Gali y Agüera, cara a cara, en privado

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Fue el lunes 15, a temprana hora, que Tony Gali Fayad y Enrique Agüera Ibáñez volvieron a verse las caras, tras el triunfo del primero y la derrota del segundo del primer domingo de julio.

Un encuentro privado que sólo fue posible gracias a la intervención del diputado Tony Gali López, puente de plata entre su padre y el que fue su rival en una lucha, más que por la alcaldía de Puebla, por el futuro.

Desde el debate, que el ex rector de la BUAP perdió y que marcó el principio del fin de su proyecto, no habían vuelto a encontrarse; no al menos a solas.

En terreno propio, anfitrión elegante y atento, Gali Jr. dio garantías de que la cita se daría sin sobresaltos y tras intercambiar saludos y comentarios, se despidió dejándolos sin testigos.

“Es mejor que hablen a solas”, dijo. Y así, en efecto, sucedió. Un cara a cara sin sombras, ni registros.

De lo poco que ha trascendido, pues tanto Gali como Agüera no han querido hacerlo público, aunque tampoco lo han negado, se sabe que no hubo tema al cual le dieran la vuelta.

Desde la guerra sucia y los ataques a las familias hasta la actuación de algunos de sus asesores y operadores, más papistas que el Papa, y ahora condenados al ostracismo.

El presidente municipal electo expresaría que para él la pelea terminó y que no alberga ni rencores ni odios, mucho menos anhelos de venganza. Que como en el futbol, donde lo que sucede en la cancha, en la cancha se queda, lo que pasó en campaña, en campaña pasó… y sanseacabó.

Gali reconoció que en su línea de ataque, Agüera nunca puso nombres y apellidos, salvo algún descuido propio de los exabruptos; Agüera, por su parte, prefirió no entrar en detalles y pidió a Gali mirar hacia adelante.

“Te ofrezco incorporar lo mejor de tus propuestas a mi plan de gobierno y reconocer tus méritos académicos, tu legado en la BUAP”, lanzó Gali.

Y a Agüera, abatido sin duda por el fracaso, se le iluminó el cielo: tanto, que acabó hablando con entusiasmo de su futuro, que al parecer no es la delegación del IMSS, sino un puesto en el gobierno federal, tal vez la SEP, por la vía del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, su amigo, su protector, el único que no le ha dado la espalda.

El encuentro terminó con un apretón de manos y en buenos, estupendos términos, aunque apresuradamente: Agüera tenía ya poco tiempo para tomar el vuelo que lo llevaría a poner tierra de por medio. A olvidar un poco, si eso es posible.

Al final, el acuerdo de cruzar agendas y encontrarse a la luz del día, con los medios de comunicación como testigos, para materializar en público lo que se platicó en privado.

Porque después de todo, ninguna transición en el mundo ha sido posible sin pactar con el enemigo. Ninguna.

gar_pro@hotmail.com

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