Lydia Cacho: as (bajo la manga) de Lucero Saldaña

Que nadie se sorprenda si el nombre –y la enorme influencia- de Lydia Cacho pronto se empiezan a hacer presentes en Puebla y concretamente en el marco del proceso electoral en curso, con todo lo que ello implicará.

Actualmente en Haití, donde participa en labores sociales y humanitarias, es altamente probable que la periodista aporte su granito de arena a favor de la causa de una amiga suya muy querida: Lucero Saldaña, candidata del PRI al Senado de la República.

La autora de “Los demonios del Edén” estaría apareciendo, más temprano que tarde, públicamente al lado de la aspirante priísta.

¿El fin?

Uno, y muy concreto: avalar ante los poblanos su trayectoria (ha sido diputada local, diputada federal dos veces y senadora), pero sobre todo para hablar de su importante contribución legislativa en asuntos sensibles como la equidad de género, los derechos de los niños y la protección de mujeres, indígenas y migrantes.

No será casual: Lydia Cacho vive profundamente agradecida con Lucero Saldaña por la participación que ésta tuvo para evitar ser golpeada o violada en el Cereso de Puebla, tras ser aprehendida en diciembre de 2005 por el gobierno de Mario Marín, el escándalo de talla nacional -e internacional- que enlodó al estado y que a punto estuvo de costarle el poder al desde entonces célebre góber precioso.

“Ella me salvó”, le confesó después de ser liberada, tras casi 30 horas de arresto y el pago de una fianza de 70 mil pesos, la propia escritora a Carlos Loret durante una entrevista.

Saldaña y Lydia Cacho se conocieron cuando la primera era la presidenta de la Comisión de Equidad y Género del Senado; la conspiración sufrida en Puebla por la segunda las unió, y desde entonces no han perdido comunicación.

Hoy que Lucero busca regresar a la Cámara Alta, la amistad, y solo la amistad, hará que la periodista apoye a la candidata, fundadora del Instituto Poblano de la Mujer y autora de la Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres.

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Por si hubiera alguna duda del agradecimiento enorme que le tiene la Cacho a Saldaña, baste ver uno de los fragmentos de “Memorias de una infamia”.

Se trata del libro de la propia Lydia donde cuenta, con lujo de detalles, las amenazas y los abusos policiales sufridos por Marín y sus esbirros, a petición del empresario Kamel Nacif, así como la participación de Lucero para apresurar su liberación del penal de San Miguel e impedir así que fuese violada, golpeada o ambas cosas, como era la orden del poder local.

Narra en la página 120:

“Unos segundos más tarde, el director de la Policía Judicial, Adolfo Karam, ordena que me suban a sus oficinas. No puedo dejar de pensar quién será el jefe en cuyas manos estaré. Aquél del que (el comandante) Montaño habló en el auto. Al entrar me encuentro de frente con la delgada figura de la senadora Lucero Saldaña. Al verme, instintivamente extiende sus brazos y yo, como niña, me arrojo a ellos; nos abrazamos y por primera vez en 24 horas lloro: no es un llanto suave, sino un sollozo incontenible, mi cuerpo todo llora de angustia. Lucero me aprieta como lo hace una madre cuando quiere que su niña sepa que puede asirse de esos brazos fuertes, y me dice al oído que Dios me puso en estas circunstancias y él me protegió para llegar viva. “No te quiebres, no ahora –dice dulcemente-; estás aquí y estás viva, no dejaremos que hagan nada más fuera de la ley. Te vamos a sacar, es un delito que no amerita cárcel”. Rápidamente invoca a mi oído una frases de una oración y me suelta. Nuestras miradas se cruzan y, a pesar de tener el rostro desencajado, sus ojos me miran para arrebatarme un compromiso de fortaleza. Me da un pañuelo para que me limpie las lágrimas”.

Según Lydia Cacho, Lucero Saldaña pagó una fuerte factura por su intervención a su favor y por su congruencia, pues Mario Marín la mandó, en castigo, al ostracismo político.

“Es una mujer inteligente, con credibilidad y ética política; sin embargo, luego de que su presencia en mi detención evitara la golpiza planeada para mí, su vida cambió”, agrega en (página 144) de “Memorias de una infamia”.

Y hoy, que la vida ha dado un nuevo giro, y que Lucero necesita de la Cacho, ésta no dudará en hacer lo que tiene que hacer para ayudarla.

Y sin importar que aquella pertenezca al mismo partido del ex gobernador que la encarceló por atreverse a denunciar la pederastia, la corrupción moral y las complicidades entre el poder político y el poder económico.

Es un asunto personal, ajeno a ideologías o fobias.

De hecho, el tema está avanzado y no deberá ser ninguna sorpresa.

Al tiempo.

gar_pro@hotmail.com

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