La Transición Política en el Verano de Nuestro Descontento

Mario Alberto Mejía

La que viene no será una transición cualquiera.

En ese sentido: no será una simple y vulgar transición administrativa.

Será, es claro, algo más que eso: una transición política.

No se trata de cambiar de lugar los escritorios y de mandar a hacer nuevas tarjetas de presentación.

No se trata de que en los organigramas aparezca tachado un nombre y palomeado otro.

No es, pues, un asunto de papelería solamente.

Es algo que va más allá de las circunstancias: algo que trasciende a todos los involucrados.

Se trata de una transición política como no se había dado nunca, jamás, en el estado.

Su antecedente más cercano ocurrió en el año 2000, cuando Vicente Fox llegó a Los Pinos.

El problema es que en ese caso todo se quedó en buenas intenciones.

Fox pudo ir más allá y no quiso.

Pudo cambiar el Sistema y fue incapaz.

Prometió demasiado y no llegó a punto alguno.

O sí: arribó al mismo lugar del que partió.

Todo lo dejó igual para no alterar las cosas.

Y la gente terminó por decepcionarse.

Rafael Moreno Valle Rosas tiene el bono democrático más grande dado jamás por los ciudadanos poblanos.

Eso lo hace responsable, sin duda, de cumplir con todas las expectativas.

En ese sentido, la que viene no será una transición cualquiera.

Tiene que ser, obligadamente, una transición política, lo que incluye un cambio de actitud y un Gobierno con otras características.

Es decir: el gobernador electo tendrá que cambiar el sistema de cosas para que su administración funcione.

Es de esperarse, pues, que la Comisión de Transición empiece por escuchar a los ciudadanos a través de diversos mecanismos.

Uno de ellos, aunque parezca caduco, son los foros.

Foros de opinión en los que se escuchen las voces auténticos de los críticos y los disidentes.

Foros en los que no se rasuren las ponencias.

Foros en los que prevalezca el ánimo de oír y no de imponer.

Foros en los que participen, necesariamente, todos los actores posibles.

Lo mismo priistas que panistas, etcétera.

El gobernador Mario Marín y su partido también tendrían que participar en dicha transición para que la sociedad no lo rebase.

Lo contrario sería un pésimo signo en estos momentos de inclusión.

En Zacatecas, por ejemplo, la transición ya empezó a darse.

La gobernadora Amalia García ya se entrevistó con su sucesor priista y han empezado a generar la dinámica que exigen estos tiempos.

Quienes piensen que no urge la puesta en marcha de este proceso corren el riesgo de quedarse en el Museo de Cera de la Política Inamovible.

No hay forma de hacerse a un lado.

Hay más riesgos en eso que venturas.

***Ayer, en las páginas de Milenio Puebla, el que esto escribe publicó las siguientes líneas:

Una de las ventajas que tiene Rafael Moreno Valle Rosas es que llega a la gubernatura

de Puebla sin compromisos de ninguna especie.

En otras palabras: sin pactos ominosos con grupos de poder, sin candados absurdos, sin

acuerdos en lo oscurito.

Es decir: sin haber hipotecado el futuro del estado.

Llega, además, con un brutal bono democrático extendido por los ciudadanos gracias al

millón 111 mil 318 votos obtenidos el 4 de julio.

Llega con las más altas expectativas de cambio que gobernador alguno haya tenido.

Llega con una alianza en la que caben lo mismo panistas que priistas, panalistas,

convergentes, perredistas y una sociedad ávida de nuevas formas políticas.

Parece fácil. No lo es.

Y es que al ahora gobernador electo le exigirán desde el primer momento una nueva

actitud, lo que debe reflejarse en la conformación del Gabinete y en el primer mensaje

que envíe como gobernador constitucional.

Quizás por eso, desde ahora, se ha puesto a trabajar en un tema trascendente: la entrega-

recepción.

En este tema hay dos actores centrales: el gobierno que se va y el gobierno que viene: el

gobernador Marín y el gobernador Moreno Valle.

No podía ser de otra manera.

Aunque el gobierno de Mario Marín Torres concluye el lunes 31 de enero a las 12 de la

noche, lo cierto es que en este momento, en Puebla, ya hay dos gobernadores.

Y aunque en la Constitución local no aparece la figura de una Comisión de Transición –

inaugurada por Vicente Fox luego de que ganó las elecciones en el 2000-, es inevitable

la conformación de esta.

No sólo inevitable: es deseable.

Y es que la mudanza de una administración a otra no es cosa fácil.

Se requiere tiempo, esmero y disposición.

Y más: se requiere de un equipo de transición que trabaje en los temas centrales de la

nueva agenda y, en consecuencia, tenga a la mano la información del gobierno que se

va.

Y aunque hay voces que juran que ese proceso podría darse en los últimos quince

minutos del sexenio –fecha en la que también se reunirían Marín y Moreno Valle-, lo

real es que un proceso de esta naturaleza exige sensatez y buena fe, tanto en los tiempos

como en la entrega.

No es tarea fácil entregarle una administración al hombre que sacó al PRI de Casa

Puebla.

Ni es fácil, ni es agradable.

Ni fácil, ni agradable, ni imaginable.

Pero es la realidad.

Y ya se sabe que ésta suele ser –sobre todo para los derrotados en política- dura, ruda y

amarga.

Este es el caso.

Es claro que Marín no tenía pensado entregarle la administración a Moreno Valle.

(Sus planes eran otros: darle la estafeta a Javier López Zavala y con ella un boleto

para recorrer Europa durante varios meses, para luego, ya en enero de 2011, realizar la

entrega-recepción).

Pero las cosas no resultaron como estaban contempladas y Moreno Valle ganó la

elección.

Eso implica, naturalmente, cambios de estrategia, de operación y hasta de actuación

política.

Como buen financiero, el gobernador electo tiene un especial interés en las

finanzas estatales, sobre todo ahora que el presidente Calderón le prometió apoyos

extraordinarios durante su sexenio.

Quiere saber, y es natural, el estado en que recibirá la administración.

Es decir: el tamaño real de la deuda, el déficit en las finanzas y si el crédito bancario por

2 mil 500 millones de pesos –otorgado por BBV Bancomer- está por operarse o no.

Es claro que en este momento los actos del gobierno que se va le pegarán al gobierno

que llega.

Es algo así como el Efecto Mariposa: que un simple aleteo influye hasta en el cambio

climático.

Moreno Valle no quiere que en Puebla pase lo que está ocurriendo en Oaxaca, donde el

gobernador Ulises Ruiz ya está manejando un crédito por 500 millones de pesos para

tapar los baches de su administración, además de que les dio bases laborales a unos

cinco mil empleados de confianza.

Estas bombas, obviamente, no las quiere el gobernador electo.

De ahí su preocupación por la puesta en marcha de la Comisión de Transición.

Vicente Fox obtuvo del entonces presidente Ernesto Zedillo una partida especial para

que operara la misma, lo que incluyó un edificio, mobiliario de oficinas, vehículos y

salarios.

¿La administración Marín hará lo mismo en Puebla?

Es una duda que mata.

Quienes se desvelan pensando en los nombres que integrarán el Gabinetazo de Moreno

Valle tendrían que contemplar primero el proceso aquí citado.

Y es que de eso dependen muchas cosas por venir en la siguiente administración.

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