MORENO VALLE A LA HORA DEL ADIÓS

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Desde la frialdad de sus cálculos, ya casi despojado de la investidura de gobernador que llevó hasta el último segundo del último minuto de estos seis años, Rafael Moreno Valle suelta una frase que suena a presagio y que pesa como advertencia: “Si yo no soy el candidato del PAN, el próximo Presidente será Andrés (Manuel López Obrador)”.

Ya casi para dejar Casa Puebla definitivamente, el mandatario que sacó al PRI del poder y fincó sus raíces tan profundas y extensas que pareciera que trascenderán el tiempo y el espacio, asegura que no tiene más interés en permanecer en el estado ni interferir con el próximo gobernador, porque ahora va de cuerpo entero a su proyecto nacional.

Con el cerrojazo al sexenio frente a sí, el panista puede jactarse de que sobrevivió, negoció, arrebató, transformó y… ganó.

En confianza, un domingo cercano de un enero eterno, a miles de metros de altura sobre la Puebla que gobernó, Moreno Valle repasa pasajes del pasado y perfila el presente.

Sobre quienes ven en la repetición de varios de sus colaboradores en el gabinete de Tony Gali la vía hacia el Maximato -“el gobernador vive en Los Fuertes y el que manda en Las Fuentes”-, es contundente: no.

Moreno Valle rechaza ser un obstáculo o una sombra -entre las sombras- de la nueva administración.

“Un minuto para mí en Puebla es un minuto perdido en donde tengo que estar y operar para mí proyecto presidencial”, sentencia.

Y da la impresión de que se preparó para ser ex gobernador tanto como lo hizo para ser gobernador.

(Incluso pondera no acudir al informe del alcalde Luis Banck para no enviar un mensaje negativo que opaque al nuevo gobernador. También ausentarse un tiempo del palco oficial del estadio Cuauhtémoc, con el mismo objetivo).

Luego de un receso vacacional de unos 10 días, pactado con su esposa, Moreno Valle irá de lleno por la postulación del Partido Acción Nacional (PAN).

En esa carrera, pareciera amplia la ventaja de Margarita Zavala o incluso del presidente del partido, Ricardo Anaya.

Pero en la batalla hacia adentro del PAN, que es donde hoy se libra la madre de todas las guerras, no los ve inalcanzables.

Ya antes ha enfrentado escenarios adversos.

Y ya antes lo han –lo hemos- dado por muerto.

Políticamente sabe navegar a contracorriente y bajo tormenta.

De hecho es en ese terreno, y bajo las peores condiciones, donde mejor se mueve y donde obtiene los mejores resultados.

Moreno Valle es un gobernador que cierra fuerte, muy fuerte, a diferencia de todos sus antecesores.

Este mismo domingo visitó 8 municipios y en todos lo recibieron con gusto, incluso en aquellos que son gobernados por priistas o perredistas.

Esa realidad –muy ajena al “círculo rojo”- contrasta con los “juicios populares” de quienes encontraron en la crítica sistemática su forma de vida.

Ellos, al menos en el ámbito estatal, se quedarán sin ocupación, en el desempleo político.

Este 31 de enero en la noche, también se les acaba su “villano favorito”.

Se va su razón de ser, su motivo de “lucha”, el oscuro objeto de su odio.

Deberán reinventarse.

Y enfilar sus baterías hacia nuevos blancos que den sentido a sus vidas.

Pocos, sin embargo, podrán.

En la mirada a las huellas que están detrás, Moreno Valle seguramente reparará en que la mano dura fue la única forma de salir adelante.

Un mandatario suave, dubitativo o tibio, hubiera sido devorado por los lobos agazapados, los del pasado y los que nacieron, crecieron y se reprodujeron en el morenovallismo.

Muchos más pensarán que se le pasó por momentos la mano.

Sí, puede ser.

Seguramente faltó mucho de “mano izquierda”.

Pero el poder se ejerce o… te lo arrebatan.

Y Moreno Valle, un obcecado de y por el poder, eligió un camino que no permite claroscuros ni medias tintas: decidió ser temido a amado, conforme al dilema que Maquiavelo plantea a “El Príncipe”.

Ciertamente, en estos seis años, no todo fue luminoso.

Moreno Valle debió enfrentar a quienes, una vez que fue encarcelada su aliada y mentora, su amiga Elba Esther Gordillo Morales, pensaron que podrían aniquilarlo.

En Los Pinos y en el Palacio de Bucareli muchos dibujaron –e intentaron- ese escenario.

Con la caída de la maestra y ex presidenta vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), festivamente una marabunta presagió también la debacle del morenovallismo.

Esos, ellos y ellas, se equivocaron.

Moreno Valle sobrevivió a Elba Esther.

Resistió los embates y supo acercarse al Presidente.

Tanto, que terminó como uno de los dos o tres gobernadores más queridos y consentidos de Enrique Peña Nieto, incluyendo a todos los del PRI.

Así ha quedado patente en los halagos públicos, la cercanía en privado, la orientación del erario, la deferencia política…

Termina Moreno Valle, asimismo, como el único gobernador que se blindó transexenalmente, en una época que es más factible acabar en la cárcel o en la fuga, que construyendo una candidatura presidencial.

Que le pregunten al sonorense Guillermo Padrés Elías, al quintanarroense Roberto Borge Angulo, o al veracruzano Javier Duarte Ochoa.

El poblano no solo puso gobernador, cambiando la máxima histórica de la política en la entidad desde Maximino Ávila Camacho, sino que también dejó a los suyos en ejercicio del poder.

Lo que se dice fácil pero no lo es.

¿Cuántos lo intentaron antes?

Todos (desde los tiempos de Alfredo Toxqui Fernández de Lara).

¿Cuántos lo lograron?

Antes que Moreno Valle, nadie.

Ni el durísimo y poderosísimo, en su tiempo, Manuel Bartlett Díaz.

Hoy, Rafael Moreno Valle se va, pleno y satisfecho, fuerte e incansable como desde el primer segundo del primer minuto de su mandato, luego de sobrevivir, negociar, arrebatar, transformar y… ganar.

gar_pro@hotmail.com

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