Moreno Valle, el PAN y su Luna de Miel

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Bajo control el Instituto y el Tribunal Electoral del Estado, las comisiones de Derechos Humanos y de Acceso a la Información Pública, los poderes Legislativo y Judicial, y sin contrapesos efectivos, al gobernador Rafael Moreno Valle sólo le faltaba someter al único partido que venía fungiendo, en los hechos, como su oposición: paradójicamente, su propio partido, el Partido Acción Nacional.

A inicios de septiembre, el PAN poblano sufrió una de las acometidas más fuertes que se recuerden por parte de un gobernador en funciones.

De hecho, ni siquiera los priístas en el poder arremetieron contra el blanquiazul con tal ánimo exterminador.

Ante Moreno Valle, los Piña Olaya, los Bartlett, los Melquiades y los Marín se quedaron en preescolar.

La escalada contra Acción Nacional y el grupo que lo maneja, El Yunque, nunca fue tan frontal ni tan severa; menos tan real.

Un inédito desplegado publicado a plana entera en periódicos editados en el DF, firmado por los morenovallistas puros y de ocasión, exigía la renuncia inmediata de Juan Carlos Mondragón a la dirigencia estatal del PAN.

Confabulados, se pronunciaban contra su reelección y demandaban un dirigente “que refleje fortaleza, liderazgo y visión para conjuntar de manera efectiva a los liderazgos internos y sociales” (sic).

De distintas formas, los panistas fueron humillados y atacados por un poder sin frenos, acostumbrado a imponer sus caprichos.

Incluso, se usó al Congreso para torcer las leyes y bloquear la continuidad de quien venía poniendo –aunque con más hígado que talento- resistencia al jefe del Ejecutivo.

El tema generó un cisma interno y cada bando ubicó que la guerra era el único camino posible.

Pero poco duró el choque de trenes, el Apocalipsis. Y es que el pragmatismo típico de la ultraderecha pronto causó un viraje.

Entendieron que no sólo no lograrían derrotar al gobernador, sino que ganaban más formándose a su lado y olvidando los agravios. Como mercenarios, se pusieron precio y les llegaron.

Indigno, Mondragón, por ejemplo, cederá la dirigencia a la que tanto se aferró a cambio de una diputación local plurinominal.

Otros monaguillos del Yunque serán candidatos a ediles o regidores, y algunos más hallarán trabajo en el gobierno estatal.

A cambio de un plato de lentejas, el resto aprobó que Moreno Valle termine por controlar el partido que juraron defender sin importar las consecuencias.

Ahora hasta presumen que ya no hay cicatrices y que están felices como hermanos.

De hecho, el PAN ya no impugnará ante el TEPJF el registro del partido del gobernador (Compromiso por Puebla), ese que tanto denostó.

De la misma forma, se hará de la vista gorda ante las anomalías detectadas en la afiliación masiva de militantes y aceptará sin chistar la alianza con el PRD para 2013.

Cayó el último fuerte que resistía el asedio. Y ahora ya no hay ni habrá quien disienta ni quien hable de abusos y excesos, al menos desde el PAN.

Moreno Valle logró lo que parecía imposible: disciplinarlos y aplacarlos; en los hechos, controlarlos.

¿Cuánto durará esta luna de miel? Lo que dure El Yunque en subir su precio para seguir beneficiándose mediante el chantaje, la vieja argucia, la que le ha funcionado.

Porque eso sí: los soldados de Dios hasta perdiendo ganan. Siempre.

gar_pro@hotmail.com

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