EL CACIQUISMO CORRUPTO DEL PRD EN PUEBLA

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El PRD, que a nivel nacional sufre un lento proceso de desintegración, que es corrupto, que se ha pervertido ideológicamente y que en Puebla es una caricatura política, evitará sin embargo nuevamente su extinción. Los acuerdos pragmáticos de sus tribus y las previsibles alianzas con el PAN, le darán aliento en su fragilidad.

Esta nueva crisis no desencadenará una guerra fratricida entre sus corrientes, aunque tampoco traerá un cambio de fondo.

Puebla es una prueba grave, con el secuestro en que la mantiene desde hace 18 años el senador Miguel Barbosa.

A nivel del país, la comodidad de su cúpula y el anhelo de conservar cotos, puestos y candidaturas, llevará a los perredistas a un reacomodo superviviente.

En menos de 15 días, nuevamente tendrán una o un dirigente nacional, que comenzará -o intentará- la reconstrucción sobre las ruinas que ellos mismos dejaron.

Son una especie que se destruye a sí misma, para luego volver a juntarse.

El sol azteca además es un partido sistémico, vital para el Estado y para el propio modelo político en México.

Sobre esas divisas y sobre esos pactos restaurarán su existencia.

Con seguridad, el PRD irá a una alianza con el PAN para los comicios del Estado de México, que son de vital importancia para la configuración nacional, por tratarse de la lista nominal más grande del país.

Su línea política, su estrategia de coaliciones para el 2018 y la definición de una nueva dirigencia nacional en 2017, quedarán para después.

Es el día a día, la sobrevivencia del “sólo por esta elección”, la que le da esperanza al PRD.

Las pruebas están en Veracruz, Quintana Roo y Durango, donde pudieron rescatar algo por la coalición con el PAN.

No así en Tamaulipas y Chihuahua, en donde el PRD se diluyó por completo, perdió su poca fuerza, quedó dividido y se convirtió en un participante testimonial.

En Zacatecas, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) los rebasó; en Tlaxcala optaron por ir solos y dejaron que el PRI ganará.

Perdió el bastión simbólico de Oaxaca y también Sinaloa, dos estados en los que, con Puebla, había ganado en 2010, en alianza con el panismo.

En el contexto estatal, el PRD vive un conflicto y problemática mayor, que deberá ser revisada.

Se trata de un espacio patrimonialista, caciquil y corrupto, pero con características superlativas a las que se registran en otras entidades.

Lo controla desde hace 18 años el senador Miguel Barbosa, dirigente estatal entre los años 1998 y 2000, cuando lo secuestró para sí y de ahí gestó su grupo.

La radiografía del ahora del PRD poblano es contundente: corrupción interna; órganos de dirección que no funcionan; sin crecimiento; padrones inflados; total opacidad en el manejo de prerrogativas.

El partido que todavía encabeza, como empleada de Barbosa, la improductiva diputada local Socorro Quezada Tiempo, no tiene propuestas de políticas públicas y privan el nepotismo, el abuso de autoridad y la intolerancia.

No forma nuevos cuadros, no tiene un solo vínculo con la sociedad, con las organizaciones no gubernamentales; vive conflictos y divisiones internas que superan a la militancia y desarrolla malos ayuntamientos.

Es un desastre.

Particularmente grave es el oscurísimo manejo del dinero público que recibe y que, desde 2010 a la fecha, suma 90 millones 250 mil 092.39 pesos, sin contar lo que ingresa por negocios por debajo del agua.

Veamos lo que han recibido de prerrogativas en los últimos años de control partidario:

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¿Qué han hecho con esos recursos?

El manejo patrimonial ha estado a cargo de Barbosa, a través de Eric Cotoñeto Carmona y los distintos secretarios de finanzas que han pasado por la casona que está frente a la Arena Puebla.

Está la acusación de que el anterior secretario de Finanzas, Arturo Rojas Rivera, se llevó 5 millones de pesos del PRD con total impunidad, dada su cercanía con la actual presidenta.

También que Cotoñeto y sus secuaces tienen constructoras mediante las cuales lavan dinero, además de que cobran cheques que les pagan a los proveedores del partido para que éstos los endosen a su favor.

Es un saqueo total.

En términos electorales, la catástrofe no es menor.

Su eficacia como partido resultó pésima, con cero aportaciones a los resultados nacionales.

Hizo el ridículo en las urnas.

Los argumentos para ir solos y reventar la alianza con el PAN, que sí querían en la corriente hegemónica, Nueva Izquierda, fueron demagogia pura.

El cuento de rescatar la “identidad de izquierda”, que esgrimieron las corrientes Alternativa Democrática Nacional (ADN) e Izquierda Democrática Nacional (IDN), fracasó.

La campaña por la minigubernatura resultó un mal chiste, un invento partidario, un ridículo electoral, sin ningún resultado positivo para el PRD y con su votación histórica más baja.

En 2004, en solitario, el PRD consiguió 100 mil 157 votos, que representaron 5.61 por ciento del total; en este 2016, apenas 68 mil 353 boletas tachadas, con 3.8 por ciento.

Votación obtenida en los procesos electorales:

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Ante estos resultados es irracional que siga Quezada en la dirigencia, por más senador Barbosa que tenga apuntalándola.

Debe irse.

De los 26 distritos electorales, solamente en el 18 de Cholula -donde vive la ex candidata-, el perredismo rebasó 3 mil sufragios, en otros distritos sus votos apenas fluctuaron entre una a 3 decenas, sí decenas, no más de 30, por urna.

Roxana Luna Porquillo fue la aspirante de una sola corriente, ADN, con el apoyo de IDN y los barbosistas, y no de un partido.

Se ridiculizó barriendo calles y haciendo bromas, pero no hizo política.

Su coordinación fue suplida por miembros del PRD del Estado de México. El control político lo mantenía el senador Luis Sánchez, segundo de a bordo de Héctor Bautista, cacique de ADN, mientras el manejo de los recursos lo tuvo su hermano Vladimir Luna, además de manos externas.

Antes esta debilidad, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) rebasó al PRD por la izquierda e incluso le arrebató su voto duro.

Caricaturizado en Puebla, frágil en su estructura nacional y con una cúpula en una zona de confort, con la mira en alianzas con el PAN para sobrevivir, así es el PRD hoy.

Su “proyecto de izquierda” poco a poco languidece o, como diría el ex dirigente Agustín Basave, el PRD es un partido corrupto y con un adversario fuerte, Andrés Manuel López Obrador, presidente de Morena.

gar_pro@hotmail.com

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