EL REGRESO DE ÉDGAR SALOMÓN

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Con la espada desenvainada y con sed, mucha sed de venganza. Así regresa estos días de su largo exilio Édgar Salomón Escorza, un joven con tufo a viejo, distinguido miembro de la Generación del Fracaso –que lidera su congénere Pablo Fernández del Campo- y aprendiz de político que nunca ha logrado superar sus complejos y frustraciones personales. Viene, jura, a “ajustar cuentas” con el PRI, su partido, y con el gobernador Rafael Moreno Valle, tras su periplo en Oxford, Inglaterra, que realmente usó para huir de sus acreedores y evitar pisar la cárcel.

Metido nuevamente en sus sueños de grandeza, arriba con la idea de apoderarse del PVEM en Puebla, cuya dirigencia asume esta misma semana su “haye” Juan Pablo Kuri Carballo, a quien ciertamente manipula como un cura pederasta a los niños del catecismo, como dan cuenta fotografías y tuits donde ambos hablan de edulcoradas alianzas.

También, por si fuera poco, pretende llenar los vacíos y erigirse en el “salvador” del PRI, paradójicamente el mismo que él en su momento, como presidente del Congreso, ayudó a hundir al aprobarle a Casa Puebla tres puntos clave para la paliza electoral del 2013: las candidaturas comunes, la nueva distritación y la conformación del Consejo General del Instituto Electoral del Estado.

Hoy retorna creyendo que nadie se acuerda de su pasado de entreguismo al morenovallismo, al que sirvió como el más fiel de sus súbditos, presumiendo nuevas “habilidades” y pensando que su partido no saldrá adelante sin su ayuda.

Con varios cadáveres en el closet y una fila de enemigos que le daría la vuelta al estadio Cuauhtémoc, Salomón Escorza no supera el haber sido derrotado cuando intentó ser presidente municipal de San Martín Texmelucan, lección de vida que sigue sin entender y que atribuye no a su torpeza a la hora de legislar a favor del enemigo, sino al gobernador Moreno Valle y a su operador, Eukid Castañón, a quienes dice cobrará una a una, aunque no dice cómo logrará tamaño despropósito.

Mientras tanto, jura que el PRI se la “debe” y que él, nadie más, será el candidato a diputado federal por el distrito 5, aunque en la carrera ya otros le llevan kilómetros de distancia, en especial Juan José Salinas Pasalagua, hijo de Raúl Salinas de Gortari, y Angélica Salazar Martínez, esposa del ex alcalde y legislador Carlos Sánchez, ambos con mejores perfiles y aliados en el escenario político.

Hay que recordar que Édgar Salomón prácticamente huyó de Puebla a principios del pasado mes de febrero con rumbo a Europa, so pretexto un viaje de estudios.

Se fue literalmente desquiciado por no haber podido seguir cobrando lo que como diputado “de oposición” cobró del gobierno de Moreno Valle durante casi tres años: el jugoso bono económico, encubierto en lo que se conoce como “cochinito legislativo”.

Una especie de gratificación discrecional por los servicios prestados al morenovallismo, que no fueron pocos.

Así lo delataban sus propias expresiones, presas de la desesperación con otros como él en la misma situación:

“-Oye, pero esos recursos… ¡ya estaban presupuestados!

“-¡Qué poca madre! ¡Se los llevaron!

“-Eso, desde el presupuesto, ya estaba, no es posible que se los chinguen.

“-No, pues yo sé, amigo, pero ya nos dieron cuello estos hijos de la chingada, ¿no? ¡Qué poca madre! ¡Qué poca madre!” (sic).

Ahora, tras su fuga particular, regresa, pero no es el regreso de un político maduro, concentrado y visionario, capaz de entender sus circunstancias y trabajar todos los días para superarlas o modificarlas desde la humildad y la inteligencia.

Es el retorno del eterno bufón de la corte que nunca dejó de ser ni porque haya cruzado “el charco”, víctima de sus propias palabras y de su soberbia infinita, y rehén de sus propias contradicciones y ambiciones sin freno.

gar_pro@hotmail.com

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