LAS MANOS SUCIAS DE LALO RIVERA Y EL MISTERIOSO CASO DE LAS MILLONARIAS ASESORÍAS EXTERNAS

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El impoluto Eduardo Rivera Pérez, quien se victimiza con una supuesta persecución política; el otrora niño predilecto de El Yunque, quien ha emprendido una campaña para, sin ofrecer pruebas, vociferar que es inocente de las anomalías que la Auditoría Superior del Estado ha detectado en su gestión como presidente municipal de la capital; el alcalde que irónicamente llegó como el más joven de la historia poblana y salió convertido en abuelo, no es, ni lejanamente, el hombre honesto que presume.

Así se evidencia en el gasto de 44 millones de pesos que realizó con el dinero de todos los poblanos para “asesorías externas” tan solo en 2013 y el favoritismo con el que adjudicó contratos millonarios a sus amigos, a través de empresas que incumplían los requisitos, que no comprobaron su labor y que se delatan como un disfraz para la corrupción.

De acuerdo con un informe en poder de este reportero, las erogaciones de “Lalo” Rivera entre su primer año de administración, 2011, y el último que ejerció completo, 2013, creció 359.1 por ciento en el pago a al menos 28 personas físicas y morales por ”asesorías externas”.

¿De verdad necesitaba tantos “asesores“?

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Sin embargo, destaca el comportamiento de la “labor”, pagos, “comprobaciones” -si se les puede llamar así- y adjudicaciones directas que recibió la Sociedad de Abogados, Consultores y Estudios Socioeconómicos, S.C. (SACBES).

Esta organización que, de acuerdo con la evidencia a disposición, carecía de los requisitos mínimos para convertirse en proveedora o asesora del Ayuntamiento, recibió entre 2011 y 2013 adjudicaciones por un monto de 9.5 millones de pesos.

Particularmente, SACBES tuvo un trato generoso y sospechosamente benévolo de Eduardo Rivera Pérez.

Sobre ninguno de estos datos se atreve a hablar el yunquista en sus lacrimógenos videos de Facebook.

Y aun así, sigue quejándose del proceso que, por estas y muchas otras irregularidades, le abrió el Congreso del estado.

Las manos de “Lalo” Rivera están sucias, muy sucias.

No es tan inmaculado como dice.

SACBES se benefició con pagos puntuales a lo largo de la administración del panista, sin cumplir con los contratos y sin otorgar garantías de que lo haría.

Para acabar pronto: ni siquiera pudo acreditar experiencia y tampoco reunía -ni reunió en todos los años en que recibió recursos del erario municipal- los requisitos para aspirar a trabajar con el municipio.

Rivera Pérez permitió que esto pasara.

Los protegió.

Mintió y torció la ley.

¿Por qué?

¿Por cuánto?

Veamos.

Esta sociedad recibió del 31 de octubre al 31 de diciembre de 2011, la cantidad de 500 mil pesos por sus “servicios”.

Luego, del 14 de febrero al 15 de diciembre de 2012, le fueron pagados 4 millones 500 mil pesos.

Más tarde, del 21 de febrero al 20 de diciembre de 2013, se llevó otros 4 millones 500 mil pesos.

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No habría mayor relevancia en este caso, a no ser que, por sus deudas, documentadas en el informe, y por su origen, incumplió siempre el mínimo de requisitos para aspirar a esos contratos.

Reitero: fueron adjudicados de manera directa por Eduardo Rivera.

Comencemos por lo elemental:

El acta constitutiva de SACBES dice que su capital social asciende a 15 mil pesos.

¿Entonces, cómo hizo para soportar y garantizar los “servicios” que les generaron el primero de los pagos, por 500 mil pesos, descritos y los demás?

Desde el inicio hubiera sido imposible calificar para ello.

Pero el dadivoso entonces alcalde de Puebla se los permitió.

Incluso, la sociedad no comprobó los “servicios prestados” en 2011 y solamente entregó una “carta compromiso” de que lo haría.

Aun así, siguió recibiendo contratos y pago de facturas.

En el colmo del absurdo y lo chambón de SACBES y el cobijo del ”honrado” Rivera Pérez, está la forma en que comprobaban sus “servicios”.

En los informes de distintos meses y años, para conseguir la liberación de pagos, presentaban supuestas fotografías de “reuniones de trabajo” con funcionarios municipales.

Lo hilarante e indignante –las dos reacciones quedan– es que eran distintos ángulos de la misma reunión.

Y en el descaro absoluto, incluso una misma fotografía fue presentada en varios informes, para “justificar” distintos momentos.

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Todo lo permitió Rivera Pérez.

Hoy, el panista mexiquense naturalizado poblano se tira al piso.

Dice que sus enemigos políticos lo quieren aniquilar políticamente porque es un “estorbo” para proyectos mayores.

Se lleva entre sus alaridos a figuras nacionales que confían en él.

Los quema.

Sin embargo, su verdad no es tal.

Sus argumentos no son tan sólidos.

Ni es tan intachable.

Más bien, todo lo contrario.

gar_pro@hotmail.com

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