10 factores que presagian… ¿el regreso del PRI?


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1. A diferencia de 2006, cuando las traiciones fueron la constante –y si no que lo cuente Roberto Madrazo-, el PRI parece estar unido en torno a EPN.

Entre los priístas hay un convencimiento generalizado de que si esta vez no se da el regreso a Los Pinos, tras casi 12 años de travesía en el desierto, no se dará nunca más. Nunca.

2. Aunque PAN y PRD han mejorado en los últimos años en la construcción de estructuras electorales, aún es insuficiente.

Con todos sus defectos y vicios del pasado, el PRI es el único partido con cobertura total y el mejor organizado.

Tiene 20 gobernadores que el 1 de julio, le guste o no a AMLO, movilizarán a sus electores.

Debidamente aceitada, la maquinaria del PRI –a la que hay que sumar al SNTE de Elba Esther Gordillo- funcionará sin descanso.

Y lo propio, claro, harán los gobernadores del PAN y PRD, especialmente Marcelo Ebrard en el DF.

Si esto es una guerra, no el concurso para elegir a la flor más bella el ejido.

3. Siendo un gran “producto”, sobre todo por su condición de mujer –ya una ventaja de inicio-, Josefina Vázquez Mota nunca logró venderse ante el mercado electoral como alguien realmente “diferente” a EPN, AMLO e incluso Felipe Calderón.

Su campaña estuvo llena de errores y desorganizada, a grado tal que aún hoy se piensa que no la manejaron profesionales. Eso la marginó de la competencia desde muy temprano y fue mandada al tercer lugar.

Lo peor vino cuando las profundas divisiones en su partido, y la falta de apoyo de algunos gobernadores y de algunos referentes panistas, como Fox, fueron evidentes.

4. Aunque el movimiento #YoSoy132 movió conciencias y cambió en más de un sentido el rumbo de las campañas, su falta de estrategia global impidió que terminara pesando lo suficiente.

Se convirtió en un botín de políticos con claros intereses y se perdió el objetivo primordial debido al protagonismo de algunos de sus líderes.

Su momento de quiebre fue cuando convirtieron al movimiento en un movimiento anti EPN, lo que les quitó pluralidad y credibilidad. Desnaturalizaron su origen y destino.

Como si EPN no fuera igual que AMLO, JVM, Quadri o cualquier político tradicional, todos parte de un sistema que es fiel reflejo de nuestra corrupta y debilitada “democracia”.

5. EPN ha hecho un despliegue publicitario y propagandístico que ningún otro candidato del PRI a la Presidencia de la República.

Ha gastado cientos de millones de pesos en construir y proyectar una imagen positiva.

La inversión incluyó un muy eficiente mecanismo de blindaje mediático, especialmente en la TV.

En términos prácticos, ningún escándalo de cuidado dinamitó al priísta.

Todas las bombas, que las hubo, fueron desactivadas por un manejo eficiente y práctico de los medios masivos de comunicación, que desde el principio, como sucede en cualquier parte del mundo, tuvieron candidato.

6. Los mexicanos parecen estar listos para un cambio. Y EPN, que lo abanderó, nunca arriesgó, sólo se concentró en ofrecer lo que sí va a poder cumplir: un gobierno eficaz con rumbo “seguro” –cualquier cosa que eso signifique-, y parece que le funcionó.

El desgaste del paso por el poder le ha pasado factura al PAN, que deja un saldo gris:

Tibio crecimiento económico.

Graves índices de desempleo.

Inequitativa distribución de ingresos.

Conducción política errónea.

Y alza en la violencia, con 55 mil muertos producto de una estrategia equivocada para una causa justa: el combate al crimen organizado.

7. AMLO nunca logró despojarse de su orientación mesiánica y eso alejó a un buen número de electores.

Como en 2006, insistió en que lo suyo es un “apostolado” y sus excentricidades, sobre todo en materia económica, asustaron a clases medias y ni se diga a las adineradas.

Pareciera que más por la Presidencia, la verdadera pelea del perredista es por demostrar que es dueño de la verdad, y de la verdad absoluta.

Más allá del discurso facilón y ridículo de que AMLO representa “un peligro para México”, lo cierto es que un gobierno encabezado por él sigue siendo un enigma, pues no ha ofrecido certidumbre, la prima hermana de la confianza.

¿Quiere gobernar y ejercer el poder, con todo lo que ello implica, o someter siempre a consulta los grandes temas nacionales para instaurar una suerte de mal entendido asambleísmo como modelo de Estado?

