografía.

Es decir, Doger garantiza que el PRI no se desplome, que los militantes reciban el mensaje de que Puebla no está negociado con el morenovallismo y recobren confianza; también, de paso, garantiza que sus militantes y seccionales salgan a votar por su partido y que por eso mismo no haya una fuga masiva de priístas a MORENA, lo que indudablemente favorecería a Luis Miguel Barbosa, cuya única oportunidad es que la “Ola AMLO” lo arrastre hasta Casa Puebla, pues es -y sigue siendo- un verdadero desconocido en el estado, entre otras cosas porque todo lo que ha tenido ha sido gracias a acuerdos cupulares y de grupo, incluso en el tiempo que fue aliado, y hasta cómplice en muchos sentidos, de Rafael Moreno Valle, a quien dio la espalda cuando así convino a sus intereses.

La elección, pues, será de tercios, lo cual perfila un escenario distinto al previsto si el candidato del tricolor hubiese sido Jorge Estefan o Juan Carlos Lastiri.

Un escenario en el que no sólo el voto antisistema se dividirá en dos, sino en el que Martha Erika Alonso podría triunfar con un PRI -un candidato del PRI- fuerte pero no tanto como la coalición PAN-PRD-MC-CPP-PSI que la arropa y un candidato como Barbosa sin estructura, sin dinero -o sin el dinero suficiente- y sin arraigo, totalmente aferrado al milagro que San Andrés Manuel pueda obsequiarle.

La guerra por Casa Puebla no será un día de campo, para nadie.

Será sangrienta, sin concesiones y marcada más por los ataques que por las propuestas de los candidatos.

Quien crea, o piense, lo contrario, podría cometer un gravísimo error.

gar_pro@hotmail.com

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