Reventar y anular la elección, el objetivo priísta

foto-pri

Por supuesto que al PRI de César Camacho e Ivonne Ortega le interesa llevarse el mayor número de triunfos electorales que se disputarán en los 14 estados del país el próximo 7 de julio.

Arrebatarle al PAN el gobierno de Baja California y de paso llevarse algunas de las principales ciudades, como Puebla, es su principal objetivo, salvo una decisión de muy arriba que les arruinaría sus planes.

Ambos dirigentes quieren entregar buenas cuentas sobre sus primeros comicios locales y no sólo eso: quieren demostrar a Enrique Peña Nieto que son los “grandes líderes”, que saben ganar elecciones y que son los “reformadores del priísmo nacional”; sin embargo, como han vuelto a ser el mismo partido de Estado de siempre, donde sólo manda uno y todos los demás obedecen, todo, todo puede suceder.

Quien piense que el gobierno de Enrique Peña Nieto está ausente, que no mete las manos y que desconoce el desarrollo de los diferentes procesos electorales, peca de ingenuidad política.

A él le resultaría más que bueno que su partido ganara un buen número de plazas en disputa, sobre todo para legitimarse aún más.

Pero cabe decir aquí que, como hombre de poder, el presidente tiene sus propósitos de corto, mediano y largo plazo y uno de ellos son sus reformas estructurales, mismas que deberá consensar con el PAN y PRD en el llamado “Pacto por México”, y estas le son más relevantes y urgentes que cualquier elección local por muy elección que sea.

Sin embargo, los grupos de poder al interior del propio priísmo nacional tampoco estarán tan dispuestos a perder sus espacios políticos, mucho menos querrán esperar hasta el 2015: es la naturaleza del propio PRI, que los traiciona siempre.

Por eso, en Baja California quieren todo, lo mismo que en Quintana Roo, al igual que en Veracruz y en Puebla, donde ya hay suficientes evidencias de que ante la escasa posibilidad de triunfo, lo que buscarán más bien es tratar de reventar la elección para, a continuación, lograr su anulación.

La llegada de mapaches de Colima, Yucatán, México y otros estados es sólo el preludio de la “genial” estrategia del delegado del CEN del PRI, Fernando Moreno Peña, un experto, como se sabe, en eso de boicotear e incendiar procesos electorales.

Y es que, en el fondo, a los grupos duros del tricolor no les importa que Gustavo Madero o Jesús Zambrano se debiliten al interior de sus propios partidos y que el Pacto entre en crisis arrastrando a las reformas que le urgen a Peña Nieto para impedir que su sexenio sea un sexenio perdido, como lo fueron los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón.

Los halcones del PRI como Moreno Peña no tienen escrúpulo alguno en poner piedras en el camino del presidente con tal de cumplir sus fines y ambiciones personales y colgarse medallas que luego les garanticen ascensos en la escalera del poder federal. Suena paradójico pero así es.

De ahí que ante el escenario electoral poblano, tanto Moreno Peña como Fernández del Campo –este un dirigente sin palabra y por tanto sin respeto de nadie- tengan ya como último recurso el de inducir, cooptar y comprar votos para ganar, y si esto falla por alguna razón, entonces provocar, dinamitar y finalmente reventar los comicios para luego buscar que el TEPJF las invalide.

Dentro de la imaginación de Moreno Peña, está el anhelo –casi obsesivo y por tanto enfermizo- de propinar una derrota política pero sobre todo “moral” al morenovallismo, para buscar que se repitan los comicios en la capital poblana.

Vándalos y grupos de choque siguen llegando a Puebla y siguen siendo reclutados “para lo que se ofrezca”, lo mismo que supuestos operadores electorales que el domingo 7 de julio montarán bonitas escenificaciones que van desde robo de urnas hasta riñas que puntualmente saldrán ante los medios a adjudicar a actores, operadores y dirigentes de la coalición Puebla Unida.

Sembrarán el pánico y el miedo y pondrán a circular fotografías y videos –viles montajes- que buscarán escandalizar y sembrar en la sociedad la idea de que la jornada estuvo marcada por la ilegalidad y el abuso del grupo político encabezado por el gobernador Rafael Moreno Valle.

¿Funcionará la estrategia de Moreno Peña y sus mapaches? ¿Le saldrán las cosas a Ivonne Ortega y su Grupo Yucatán, uno de los más violentos al interior del PRI? ¿Qué será de Fernández del Campo más allá del fuero legislativo que ya tiene garantizado, si a su “brillante” carrera política se le suman algunos heridos o tal vez, con un poco de “suerte”, un muerto “útil” que ayude a reventar los comicios locales de este 2013?

En el PRI están jugando con fuego. Y en su desesperación ante los números que les ofrecen las últimas encuestas, lucen dispuestos a todo, y todo es todo, con tal de reventar la elección del 7 de julio.

Y es que ya no quieren ganar en las urnas, sino en una mesa a la que ellos mismos buscan colocarle cargas de dinamita. Porque actúan como los kamikazes: si no gana Agüera entonces que no gane nadie.

¡Qué peligroso!

gar_pro@hotmail.com

Leave a Reply