LA SANGRIENTA CARNICERÍA EN MORENA POR LA CANDIDATURA A CASA PUEBLA

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En un tiempo récord y con disfrazada -aunque aguda- beligerancia, los militantes del Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) han mostrado lo peor de sus intenciones, lo más podrido de sus entrañas y lo avieso de su acciones en la disputa por la candidatura al gobierno del estado de Puebla. En una lucha casi a navaja desnuda -es metáfora-, el bando de los “puros”, fundadores del lopezobradorismo en el estado, anula, veta y bloquea a los advenedizos que llegaron del PRI, PAN, PRD y Movimiento Ciudadano (MC), algunos de los cuales recibieron la invitación a sumarse desde la misma cúpula nacional. Muy lejos de los principios democráticos de izquierda que predica Andrés Manuel López Obrador, el presidente estatal del partido, Gabriel Biestro Medinilla, dejó ver a “ese pequeño priísta”, autoritario y sucio, que llevaba dentro, con la complicidad del diputado federal Rodrigo Abdala. Incapaces de construir la unidad, los morenistas -en cambio- muy bien y con gran velocidad están pavimentando su camino a la derrota.

La ficticia armonía entre los originales y los tránsfugas mutó en agria guerra, primero, y en pleito a muerte, ahora, por la designación del coordinador organizacional del estado, quien de facto será el precandidato único hacia 2018.

La división se dio al grado que deberá intervenir la dirigencia nacional para sumar dos nombres más (los de Alejandro Armenta y Luis Miguel Barbosa) a los tres que eligió este domingo el Consejo Estatal: Rodrigo Abdala y los célebres desconocidos Abelardo Cuéllar Delgado y Marco Alonso Aco Cortés.

Con la suma de esos cinco aspirantes al cargo que abre las puertas a la candidatura a Casa Puebla, en definitiva serán las encuestas las que legitimen al candidato que López Obrador señale con su mesiánico dedito.

Cual emboscada, Biestro preparó con Abdala, sobrino político de Manuel Bartlett, un consejo a modo para sembrar aspirantes de cartón y beneficiar al segundo.

En una sesión a puerta cerrada, llena de sospechas y manchada por la opacidad, la mayoría de los “puros” -algunos por convicción, otros presionados y unos más amenazados- eligieron una terna, en la que solamente Abdala tiene verdaderas posibilidades de convertirse en el precandidato a gobernador.

En ella dejaron fuera al ex priísta Alejandro Armenta Mier, al ex perredista Luis Miguel Barbosa Huerta y al camaleónico José Juan Espinosa. Quizá previendo lo que sucedería, o tal vez para evitarse quedar exhibido como un político débil y convenenciero que se mueve según el viento sople a favor, el ex panista Fernando Manzanilla –el cuñado incómodo- mejor prefirió evitar la fatiga y se excluyó del cónclave morenista.

Desde el Comité Ejecutivo Nacional vendrá ahora la rectificación para la dirigencia poblana que encabeza, con tono mafioso, Biestro Medinilla.

Sumará a esa terna al diputado ex priísta y al senador ex perredista, para no mandar así desde Puebla un nefasto mensaje para los advenedizos que todos los días se suman al partido del tabasqueño en todo el país, con la esperanza de obtener candidaturas.

A pesar de ello, seguirá siendo bastante complicado que MORENA alcance la unidad.

Las escisiones siempre, en todos los casos y en todos partidos, garantizan la derrota.

No hay posibilidad de que los puros acepten a los tránsfugas a quienes, por cierto, se les abrió la puerta para Puebla desde la Ciudad de México, pero nunca localmente.

En medio de todos estos conflictos, presentes y por venir, se decidió también que una mujer sea candidata a la alcaldía por MORENA en Puebla capital, sin que se vea en su horizonte a una abanderada competitiva.

La división es irreversible.

El debilitamiento inexorable.

Y el fracaso, muy, pero muy previsible.

gar_pro@hotmail.com

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