La Legislatura del Millón

Debo contar que fue casi al inicio de las actividades de la actual Legislatura que el profesor y diputado de Nueva Alianza Guillermo Aréchiga Santamaría alcanzó lo que, siendo un gran mérito de su rol como presidente de la Gran Comisión, terminó convirtiéndose en una gran vergüenza: la distribución totalmente discrecional de 1 millón de pesos para cada uno de los 41 diputados del Congreso de Puebla, incluyéndolo a él, por supuesto (a la fecha se han entregado entre 300 y 400 mil pesos de ese millón a cada diputado a través de cheques respectivamente foliados).
No fue tan difícil convencer a quien se tuvo que convencer para autorizar la partida extraordinaria.

De hecho, sólo dos argumentos fueron suficientes para ello: el primero, que el Legislativo poblano ocupa ciertamente el tercer lugar entre todos los Congresos estatales del país en cuanto a rezago presupuestal, y el segundo, que tanto diputados federales como senadores reciben habitualmente y sin ningún problema recursos de manera discrecional, adicionales a sus dietas o salarios, que justifican –o al menos intentan justificar- mediante conceptos como: “gastos de gestión”, “asistencia legislativa”, “atención ciudadana” o “apoyo para actividades inherentes al cargo” (en el caso de los senadores, se sabe que la bolsa o el cochinito fantasma que se reparten de forma discrecional asciende a 646 millones de pesos al año).

Obviamente, ninguno de los actuales diputados de Puebla chistó o puso un pero cuando su respectivo coordinador parlamentario, debidamente enterados, les informó sin entrar en mayores detalles de la gran habilidad mostrada por Aréchiga para conseguir tantos y tan frescos recursos -¿quién le hace feo a un milloncito?- para sus compañeros (inteligentemente, Aréchiga mató varios pájaros de un tiro: a cambio de sus cheques extras que en los hechos podrían usar o no “para gestión”, nadie se acordó más de preguntar y revisar qué uso da el líder de la Cámara a los 130 millones de pesos del presupuesto aprobado para el Legislativo para este 2011. Un estupendo arreglo para el profesor, que maiceado terminó maiceando a sus colegas como método de control político).

Los problemas empezaron pronto y debido a que Aréchiga olvidó un pequeño detalle de la fructífera negociación con sus prominentes interlocutores gubernamentales: cumplir con el compromiso acordado con ellos de hacer público el hecho de que el Congreso iba a recibir una ampliación presupuestal de 41 millones de pesos, lo que implicaría –como ahora ya todo Puebla sabe- que cada legislador recibiría mes con mes miles de pesos extras hasta sumar 1 millón para “gastos de gestión” (como me dice un alto funcionario del gobierno del estado lo suficientemente empapado del asunto: “Hace tiempo quedamos que lo iban a comunicar (a los medios, a la sociedad). No lo hicieron y ahora en lugar de informar lo van a tener que explicar”).

Y precisamente eso, la explicación, es lo que sigue sin llegar, o al menos plenamente, pues todos los involucrados (los grandes, los medianos y los chiquitos) no dejan de darle vueltas a un tema respecto al cual sigue habiendo muchas dudas y que por eso mismo urge transparentar. Ayer leía con sumo interés la entrevista que el propio Aréchiga le dio al reportero Fernando Pérez Corona, de E-Consulta, a quien le dijo que la reforma a la Ley Orgánica del Congreso local prevé un aumento de 400 mil a un millón de pesos en el presupuesto de gestión social para cada diputado y le juró y perjuró que “no se trata de dar recursos en forma discrecional, no se trata de que cada uno (de los legisladores) los gaste para beneficio personal” (No le dijo, claro, que esos recursos adicionales ya se empezaron a entregar de poco en poco).

La verdad es que nadie con dos dedos de frente cree que la bolsa de recursos extraordinaria vaya a ser usada por los diputados poblanos para, como dicen, “gastos de gestión” (¿esto incluye repartir balones, trofeos, electrodomésticos y juguetes?).

Algo verdaderamente trascendente van a tener que hacer Aréchiga y sus 40 compañeros para evitar que pasen a la historia sólo y únicamente como los distinguidos integrantes de La Legislatura del Millón, la LVIII, la que quiso ocultar lo inocultable y, sobre todo, justificar lo injustificable.

gar_pro@hotmail.com

Leave a Reply