LUIS MIGUEL BARBOSA: PROYECTO 2018

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Si algo caracteriza al senador Luis Miguel Jerónimo Barbosa Huerta, es su gran oportunismo y habilidad política para lograr sus ambiciones personales, y también para obtener recursos económicos, es decir, es un político al que le gusta mucho el dinero y el poder, de ninguna forma diferente al resto. Hoy, en sus sueños de opio, quiere ser gobernador del estado de Puebla, y en el 2018, pensando que logrará el apoyo de Rafael Moreno Valle a cambio de ayudarle a construir una alianza del PRD con el PAN para la candidatura presidencial del principal huésped de Casa Puebla.

Como siempre, Barbosa Huerta –un pragmático entre los pragmáticos, un simulador entre los simuladores- sólo piensa para sí mismo y busca coronar así su “meteórica” carrera política, misma que ha logrado no por su capacidad intelectual, tampoco por su liderazgo partidario o por tener convocatoria entre los ciudadanos; al contrario, todos sus puestos y espacios políticos han sido resultado de sus acuerdos cupulares y negociaciones con sus ex compañeros, los llamados “Chuchos”, con quienes hoy se ha distanciado.

Actualmente Barbosa Huerta coordina –es un decir- a los senadores del PRD, pero jamás destacó como un líder de la izquierda en Puebla; siempre fue del PRI en el municipio de Zinacatepec, de donde es originario. Proviene políticamente de una familia con una herencia caciquil en la Sierra Negra del estado. Y nunca pudo ganar electoralmente en su propio municipio, nunca fue un priísta relevante en la región, y su arribo a la izquierda fue por un resentimiento político hacia el PRI, más que por cuestiones de conciencia o congruencia con las ideas democráticas y progresistas.

Ya hoy no quiere que ni se lo recuerden, pero su incursión en el PRD fue a través del profesor Jorge Méndez Espínola, desde entonces líder de la corriente de René Bejarano y Dolores Padierna; ellos, “Los Bejaranos”, lo hicieron presidente de sol azteca en Puebla, pero como en la política siempre hay traidores y traiciones, el propio Barbosa Huerta traicionó al grupo de Méndez Espínola, para irse con Jesús Ortega Martínez, dueño del PRD nacional y de la corriente “Nueva Izquierda”, más conocida como “Los Chuchos”.

Barbosa Huerta es abogado por la UNAM y en sus años mozos trabajó con el entonces obispo Norberto Rivera Carrera, en Tehuacán, junto con la ex diputada local Susana Wuotto Cruz.

Gracias al apoyo legal que le brindó a “Los Chuchos” junto con su hermano- abogados ambos-, en la defensa de esta corriente ante la Comisión de Vigilancia y Garantías del PRD, de todas las impugnaciones que les hacían en cada proceso de elección por la dirigencia nacional y otras elecciones internas, Luis Miguel Barbosa se ganó la confianza de Jesús Ortega Martínez. De esta manera, y muy pronto, lo convirtieron en diputado federal plurinominal. Obvio, jamás hubiese ganado un proceso electoral abierto o por la vía uninominal.

Como parte de su herencia y hábitos caciquiles, nuestro personaje ha venido controlando desde esos años (1998-2000) al PRD poblano, en el cual siempre ha impuesto su ley: él ha dispuesto de las prerrogativas económicas y designó a todos los dirigentes locales. Nunca le ha importado la vida democrática del partido ni el respeto a las normas estatutarias; siempre ha visto al sol azteca como su patrimonio.

Ahora tampoco quiere que se le recuerde, pero en aquellos años fue un asiduo visitante de Casa Puebla y amigo, muy amigo, del entonces gobernador Mario Marín, de quien siempre recibió respuestas positivas a todas sus gestiones y peticiones, incluso las personales.

En el prolongado proceso de control y descomposición del PRD en Puebla, que va de la mano del desdibujamiento de la llamada izquierda poblana, Barbosa Huerta ha impuesto a todos los dirigentes estatales, empezando por un tal Sixto González, un gris dirigente local, el cual, tras tomar todas las prerrogativas para comprar puertas, pintura y otros enseres que acababan en domicilios de sus más cercanos, terminó como presidente municipal… pero del PAN.

Después, Luis Miguel Barbosa designó a María Elena Cruz Gutiérrez, una dirigente muy débil y totalmente ignorante de la política que acabaría en otra corriente diferente a la de mentor y en las manos del actual diputado local Julián Rendón; hoy, de hecho, es “oreja” o delegada de la Secretaría General de Gobierno en la Sierra Norte.

Más tarde, Barbosa Huerta se decidió por un personaje igual de oscuro y abusivo que él, como lo fue –es- Miguel Ángel de la Rosa, quien nada aportó a la vida interna del PRD; al contrario, despilfarró las finanzas partidarias, para que sus secretarias se hicieran cirugías estéticas y él, muy “simplón”, terminó comprando caballos y siendo, según él, un auténtico charro poblano.

