Mario Alberto Mejía
¿Cómo explicar la llegada de Ignacio Mier Velasco al odiado zavalismo?
¿Cómo entender su declinación?
¿Cómo justificar el arribo de los hijos pródigos?
¿Cómo le hará para borrar los agravios y para convencernos de que Javier López Zavala ya no es un “chiapaneco” non grato en Puebla?
¿Cómo convencerá a Manuel Cuadras de que Zavala es la mejor opción?
¿En qué lugar del baúl mental de la historia esconderá los huevos podridos que le lanzó al candidato electo del PRI a Casa Puebla?
¿Cuántos sapos se tragará antes de que Enrique Doger Guerrero se sume también a la campaña zavalista?
Uf.
El pasado 25 de febrero (hace exactamente dos semanas) publiqué una columna que generó dos tipos de reacciones: aplausos y abucheos.
Los primeros llegaron de gente informada y amiga.
Los segundos: de los clásicos francotiradores sin fusil.
Repito algunos fragmentos de esa columna para que el lector entienda mejor lo que hoy estamos viendo: la llegada del dogerismo al zavalismo:
El desenlace de la trama protagonizada por Enrique Doger Guerrero romperá con el mínimo decoro y, en consecuencia, con el más elemental sentido común.
Y es que lejos de una esperada ruptura con el PRI, el candidato a Casa Puebla y el mismísimo gobernador, el ex rector de la BUAP optó por negociar y creer en la palabra empeñada por Javier López Zavala y Alejandro Armenta Mier, y en una tercera involucrada: Beatriz Paredes Rangel, quien será la garante de que los acuerdos se cumplan.
¿Qué le ofrecieron a Doger para que se quedara en el PRI y abortara su Operación Valquiria?
¿A cambio de qué dejó varados a Rafael Moreno Valle Rosas y a los abortistas del PRI?
¿Qué le pusieron en la mesa que lo hizo recular?
(…).
Cuando trascendió que López Zavala estaba por arriba de su más cercano contendiente –Doger- por más de diez puntos, el resto de los precandidatos empezó a declinar, fieles a los acuerdos signados en las reuniones privadas.
Pero nuestro personaje se mantuvo serio, imbatible, inmutable, como la estatua de un héroe de la Reforma en un día redondo de verano.
A la par de esa actitud juarista, trascendió una versión que lo acompañó durante varias semanas: el doctor está negociando la candidatura del PRI a la Presidencia Municipal de Puebla.
En ese momento sobrevinieron varias cosas: apareció la convocatoria del PRI, el gobernador vetó a Doger para la alcaldía, Zavala se siguió moviendo a favor de su contendiente y se registró ante la Comisión de Procesos Internos, el ex rector hizo lo propio y criticó a Mario Marín y al denominado “candidato oficial…”.
Siguieron las negociaciones.
Cobró fuerza la versión de que Doger se iría a la alianza que encabezaría Moreno Valle.
En ese mismo lapso, el doctor cabildeó con Manuel Camacho Solís y Jesús Ortega, pero los panistas expresaron su recelo.
Zavala se convirtió en el único precandidato que cumplió con los requisitos de la convocatoria y Doger se inconformó.
Las versiones de que se iría a la alianza de Moreno Valle se fueron a la alza.
El Tribunal dictó su fallo y Doger quedó fuera de la contienda del PRI.
Se esperaban las reacciones: furiosas, desatadas, delirantes.
No pasó nada.
O sí: Doger se presentó ante la prensa con un discurso sospechosamente matizado.
Los días pasaron.
Moreno Valle lo urgió a definirse.
Vinieron los desencuentros.
Y las negociaciones (nuevas) con el PRI y sus pescaditos.
Una comida, la tarde del sábado, luego de la resolución del Tribunal, empezó a apagar el fuego.
En estos días, en las últimas horas, se concretó el acuerdo: Doger ya no se irá del PRI.
¿Qué se negoció?
Vea el lector:
Dos Secretarías de despacho en la (eventual) administración zavalista:
Una grande (la SEP) para Doger.
Una chica –Turismo, la del Migrante- para Nacho Mier o para el inefable Jorge Ruiz.
Dos candidaturas a diputaciones plurinominales: la primera para D.
La segunda: para M.
Dos candidaturas a diputaciones uninominales: una para Enrique Chávez Estudillo, otra para Gerardo Corte.
Varias posiciones en la lista de regidores de Puebla.
Y una decena de candidaturas a presidencias municipales del interior.
Y se habla de que los gastos de precampaña también irán en el paquete.
Beatriz Paredes, faltaba más, será la garante de los acuerdos.
Este tren no lleva leones.
Tampoco tiene boleto de regreso.
El Sospechoso Caso del Sombrerero Loco o de Cómo el Niño Naranja se Convirtió en el Niño Toronja.
A José Juan Espinoza, dirigente estatal de Convergencia, nadie le cree.
Durante varias semanas insistió en que nunca, jamás, se sumaría a apoyar a Rafael Moreno Valle Rosas.
Le creímos.
Luego dijo que Convergencia no se sumaría a la alianza PAN-PRD-ElbaEsther.
Le creímos.