Su falta de definición y claridad en temas torales resultó dramática.

Es la fecha que no se sabe con precisión qué hará frente al desafío del narcotráfico.

Y es que la retórica marcó su derrotero.

¿Está a favor del aborto? ¿De los matrimonios gay? ¿Modernizará Pemex? ¿Revivirá al SME? ¿Regresará al Ejército a los cuarteles? ¿Subirá el IVA? ¿Qué reforma fiscal propone? ¿De verdad meterá a la cárcel a los corruptos? ¿Y eso incluye a los de su entorno? Cómo lidiará con Elba Esther? Y ante EU, ¿qué? ¿Reforma migratoria? ¿Total o parcial?…

Hoy mismo es difícil recordar una propuesta firme, concreta, de su campaña.

Pero hablar de un fraude anticipado fue tal vez uno de sus más graves errores. Dio señales de debilidad cuando se le percibía más fuerte.

Hasta aliados suyos como Manuel Camacho Solís aseguran que no ven posibilidad de fraude. Otros, como Federico Arreola, señalan que aunque les duela, AMLO va abajo por 10 puntos de EPN.

Peor: esa película ya la vimos en 2006.

A la fecha no hay una sola prueba de que le hayan robado la elección y los mexicanos estamos hartos del conflicto: queremos solución a los problemas del país, un líder que dé respuestas, no sólo bonitos e incendiarios discursos ni nuevos capítulos de la larga, y patética, comedia por el poder.

8. Un factor que va ligado al anterior: en México, la izquierda sigue siendo una aspiración.

O algo peor que eso: una conjunción, bastante quijotesca, de tribus sin fuerza política coherente ni dinámica electoral de verdadera trascendencia.

La búsqueda desenfrenada de recursos materiales y de estatus constituye el rasgo más notorio de la nomenclatura de izquierda.

Una izquierda de ficción que lamentablemente no estuvo nunca a la altura del esfuerzo ni del propósito de AMLO, y que más que una ayuda, resultó un estorbo para el caudillo.

Si gana, ganará a pesar de las fuerzas que arroparon su candidatura. Si gobierna, deberá hacerlo sin estas élites, una verdadera oligarquía monopólica que, al igual que el PAN o el PRI, impide al país crecer y desarrollarse.

9. ¿El país resistirá el regreso del PRI?

Sí.

Porque la anunciada, y muy temida, restauración corrupta y autoritaria no sólo no será posible en un México completamente diferente al de hace una, dos décadas, y con más y mejores mecanismos e instrumentos de control y contrapesos del poder.

Si gana EPN, ¿qué PRI regresará?

¿El PRI de la Presidencia Imperial, el de la dictadura perfecta o el de la violencia o represión autoritaria de los años 50 y 60?

Ninguno.

Si gana, EPN no tendrá otro remedio que construir una mayoría suficiente y crear un gobierno de coalición, incluso teniendo mayoría en el Congreso –escenario francamente muy difícil-.

EPN es un pragmático y seguramente más limitado de lo que nos imaginamos, pero tiene la gran virtud de rodearse de gente capaz y a la que le gustan los resultados. Eso puede hacer la diferencia.

El mejor ejemplo de ello es su propia campaña presidencial: una perfecta combinación de practicidad y eficacia.

10. Aunque sin duda perdió apoyos en la recta final de las campañas, como era más que previsible, al cierre de éstas, EPN sigue con ventaja de al menos 10 puntos en todas las encuestas.

Una diferencia que, de confirmarse el 1 de julio, representará un triunfo contundente, quién sabe si inobjetable.

En los últimos tiempos, la encuesta ha sido utilizada más como instrumento de propaganda y sus fracasos han sido sonados.

El caso Puebla-2010 es paradigmático en ese sentido.

Por eso, este 1 de julio las encuestadoras, como el PRI, se juegan todo, y todo es todo: si aciertan o al menos se aproximan al resultado final, se reivindicarán. Si fallan, morirán.

¿Hubo un “complot” de empresas para manipular al electorado y legitimar el triunfo del tricolor? ¿Es posible que tantos expertos en demoscopia se equivoquen tanto al mismo tiempo y todos decidan darse un tiro en el pie?

Ya falta poco para saberlo.

Mientras tanto, EPN juega con la percepción de que todavía tiene un buen margen de ventaja y de que eso, eso será suficiente para ganar la elección.

Lo cual en términos de propaganda suele ser muy eficaz.

Y si no que le pregunten a Goebbels.

gar_pro@hotmail.com

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