LA ÚLTIMA CARCAJADA DE PABLO FERNÁNDEZ

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Durante el desayuno del miércoles en la sede nacional del PRI, donde se anunciaron las fórmulas Ana Isabel Allende-Víctor Gabriel Chedraui y Pepe Chedraui-Mónica Barrientos para las dirigencias estatal y municipal del partido, respectivamente, René Juárez Cisneros, secretario regional del Comité Ejecutivo Nacional, tomó la palabra para hacer un análisis demoledor de la crítica situación del Revolucionario Institucional en Puebla.

Mientras hablaba, ante los legisladores federales y cuadros convocados para avalar la unción de los nuevos líderes, Pablo Fernández del Campo se iba haciendo chiquito –más de lo que ya es- y se hundía poco a poco en su asiento.

Desordenado.

Apático.

Dividido.

Abandonado.

Sin rumbo ni dirección.

En resumen, dijo Juárez Cisneros, un partido “desangelado”.

Culpa, en buena parte, de Pablito, el nuevo General de las Derrotas.

Y eso que Juárez Cisneros no dijo nada, aunque tiene suficientes elementos de prueba, sobre el “extravío” de los 40 mil pesos que cada presidente municipal de extracción priísta dio a Fernández del Campo para apoyar al candidato del tricolor a la alcaldía de Acajete, en la pasada elección extraordinaria.

Dinero que nunca llegó a la campaña –fracasada- y que “se perdió” en la oficina del hipocritón diputado local plurinominal, que se va de la dirigencia estatal del PRI con más pena que gloria pero, eso sí, con los bolsillos llenos y con una sonora carcajada frente a todos los priístas que timó a lo largo del tiempo que vegetó al mando del partido.

Que nadie se extrañe, por eso, si el sábado al medio día, durante la sesión del Consejo Político Estatal que se realizará para definir el método por el cual Ana Isabel Allende llegará a la presidencia del PRI, la militancia pide que Fernández del Campo regrese… pero todo lo que se robó.

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José Luis Márquez era hasta este viernes el único priísta de cierto peso que seguía inconforme con la unción de Ana Isabel Allende como “jefa” del partido en el estado.

Para el CEN, el diputado federal es un enviado del morenovallismo para desestabilizar el proceso de relevo.

-¿Qué quiere Márquez?- se le preguntó a una fuente del Comité Ejecutivo Nacional bien informada.

-Negociar.

-¿Pero qué, si también se le fue la Secretaría General?

-Lo que sea, y obedecer al gobernador –respondió.

Cuentan que antes de confirmarse la llegada de Allende a la presidencia del PRI, Márquez buscó con insistencia entrevistarse en privado con la secretaria general, Ivonne Ortega.

Tres veces pidió una cita y tres veces le dijeron que no, gracias.

Más que la dirigencia, Márquez quería “limpiar” su nombre ante los altos jerarcas del partido.

Atajar las versiones que lo ubican como uno de los más obvios traidores del PRI en la elección de 2013.

Márquez quería decirle a Ortega en su cara que sí, en efecto, llegó a acuerdos diversos con Rafael Moreno Valle.

Pero que sí lo hizo fue por instrucciones, en su momento, del entonces dirigente nacional del tricolor, Humberto Moreira.

Lo que no sabe Márquez –o finge no saber- es que en el CEN tienen un detallado reporte de sus nexos con el grupo en el poder local.

Antes, durante y después de Moreira.

De hecho, durante la auscultación realizada por los delegados del CEN, fue el primero a quien se descartó como posible relevo de Fernández del Campo.

Por eso, el berrinche de Márquez no tiene futuro.

Sus 15 minutos de pataleo no tendrán eco.

Va a tener que sumarse, o sumirse en el olvido.

“Seguro hablarán con él antes del sábado”, dijo la fuente.

Y como siempre, le ofrecerán su consabida dotación de sapos para tragar.

Sin hacer gestos.

Que de eso se trata este negocio de la política.

gar_pro@hotmail.com

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