ESTEFAN Y BLANCA VS DELOYA: LA OPERACIÓN BESOS DE JUDAS Y EL SÍNDROME DEL CANGREJO

PRI

La obligada salida de Guillermo Deloya Cobián de la presidencia del  Instituto de Capacitación y Desarrollo Político A.C. (ICADEP) del PRI confirma el arraigo del “síndrome del cangrejo” en el Partido Revolucionario Institucional en Puebla y que no hay peor enemigo para un priísta poblano que otro priísta poblano.

Su renuncia fue provocada por el presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), Enrique Ochoa Reza, quien no solamente ya no lo tomaba en cuenta, sino que hasta le enviaba claras muestras de desprecio.

¿Pero qué pasó para que esto ocurriera?

Fuentes del CEN aseguran que el rompimiento de Deloya con Ochoa no fue culpa del primero.

Tampoco hubo una causa justificada.

No.

En realidad, desde casa, el presidente del Comité Directivo Estatal (CDE), Jorge Estefan Chidiac, y la ex candidata derrotada a la gubernatura, Blanca Alcalá Ruiz, tejieron una trama de lavadero contra Deloya Cobián.

El tema es complicado y frívolo a la vez.

Primer acto:

Deloya, quien tiene muchos seguidores, casi fans, entre las tres generaciones que llegó a graduar en la Escuela de Cuadros, lo comenzaron a mencionar como posible dirigente estatal del tricolor.

Se llegó a asegurar en los círculos priístas que sería el relevo de Estefan.

Sobre todo, ahora que el diputado poblano logró la presidencia de la -poderosa y ambicionada- Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de San Lázaro.

Además de que hay muchos que no lo quieren, Estefan ya no tiene tiempo ni posee las cualidades suficientes para desempeñar los dos cargos a la vez.

Deloya se dejó apapachar con los halagos.

Pensó que no hacían mal a nadie y eran bien intencionados.

Segundo acto:

Esto no gustó a Estefan.

Sintió pasos en la azotea.

Luego Blanca Alcalá, con su típica carita de “yo no fui”, metió cuchara y comenzó a lanzar veneno contra el hoy defenestrado presidente del ICADEP.

Uno y otra vez vieron amenazado su coto personal, su feudo; precisamente a lo que ambos han reducido al PRI en el estado.

Filtraron que lo exiliarían a Tlaxcala.

Luego, se quejaron de sus críticas, por la actuación dubitativa de la dirigencia estatal.

La senadora también vio la oportunidad de cobrar revancha por la supuesta falta de apoyo de Deloya en su caótica campaña para la gubernatura.

En realidad, como se sabe, ella ve a todos como enemigos y traidores. Totalmente incapaz de hacer la mínima autocrítica a su desastrosa búsqueda de Casa Puebla.

Es un tema que ya no superará.

Entonces, él y ella se encargaron de hablarle a Ochoa Reza pestes de quien en 2013, bajo el padrinazgo de César Camacho, tomó las riendas de ese instituto que se supone prepara a los líderes priístas del futuro.

Sembraron pus en sus oídos y él terminó odiando a Deloya.

Tercer acto:

Ochoa Reza hace a un lado al poblano en las reuniones estratégicas del CEN y en público deja ver su desprecio, ese que sembraron en el ex director de la Comisión Federal de Electricidad los paisanos de Guillermo Deloya Cobián.

El hombre de Luis Videgaray en el edificio de Insurgentes Norte, en la ciudad de México, no asistió a la graduación de la Tercera Generación de la Escuela de Cuadros.

Ochoa también dejó con las ganas de conocerlo, pues nunca los recibió, a los tres primeros lugares en desempeño.

Tampoco atendió la invitación a la final de los Círculos de Debate.

A todos esos actos tradicionalmente acudía el presidente del partido.

Borró de un plumazo la inclusión de Deloya en los desplegados del PRI contra el gasolinazo, a pesar de que él formaba parte de CEN como presidente del ICADEP.

Ni lo vio ni lo oyó más.

Dejó de existir.

El poblano recibió como bofetada la frialdad de esa indiferencia.

Ese desdén que duele más que los vituperios, orillaron a Deloya a renunciar al ICADEP.

Cae el telón.

Pero hay más tras bambalinas.

El político poblano ya afila la espada.

Viene el revire.

En muy poco tiempo será anunciada su nueva posición en el gobierno federal.

No lo han abandonado sus amigos.

Entre ellos, muchos experimentados y poderosos.

También con él, un ejército de jóvenes cuadros, a quienes él contribuyó a formar.

Mientras, en las redes sociales un batallón de bots aplauden a Deloya e insultan al PRI y a Ochoa.

Le reprochan dejarlo ir.

Parece el colofón de la operación besos de Judas.

Buscan hacer creer que Deloya los envía.

Sin embargo, tienen el sello de las oficinas de la Diagonal Defensores en la ciudad de Puebla.

Parece venir de los mismos que están detrás del cangrejismo.

Esos poblanos crustáceos que no quieren que un paisano sobresalga.

Los que, en la misma cubeta, luego de ser atrapados, jalan las tenazas del que busca alcanzar la superficie y salir. De ahí que no se necesite ponerles tapa.

Así se confirma la tesis: los piístas poblanos son los peores enemigos de los mismos priístas poblanos.

No, no tienen remedio.

gar_pro@hotmail.com

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