VOTO CRUZADO O EL RIESGO DE ELEGIR A UN DICTADOR EN LUGAR DE UN PRESIDENTE

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Desde la segunda mitad del sexenio del priísta Ernesto Zedillo Ponce de León no se ha dado en México el caso de que un mismo partido controle a la vez el Congreso de la Unión y el Poder Ejecutivo.

Antes, en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) el poder presidencial acompañado por sus mayorías parlamentarias fue incluso tal, que se vivió una época que la izquierda tildó y considera autoritaria, y en la que se realizaron las privatizaciones que más “daño” hicieron al país.

Paradójicamente, si la mayoría de la gente vota este 1 de julio todo MORENA -como pide Andrés Manuel López Obrador-, habrá muchas analogías con el salinato.

Es más, no se estaría eligiendo a un Presidente, sino a un cuasi emperador, con todo el poder en sus manos, sin contrapesos.

En la hipótesis que ya perfilan algunos análisis, como los de Consulta Mitofsky, que prevé una mayoría del Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) y sus aliados tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados, habría que dar por sepultados los equilibrios.

Aun con una mayoría simple en las dos cámaras del Congreso de la Unión, la mitad más uno de los 128 senadores y los 500 diputados federales, como podría ocurrir, las atribuciones constitucionales, más las informales, concentradas en el Presidente serían descomunales y caldo de cultivo para el absolutismo, un poder sin limitaciones.

Y ya se sabe que el poder absoluto corrompe absolutamente, y llena de soberbia a quienes encarnan este modelo de Presidencia Imperial.

El llamado de los líderes de MORENA a votar todo a favor del lopezobradorismo, que resulta obvio al calor de las campañas, tiene muchas aristas.

Un gobernador afín al Presidente, con un Congreso local igual y los dos órganos del Poder Legislativo Federal obedientes y sometidos al titular del Ejecutivo nos pondría en una dictadura de facto, y eso es un peligro terrible para nuestra nación.

Un Primer Mandatario así podrá aplastar a sus opositores, no dialogar con ellos.

Podría imponer su voluntad, no negociar y cabildear, como se hace en las democracias modernas.

En la concepción misma de la República la división de poderes y los equilibrios son la garantía de democracia.

De ahí lo importante de la reflexión del voto este 1 de julio.

De ahí lo estratégico que, al final de cuentas, debe ser la decisión de los ciudadanos en cada una de las seis boletas que tendremos enfrente en Puebla.

Por ello, la conveniencia de que haya un voto diferenciado que genere equilibrios, para que no se le entregue todo el poder a una sola persona.

Resulta en este contexto y en esta libertad que los ciudadanos deben tener sobre sus sufragios, agresivo, chantajista y radical, el llamado que hizo en Puebla el pasado 16 de junio, la presidenta de MORENA, Yeidckol Polevnsky Gurwitz, quien nació con el nombre de Citlali Ibáñez Camacho.

Según ella, el voto diferenciado o “cruzado en esta elección es traición a la patria”.

Si de ese tamaño son las sentencias de los líderes morenistas en campaña, ¿cómo se comportarán en el gobierno federal?

Para los poblanos, en la primera elección concurrente con una federal de nuestra historia, es este también un reto de altísima responsabilidad.

En las tres boletas del proceso federal, para Presidente, senadores y diputados, y las tres del local, gobernador o gobernadora, alcaldes y diputados, está mucho en juego.

Una visión republicana o una monárquica, son la disyuntiva.

Así de fácil, así de difícil.

gar_pro@hotmail.com

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