LA CARNICERÍA DE LOS PRIISTAS POR LAS DELEGACIONES (Y LA RED DE CORRUPCIÓN EN EL IMSS PUEBLA)

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No hay duda que la delegación del Instituto Mexicano del Seguro Social en Puebla se ha convertido en un auténtico tiro al blanco por los grandes intereses políticos, económicos, sindicales y hasta sentimentales que están en juego.

Recientemente relaté la grosera injerencia del subsecretario de la Sedatu, Juan Carlos Lastiri Quirós, quien a través de sus golpeadores -Marco Mazatle y Ricardo Jiménez- tratan de minar el posicionamiento del delegado Enrique Doger Guerrero, con miras a las elecciones de 2018.

Otro de los interesados en cubrir su parcela de poder es el líder del sindicato del IMSS, Francisco Torres Zenteno, por el control de las plazas que se ofertan al mejor postor.

Basta con seguir la pista a sus operadores financieros, como el llamado “La Perra“.

Habrá que investigar su papel en la venta de plazas en hasta 120 mil pesos, y “en efe”.

En este juego de corruptelas y complicidades aparece el nombre de Gabriela Pérez Arce, ex titular del área de Personal, quien era la clave de los jugosos acuerdos comerciales con el sindicato hasta que Enrique Doger se percató del documentado contubernio.

Pérez Arce servía al ambicioso líder del sindicato para aceptar las propuestas de plazas, a pesar de que algunos de los candidatos no cumplían con los exámenes médicos, psicométricos y de capacidad.

Este personaje atendía directamente la aprobación de los exámenes de los aspirantes; además, aplicaba el terror laboral.

Decidía sin consultar a sus superiores los ascensos y de la misma forma los castigos a quien no le servía.

Estaba al servicio de todos, menos del delegado en turno.

Gracias a esta incondicional relación recibió ilegalmente un préstamo de un millón y medio de pesos, a pesar de ser personal de confianza A.

Ante el cúmulo de irregularidades detectadas y avaladas por los anteriores delegados, Doger Guerrero decidió terminar por lo más sano: la despidió.

Y obviamente las reacciones –y los coletazos- no se hicieron esperar.

El líder sindical fue el primero en poner el grito en el cielo porque sus propuestas de plazas se cancelaron ante la falta de transparencia.

Sin embargo, un personaje aparentemente ajeno al instituto y a la grilla sindical apareció en la escena para defender a Gabriela Pérez Arce: el presidente del PRI en Puebla, Jorge Estefan Chidiac.

El también diputado federal abanderó la causa e incluso llegó hasta el primer nivel del IMSS –es amigo, ciertamente, del director nacional, Mikel Arriola- para abogar por ella.

Tal vez por eso Gabriela Pérez Arce jura –y perjura- que va a regresar al Seguro Social, y a su mismo puesto.

Ha dicho que va a vengar las afrentas porque su padrino político, y quien le sirve de paño de lágrimas, ya operó en la Ciudad de México.

Lo cierto es que el horroroso caso IMSS es sólo una pequeña muestra de un problema mayor: la abierta disputa por las delegaciones federales entre los ambiciosos, tercos, obsesionados priístas poblanos, un tema que saca chispas.

Y es que ya es una auténtica carnicería, con piquetes de ojos, golpes bajos, codazos, patadas debajo de la mesa, traiciones, delaciones, “fuego amigo”, artillería pesada, bombas atómicas…

Y todo ante la pasividad del gobierno federal, que luce indiferente, ausente y omiso ante esta cruenta lucha de máscaras contra cabelleras, a tres caídas, sin límite de tiempo, que seguirá hundiendo al PRI -y seguramente terminará por colocarlo como tercera fuerza política- en el estado.

Como diría el clásico: No entienden que no entienden.

gar_pro@hotmail.com

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