Después, la obra más acabada de Barbosa Huerta fue decidirse por un personaje extremadamente extraño y con una “cultura muy basta”: designó a su guarura y fiel “cuadro político”, Erik Cotoñeto Carmona, como máximo líder del sol azteca en Puebla; y no sólo eso, lo hizo diputado local, posición desde la cual designó candidaturas, impuso a algunos ediles y cobró el tradicional “moche” para él pero sobre todo para “El Jefe Barbosa”. Cotoñeto terminó con todas las finanzas propias de dicho instituto y actualmente es el dirigente del Frente de Izquierda Progresista (FIP) y sobre todo coordinador de la campaña de Barbosa Huerta para la gubernatura, pero además un próspero constructor.

La actual dirigencia perredista, encabezada por otro de estos raros especímenes de “izquierda”: Socorro Quezada Tiempo, es síntesis de todo lo anterior, pero con las limitaciones políticas e intelectuales llevadas al extremo de la risa y de la pena ajena.

Barbosa Huerta nunca ha tenido tino para conservar a sus “soldados”: los diputados que impuso, como Rodolfo Huerta Espinoza, terminaron como aliados del PRI y de Javier López Zavala; Édgar Alonso Cañete, cuyo único mérito fue traicionar a “Los Bejaranos” y cargar el portafolio de Barbosa Huerta, también se convirtió en zavalista y terminó en el PT. Susana Wuotto Cruz, una legisladora prometedora, le hacía sombra al oriundo de la Sierra Negra, pero acabó siendo “echada” del paraíso y expulsada; se convirtió en asesora de municipios en Tehuacán. E Irma Ramos Galindo avaló todo lo que le indicaba López Zavala, fue marinista, salió del grupo de Barbosa Huerta y actualmente es candidata del Movimiento Ciudadano, como el citado Rodolfo Huerta.

El único que le sigue siendo totalmente fiel es Erik Cotoñeto, convencidos ambos de que tras la elección de 2016 –la elección de la minigubernatura- y ante la muy escasa caballada morenovallista, Barbosa Huerta podría convertirse en la verdadera opción de Casa Puebla, siempre y cuando asegure a Moreno Valle una megalianza PRD-PAN para la presidencial del 2018.

Hoy, aunque ha roto con “Los Chuchos”, Barbosa Huerta mantiene el control del PRD en el estado, es líder del FIP e influye en algunas otras corrientes del partido a nivel nacional; es un importante aliado del gobernador poblano en el Senado y en otros ámbitos de decisión del Distrito Federal.

Una penosa enfermedad –que incluso le causó la pérdida de una extremidad- y su indudable simpatía y don de gentes, le ha acarreado buena prensa y estupenda promoción en TV y radio.

Según Barbosa Huerta, Moreno Valle no tiene cartas para su sucesión y el más fuerte de todos, Tony Gali Fayad, tendrá que ir a pelear cara a cara con el PRI por la minigubernatura en el 2016. ¿Y para el 2018? Pues Barbosa Huerta está seguro de que él puede la opción del gobernador, pues lo ve dispuesto a ir con un aliado suyo, aunque este no sea precisamente del PAN.

Aunque no será sencillo que contribuya a edificar la alianza PRD-PAN, pues su distanciamiento de “Los Chuchos” le pone las cosas muy difíciles.

A “Los Chuchos”, por cierto, los dejó no por un asunto de ideología: simple y sencillamente decidió divorciarse de ellos desde el justo momento en que, en el marco del extinto Pacto por México, tanto Jesús Ortega como Jesús Zambrano y Guadalupe Acosta Naranjo le ganaron la interlocución con el presidente Enrique Peña Nieto. Una interlocución que, ya se sabe, se reflejaba en privilegios, contratos, beneficios de todo tipo…

Ahora, Barbosa Huerta ha decidido poner sus ojos en Puebla y regresar para pelear por la gubernatura.

Pero está más solo que una palmera en una isla en medio del océano: aun así, su grupúsculo denominado Frente de Izquierda Progresista ha lanzado el grito de “guerra” de que van por la “grande”.

Creen que las cosas se le pueden acomodar, atados al propio futuro de Moreno Valle.

Después de haber destruido lo poco que hubo de la izquierda en Puebla y de haber desmontado al PRD en Puebla para convertirlo en una franquicia y en un patrimonio personal, ahora Barbosa Huerta jura y perjura que tiene estructura para disputar ésa, otra más de sus ambiciones.

Su grupo, que lleva más de 15 años controlando este pobre instituto partidario, que ha dilapidado todo, que no construyó nunca ninguna estructura territorial en Puebla y que sólo se ha dedicado a saquearlo, ahora viene a engañar a los ciudadanos para proponer una candidatura de papel.

Por cierto: la última aventura de sus “cuadros políticos” –Cotoñeto, Quesada Tiempo y Compañía- fue haber sustraído en el 2014 de las prerrogativas estatales más de 5 millones de pesos, mismos que no comprobaron ante el INE local, tanto que ahora les serán descontados de los nuevos recursos públicos que les entregarán para los comicios de este 2015.

Esta, no otra, es la “alternativa de izquierda” que impulsa Barbosa Huerta para gobernarnos.

Pues que Dios nos agarre confesados.

gar_pro@hotmail.com

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