Luego dijo que si Convergencia se sumaba a dicha alianza él renunciaría en el acto a la dirigencia estatal.
Le creímos.
Los días que siguieron lo vinieron a desmentir y a ubicar en su papel: el de un mentiroso cholulteca.
Vea el lector:
Convergencia se sumó a la alianza y el ex Niño Naranja (hoy convertido en Niño Toronja) no renunció.
Lejos de eso –con su cara de tragar sapos-, le levantó el brazo a Moreno Valle y hasta celebró la desmemoria de los poblanos con declaraciones que ruborizarían a un político decente.
Ahora, en Huauchinango, ha venido insistiendo en que el candidato de la alianza a la alcaldía –cuya posición pertenece a Convergencia- saldrá del PAN, del PRI o de cualquier otra expresión, excepto de la sociedad civil.
¿Le creemos?
No tenemos por qué hacerlo.
Y es que todo lo que dice o eructa el Niño Toronja hay que traducirlo exactamente al revés.
En su dialecto: sí es no y viceversa.
Vea el lector:
La tarde del martes 9 de febrero hubo una singular reunión con los medios de comunicación en Huauchinango.
El centro de atención fue Edgar Sánchez Gómez, el zavalista que anduvo haciendo públicos sus “problemas personales” con Rafael Moreno Valle y que hoy quiere para sí o para uno de los suyos la candidatura de la coalición a la presidencia municipal de Huauchinango, sólo porque le tocó proponer a Convergencia en una mesa donde las candidaturas todavía estarán sujetas a medición y perfiles en la propia coalición.
Ahí estuvieron José Juan Espinoza, dirigente estatal de Convergencia, Carlos Miguel Ignacio López, su esposa Maricela Duarte y Roberto Guzmán Restori. El asunto fue declarar, sin importarles nada la actitud excluyente de su discurso, que se cierran las puertas a candidaturas ciudadanas. Esto, en clara respuesta a la creciente simpatía que ha levantado en distintos sectores la precandidatura del periodista recién metido a la política Jorge Armando Hernández Cabrera. Pero fueron más allá, el propio Edgar Sánchez anunció que en su caso “prefiere apoyar a un priísta que a que le impongan un candidato externo”. Y los demás mencionados lo respaldaron como una comparsa de huehues. El coqueteo con el PRI no es nuevo, y eso lo sabe muy bien el propio Edgar Sánchez, quien antes de asumirse como “el bueno” por Convergencia, estuvo insistiendo con “su gente” de Huauchinango que ahora había que apoyar a Zavala, de quien es incondicional y pregonó que con Moreno Valle no podría “ir” porque tuvo muchos problemas con el hoy candidato cuando fue Secretario de Finanzas. Esto suena a berrinche con una mezcla de patadas de ahogado. Así no se ganan candidaturas.
Además, se sabe muy bien que las figuras del ex alcalde panista Carlos Migue Ignacio y esposa, han estado actuando como cartas de los propios Amador infiltradas en el PAN (en este y otros procesos), lo que no descarta que prácticamente le estén guiñando el ojo y sirviendo de avanzada a Omar Martínez Amador, sobrino de Alberto Amador Leal, en caso de que no le otorguen la candidatura priísta. Y en caso de que ésta recaiga en el empresario Goyo Marroquín.
Pero eso no queda ahí. En su arenga, que incluso fue diferida en el canal 8 de cable de Huauchinango, el “niño naranja”, como se le conocía al dirigente estatal de Convergencia, hizo mención de La Quinta Columna y de quien esto escribe. Con un dejo de ironía cholulteca (sublime, pues) espetó: “ah, pues creo que es su paisano, un tal Mejía, ¿lo conocen?”. Haciendo mofa de La Quinta Columna del martes 2 de marzo y negando que Edgar Sánchez, ó el, la estén haciendo de caballos de Troya de de Zavala en la coalición vía Huauchinango. Con esos “coaligados”, qué les espera con los adversarios.
Edgar Sanchez, quien ya carga con dos derrotas convergentes en su espalda, ha llegado a tal desesperación por perderse del pastel que ya sentía servido en su mesa (con una mezcla convergente-zavalista ), que el coraje lo ha llevado a montar eventos tan absurdos y arbitrarios como el de excluir a los ciudadanos que no militan en ningún partido de un derecho inalienable de todos los ciudadanos, el de votar y ser votados.
Tal parece que estos convergentes, se pintan de intransigentes e intolerantes cuando la inercia de las cosas no les convienen. Desesperación y patadas de ahogado.
Antes, el día jueves 25 de febrero, para ser exactos, a eso de las 5 de la tarde se reunieron un grupo interesante de personas: Edgar Sánchez Gómez, el autonombrado candidato de Convergencia de Huauchinango, Alfonso Orta, presidente del Consejo Estatal de Convergencia, Javier López Zavala y José Juan Espinoza, el “niño naranja”. ¿El lugar? un salón privado de conocido restaurante ubicado en la calle Juárez de la ciudad de Puebla. ¿El motivo? Decir salud por algo. Hombre, uno no se pone a brindar así porque sí con el candidato a gobernador del PRI. Y menos siendo “convergentes”.