LOS BACHES Y EL 2018

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Un estudio reciente señala que, además de la inseguridad y la crisis económica –reflejada esta en desempleo y bajos o nulos ingresos de las familias-, los baches también son una poderosa razón de voto y que dos de cada 10 ciudadanos en promedio castigan al gobierno en turno a pie de urna por esta situación, básicamente porque les impacta en el día a día en dos sentidos: en su bolsillo (al tener que pagar para sustituir o reparar las llantas dañadas de sus vehículos y/o asumir el desgaste en las suspensiones o frenos de los mismos) y en su calidad de vida (lo mínimo que se espera de una autoridad es que mantenga en buen estado las vialidades donde habitualmente se transita para llevar a los hijos a la escuela o para ir al trabajo).

Hoy –cómo negarlo-, Puebla capital padece una verdadera crisis de los baches y la situación ya empieza a reflejarse incluso en algunas encuestas que desde hace al menos cuatro semanas vienen midiendo el pulso social de cara a la elección de 2018, cuando estará en juego todo, incluyendo la gubernatura y la presidencia municipal más importante del estado.

Hay mucha molestia en amplios sectores de la población y no es para menos; un ejemplo: el pasado sábado en la noche al menos 20 automovilistas sufrieron desperfectos en sus vehículos en el bulevar Cadete Vicente Suárez, muy cerca de la zona militar, por un auténtico cráter, mil veces reportado pero mil veces desatendido por quien, en los hechos, ha resultado uno de los peores enemigos del alcalde Luis Banck: su secretario de Infraestructura y Servicios Públicos, David Aysa de Salazar, un personaje ausente e insensible a esta y otras problemáticas urbanas de urgente atención en una gran ciudad como Puebla.

Es lo malo de poner a un técnico a atender asuntos de alto contenido social pero también de notable impacto político.

Todavía peor: la madrugada del lunes una pareja –hombre y mujer- detuvo su marcha en el Periférico Ecológico para cambiar una llanta averiada por un bache; la desgracia llamó a la desgracia: no colocaron ninguna señal de advertencia y debido a lo oscuro de la zona, un vehículo los arrolló y dejó tirados sin vida.

Nadie puede culpar directamente a la autoridad de un infortunio de esta magnitud, pero es cierto que desde hace mucho tiempo las quejas se han venido acumulando en las oficinas municipales, donde la lentitud o abierta omisión en la respuesta comienzan a generar enojo e irritación en amplias capas de la población, que observa que pasan los días, las semanas, los meses, y el mismo bache sigue ahí, sólo que cada vez más grande y cada vez más peligroso.

Basta echar un vistazo a las redes sociales para palpar lo anterior. La Puebla de los Ángeles o la Puebla de Zaragoza han sido bautizadas como la “Puebla de los baches”, y hay docenas de burlas y memes, así como fuertes reclamos, todos ellos dardos –eficaces, en su mayoría- que apuntan directamente al nivel de aprobación de un Luis Banck con sólido proyecto político personal.

Por supuesto que no hay recursos económicos que alcancen para resolver lo que ninguna administración municipal, en ninguna época, ha podido solucionar del todo, pero incluso en el ayuntamiento de Puebla, en el entorno del citado David Aysa, muchos se preguntan por qué esperar a que la situación haya hecho crisis, para entonces ponerse manos a la obra.

En otro país, con una cultura de auténtica rendición de cuentas, funcionarios como este ya hubieran sido despedidos por incompetentes. ¿Y así quiere ser candidato a diputado?

Es muy comprensible que soluciones más duraderas como el concreto hidráulico, son imposibles de aplicar en todas las calles de una capital como la del estado Puebla por su elevadísimo costo; y que las fuertes lluvias de la temporada, algunas de ellas verdaderamente inéditas en cuanto a intensidad y frecuencia, han agravado el problema, pero eso a la ciudadanía no le importa demasiado: quiere una respuesta rápida y eficaz, o al menos saber que está siendo escuchado en su reclamo, algo que no sucede precisamente desde la Secretaría de Infraestructura y Servicios Públicos.

Ante la invisibilidad y hasta abulia de David Aysa, tuvo que ser el propio Luis Banck –un alcalde que sí camina y gasta suela en las calles de la ciudad y de sus juntas auxiliares- quien el pasado fin de semana tomó la decisión de adelantar el programa “Bachetón 3.0”, una nueva versión del programa institucional diseñado por su administración para aliviar algunas de las deficiencias en el pavimento en miles y miles de avenidas principales y laterales; y hay que remarcar “algunas”, pues en su más reciente edición apenas alcanzó a tapar 50 mil baches en 60 días, con una inversión de entre 12 y 15 millones de pesos -50 mil de un universo prácticamente infinito-.

¿Será suficiente el “Bachetón 3.0” –con todo y su “nueva tecnología”- para superar la crisis y, digamos, apaciguar la molestia de los automovilistas capitalinos, verdaderos conductores suicidas, expertos forzados en sortear los enormes hoyos que ya forman parte del paisaje urbano de todos los días?

¿Se evitará que la irritación se exprese en las urnas, castigando al partido en el poder, el PAN, y a sus candidatos, sean quien sean éstos, como indican algunos estudios sobre comportamiento electoral?

¿O los baches acabarán por abrir un tremendo –e irreparable- socavón político, con consecuencias directas, directísimas en el resultado de la elección del próximo año en una ciudad que ya de por si, según algunos estudios, es la sexta del país con el peor tráfico y la que mayores contratiempos presenta para manejar según el Índice Global de Satisfacción del Conductor 2016 realizado por la aplicación Waze?

Quién sabe, pero todo, y todo es todo, va a contar en el 2018, la más salvaje de todas las contiendas por el poder local.

gar_pro@hotmail.com

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