El día que Édgar Salomón le pidió perdón a @RafaGobernador

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Ave de paso, que no será recordado en la política poblana más que por el servilismo y la abyección que mostró hacia el gobernador como efímero presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso local, Édgar Salomón Escorza buscó –y consiguió- hace unos días el perdón de Rafael Moreno Valle.

Con la cola –y el fracaso- entre las patas, tras perder la elección para alcalde de San Martín Texmelucan, debido entre otras cosas a una reforma que él mismo avaló y que permitió las candidaturas comunes, el priísta fue a postrarse a los pies del titular del Ejecutivo suplicándole clemencia.

Soberbio, inmaduro, ambicioso, hace unos meses pidió licencia como legislador y se postuló como candidato del PRI-PVEM; con ello, puso fin, temporalmente, a su conocida adicción al morenovallismo, al que en un arranque de valor le dio la espalda creyendo tener todos los hilos del poder en Texmelucan y confiando en un triunfo seguro.

“Conozco mejor el territorio que Moreno Valle, en mi tierra no me gana”, se ufanaba Édgar Salomón en campaña.

Y agregaba: “Aunque sí me preocupa algo: que como voy a ganar el municipio, le voy a hacer perder la diputación” (sic).

Y el tiempo, y el propio gobernador, mediante la coalición Puebla Unida, lo puso en su lugar: no sólo perdió patética y ridículamente, sino que tras la contundente derrota, no tuvo otra que regresar al Congreso.

Y no lo hizo como el diputado “de segunda” que juró que nunca sería, sino como diputado “de quinta”, para asegurar, por lo menos, la jugosa dieta mensual y un poco de fuero, por si las dudas –hay un nutrido expediente con todas las irregularidades administrativas que cometió cuando presidió la Junta de Gobierno y Coordinación Política-.

Pero eso sí: antes, Édgar Salomón se aseguró de alcanzar el perdón de @RafaGobernador.

Cuando tuvo la certeza de que no sería edil de Texmelucan, y de que ni un rasguño electoral le había hecho, lo buscó y ya frente a él, prometió –hasta por la virgencita de Guadalupe- nunca más volver a darle la espalda.

Cuentan que la escena fue de pena ajena. Una mezcla de compasión y vergüenza, que sin duda funcionó, pues la benevolencia de Moreno Valle se hizo explícita un poco tiempo después, con la aprobación –sin tacha- de la cuenta pública pendiente del susodicho, con todo y el desfalco en que incurrió, por ejemplo, con la rehabilitación del Mesón del Cristo, la nueva sede alterna del Congreso poblano.

Así, por tal vía, el gobernador recuperó a uno de sus soldados, el mismo que ahora camina más derecho que nunca: obsequioso y atento a cumplir cualquier orden. La que sea a la hora que sea. Como cuando convirtió al Legislativo en un prostíbulo, ¿o fue en un circo?, a las órdenes del gobernador.

Dicen que quien traiciona una vez, traiciona siempre. Pero esa, esa es una máxima que poco importa ahora al frívolo e histriónico Édgar Salomón.

Ave de paso, reitero, que una vez llegó a presidir el Congreso pero no por talento o méritos, sino gracias precisamente a su bajo perfil, su nulo conocimiento del proceso legislativo y su infinita incapacidad para decir “no” al titular del Ejecutivo.

Un redil al que ha vuelto con más ganas que nunca. Comiéndose sus palabras, escondiéndose de las miradas de burla y añorando la arrogancia, los excesos y las excentricidades de otros tiempos. Sin voz ni prestigio, convertido, en fin, en un bulto al que todo mundo le da la vuelta.

gar_pro@hotmail.com

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