La venganza de Paredes

Arturo Luna Silva

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Llegó por fin a Puebla uno de los libros más esperados, sin exagerar, de los últimos tiempos: “Los secretos del Yunque. Historia de una conspiración contra el Estado mexicano”, de Luis Paredes (y “Enrique Cid”, su seudónimo dentro de la organización de ultraderecha en la que militó desde 1968).

Fueron sólo 20 los ejemplares que la sucursal de Gandhi de La Isla de Angelópolis recibió desde el pasado miércoles, a un precio de 249 pesos cada uno.

A vuelo de pájaro, la obra resulta sumamente interesante, entre otras cosas porque el ex presidente municipal de Puebla se va de la boca (o de la pluma), cuenta no pocos secretos del Yunque, pone a varios de sus “soldados” en su verdadera dimensión y desnuda a una organización que de clandestina, a estas alturas, ya no tiene nada.

Aunque se le perdona por la enorme aportación que hace incluso desde el punto de vista histórico y periodístico, quizá el único defecto del libro editado por Grijalbo sea la ausencia de autocrítica, sobre todo dentro del gran espacio que Paredes –un genio incomprendido- ocupa para explicar y defender su polémico paso por la alcaldía angelopolitana.

De los nueve que conforman la obra, dos de los capítulos más sabrosos son sin duda el cuarto y quinto: “Los proxenetas del Yunque” y “Así mutó El Yunque”, que sirven al autor para hacer un nada sutil ajuste de cuentas (vamos: pura venganza, ese delicioso plato que se come frío) con aquellos que afectaron o bloquearon su camino a Casa Puebla, aspiración, como se sabe, frustrada pero en la que Luis puso todo su empeño (o en sus propias palabras: todas sus neuronas y testosteronas; coco y huevos, pues).

En su relato pasean lo mismo Melquiades Morales, Mario Marín, Enrique Doger, Ana Teresa Aranda, Francisco Fraile, Ángel Alonso Díaz Caneja y Eduardo Rivera Pérez que Pablo Rodríguez Regordosa, Jorge Espina Reyes, Juan Carlos Espina, José Antonio Quintana, Javier del Castillo y Antonio Ramírez Castellanos, entre otros.

A todos ellos, siguiendo los usos y costumbres de la organización, Paredes les asigna un seudónimo, muy pero muy afortunado en varios casos.

Hete aquí algunos ejemplos, que el propio Luis explica así al final del libro:

Ché: Pablo Rodríguez Regordosa, presidente del CDM en Puebla (del PAN); actualmente es jefe de la organización en esta ciudad (Puebla) y diputado federal plurinominal. Lleva un pequeño argentino dentro.

Dex: así le llamo a Enrique Doger Guerrero, por su parecido con Dexter, el protagonista de la serie homónima de televisión.

Dona: Ana Teresa Aranda fue presidenta de Ancifem, diputada federal, presidenta del CDE (del PAN), directora del DIF nacional (…) Muchos periodistas en Puebla le dicen m>La Doña. Lo dejamos en Dona.

Maf: Angélica Ramírez Luna, hija del Caimán: Mafafa.

Prex: Mario Marín Torres, mi predecesor en la alcaldía de Puebla, operador del bajo mundo para Mariano Piña Olaya y Manuel Bartlett. Es el actual gobernador del estado. Conocido internacionalmente como el “góber precioso”.

Roto: Jesús Encinas Meneses, a quien también le dicen la “amenaza elegante”.

Tepo: Ángel Alonso Díaz Caneja fue presidente del CDE (del PAN) antes que JC. Ha sido diputado plurinominal local y federal, así como senador de la República. Así le llamo por aquello de las tepocatas.

Yac: Antonio Ramírez Castellanos, conocido como el Caimán del Amazonas, el Yacaré. Fue jefe de los yunquistas asignados al PAN de Puebla. Sus abusos y nepotismo le valieron la destitución.

Y así por el estilo…

El inigualable estilo (cargado de ironía y sin duda inteligencia) del ex alcalde.

Por lo que cuenta y también por lo que no, “Los secretos del Yunque” es una obra tan explosiva como recomendable.

Lectura obligada, además, para el “círculo rojo” poblano.

Son 346 páginas.

Deliciosas 346 páginas.

Es Paredes.

Siempre, siempre Luis Paredes.

gar_pro@hotmail.com

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