El Nobel de Literatura ha reconocido este jueves 9 de octubre al húngaro László Krasznahorkai “por su obra convincente y visionaria que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte”.
La Academia Sueca destacó que el segundo autor húngaro en ganar el premio, después de que Imre Kertesz lo hiciese en 2002, es un “gran escritor épico en la tradición centroeuropea que va desde Franz Kafka a Thomas Bernhard” y cuya obra destaca “por el absurdo y los excesos grotescos”.
Krasznahorkai figuraba en la lista de favoritos de las quinielas previas y de las casas de apuestas, junto a otros autores como la china Can Xue y el australiano Gerlad Murnane.
Su obra
Su principal obra es Sátántangó (Tango satánico, 1985): su primera gran novela, ambientada en un pueblo abandonado tras la caída del comunismo. Es una alegoría sobre la corrupción, la fe y la manipulación colectiva. La versión cinematográfica de Béla Tarr (de más de siete horas de duración) consolidó la fama internacional de ambos artistas.
Otros de sus trabajos más reconocidos son:
Az ellenállás melankóliája (Melancolía de la resistencia, 1989): explora la irrupción del caos en una comunidad provincial y el enfrentamiento entre el orden y el colapso moral.
Guerra y guerra (1999): “En un oscuro puente del ferrocarril, Korin está a punto de ser atacado por unos violentos adolescentes. Desesperado, enloquecido, pero siempre empático, ha descubierto en los archivos de una pequeña ciudad húngara un antiguo manuscrito de sorprendente belleza: narra la épica historia de dos camaradas que luchan por regresar a casa tras la guerra. Korin está decidido a suicidarse, pero antes de hacerlo cree que debe huir a Nueva York con el precioso manuscrito y preservarlo para la eternidad colgándolo en una web…”
Herscht 07769 (2021): esta narración está compuesta por una sola frase de cientos de páginas, ejemplo extremo de su dominio formal y su experimentación lingüística.
Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río. (2007, 2017): Fuera del tiempo y del espacio vive el nieto del príncipe Genji, quien llega hasta un antiguo monasterio en Kioto. Va en busca de un bello y legendario jardín y en ese largo camino, poético y sereno en la narración de Krasznahorkai, se adentra en los procesos de construcción de ese monasterio, en la geología de esa tierra, y en la búsqueda de los ideales. La influencia de la filosofía zen es algo a lo que se ha referido con frecuencia el autor húngaro y con este libro le rinde homenaje.
El barón Wenckheim vuelve a casa (2024): Tal y como anuncia el título, el barón protagonista de esta novela regresa al final de su vida a la pequeña ciudad húngara donde creció. Escapa de las deudas de juego que adquirió en Buenos Aires, donde vivía en el exilio, y anhela reencontrar a su amor de adolescencia, Marika. La historia de este peculiar lugar aflora entre voces y relatos de farsantes, rumores, políticos locales. Mientras tanto, el Profesor, un científico que vive retirado en un austero refugio Zen fuera de la ciudad, irrumpe con largas disquisiciones con las que trata evitar pensar. Es la más reciente de las obras traducidas de este autor al castellano.
Además, ha publicado colecciones de relatos y ensayos que profundizan en los mismos temas: la soledad, la violencia y la imposibilidad de redención.
Sus textos se han traducido a numerosos idiomas, y varios de ellos han sido adaptados al cine por directores como Béla Tarr y György Fehér.
Maestro del apocalipsis
Nacido en Gyula (sudeste de Hungría, 1954), estudió Derecho entre 1973 y 1978, pero acabó dejándolo para alternar distintos empleos como minero y vigilante de seguridad, a la vez que desarrollaba su gusto por la escritura.
En 1977 inició sus estudios de Filología Húngara en la Universidad de Budapest y comenzó a publicar en varias revistas literarias.
Su primera novela, “Tango satánico” (1985), relata la historia de un grupo de personas que vive en una granja colectiva abandonada poco antes de la caída del comunismo: fue una sensación literaria en su país y sería llevada al cine una década después, la primera de sus colaboraciones con el director Béla Tarr.
El “maestro del apocalipsis”, como lo definió la crítica literaria estadounidense Susan Sontag, publicó luego “Melancolía de la resistencia”, una “fantasía del terror” sobre la lucha entre el orden y el desorden, según resalta la Academia en su motivación.
“El barón Wenckheim vuelve a casa” (2016), sobre un barón adicto al juego y arruinado que quiere volver a Hungría tras vivir exiliado en Argentina, está considerada otra de sus grandes novelas.
Krasznahorkai ha recurrido también a la tradición oriental en su obra, buscando un estilo más contemplativo y de tono mesurado, como queda reflejado en “Al norte la montaña, al sur el lago, al oeste el camino, al este el río” (2003) e “Y Seiobo descendió a la Tierra” (2008).
Convertido en escritor de culto en la última década, su visión apocalíptica es relacionada por algunos críticos con la pérdida de valores del régimen comunista y, luego, con la visión de una civilización occidental en declive.
Sólo quería escribir un único libro
En sus primeras declaraciones tras conocer la noticia del Nobel, Krasznahorkai confesó a Radio Suecia que inicialmente quiso escritor sólo un libro y no convertirse en escritor.
“Sólo quería escribir un libro, no quería ser escritor, porque no quería ser nadie”, dijo.
Krasznahorkai relató en conversación telefónica que años después de publicar su primera novela, sintió que no era perfecta y que quería mejorar su estilo, por lo que decidió escribir otro libro, un proceso que se fue repitiendo de forma sucesiva.
“Mi vida es una corrección permanente”, declaró el autor húngaro.
Krasznahorkai dijo sentirse “muy feliz” por el premio y “tranquilo y muy nervioso a la vez”.
“Es el primer día de mi vida como ganador del premio Nobel. No sé qué va a ocurrir en el futuro”, afirmó.
Con información de EFE, The Conversation, ABC y El País

