LAS “PERLITAS” DE ÉDGAR SALOMÓN (PARTE DOS)

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Es alrededor del pasado 23 de enero que, desquiciado porque no ha logrado recuperar el apoyo económico gubernamental que le fue cancelado al aventurarse como candidato del PRI a la presidencia de San Martín Texmelucan, el ex diputado priísta Édgar Salomón Escorza decide emprender una guerra sucia contra dos personajes muy cercanos al morenovallismo: el secretario General de Gobierno, Luis Maldonado Venegas, y el ex presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso de Puebla, Mario Riestra Piña.

Sobre este último, instruye a un amigo: “Vamos a darle unos putazos con el tema de que faltaron acuerdos legislativos (…) Hay que rascarle un poquito, hay que quemar su imagen.”.

Sobre el encargado de la política interna, le dice a su colega, David Espinoza Rodríguez, también ex diputado: “Yo me le voy encima y me vale madres (…) Le hacemos una rueda de prensa, lo madreamos, lo vamos a ver otra vez a su oficina, lo intimidamos, no podemos quedarnos con los brazos cruzados.”.

Fiel a su estilo de tirar la piedra y esconder la mano, Édgar Salomón habla con un par de amigos periodistas y les encarga el tema.

Al día siguiente, en algunas columnas, aparecen, efectivamente, “unos putazos” para los destinatarios de su veneno.

En el caso de Riestra, la idea central es “rasparlo” para que “se le caiga” la Secretaría General del próximo ayuntamiento capitalino.

Y para ello hay que decir que “desvió recursos financieros del Congreso, que hubo opacidad en los trámites administrativos, que no se otorgaron pagos institucionales”…

Pero no pasa nada.

Para la desgracia de este Fouché de huaraches y cejas depiladas, sigue sin obtener lo que tanto anhela: su bono del cochinito legislativo. O como ya le llama con un nerviosismo muy cercano a la histeria: “Mi bono de retiro”.

Pasan unos días y poco a poco empieza a convencerse que sus mejores tiempos ya se fueron.

De ahí que el fracasado aspirante a alcalde de Texmelucan “ya ni contempla” el recurso financiero “pendiente” que supuestamente no gestionó Mario Riestra.

Sabe que a pesar de que los ex legisladores David Espinoza y Eleofermes Palacios Reyes solicitaron personalmente el apoyo de Maldonado, no recibieron una respuesta satisfactoria.

Édgar Salomón, frustrado, “ya no le ve para dónde”.

El jueves 30, el grupo de damnificados, al que se suma Ernesto Leyva Córdoba, se reúnen para comer y lamerse las heridas.

Y es cuando el horizonte se vuelve más negro: como una maldición gitana, de súbito se acumulan los problemas económicos: a sus oídos llega la mala nueva de que su hermano tiene un adeudo con la CFE, mismo que asciende a 20 millones de pesos.

No sabe cómo resolverlo.

Y activa sus contactos.

En Puebla y el Distrito Federal.

Pero nada funciona.

Esquizofrénico, doble cara, argumenta que ya no quiere saber nada del morenovallismo al que tanto sirvió pero de inmediato se contradice: en un acto de desesperación, intenta llegar hasta Tony Gali López con la finalidad de que este último le recomiende funcionarios o contactos que funjan como intermediarios para llegar a un arreglo con la paraestatal.

Pero el ex diputado y actual subsecretario de Desarrollo Económico no acude a la cita; no es un improvisado ni traga lumbre: envía en su lugar a un subordinado que se lo quita fácil de encima: le recomienda que lo más viable es entablar una negociación directamente con la Comisión Federal de Electricidad.

De primaria.

Édgar Salomón ya no puede más.

Así que se ve obligado a vender una camioneta Suburban de lujo, acondicionada por la empresa Imperial Van.

La operación la cierra en 350 mil pesos.

También espera deshacerse pronto (a un precio similar) una Grand Cherokee.

Y la depresión, entonces, es profunda.

Y recae en el viejo vicio.

Ese monstruo, el monstruo del alcoholismo, que lo persigue hasta volver a atraparlo.

Como el 21 de enero en Oaxaca, a donde viajó “a ver unas cosas”, pero en el camino “me puse un pedo de loco y hasta se me cayó el iPod al baño: me ahogué y se ahogó”.

Lo de siempre.

Lo de rutina.

Porque así es la vida y así, también, la política: una rueda de la fortuna que unas veces te pone abajo, otras arriba y que no para de girar, de girar, de girar, de girar, de girar, de girar…

gar_pro@hotmail.com

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