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No todo

No todo

“No todo se explica.

No todo tiene respuesta.

No todo tiene sentido.

No todo es justo.

No todo es lógico.

Aprende a vivir con eso”.

Aristóteles decía que todos los hombres desean por naturaleza saber. Como buenos homo sapiens es precisamente el pensamiento lo que nos va comiendo el cerebro. Queremos comprender o dar sentido a cada asunto de la existencia. Está en nuestra evolución: domar al fuego, conquistar el espacio, llegar al núcleo de los cromosomas, etc. Pero hay algo que es imposible de controlar y por ende comprender al cien por ciento aún: las emociones, la conducta y esos claroscuros psíquicos para los que la ciencia no basta.

El fin de semana escuchaba a una doctora enlistar todas las sustancias que funcionan como neurotransmisores y técnicamente hacen química para que nuestro sistema nervioso central opere y seamos estas “máquinas deseantes”, y no precisamente de las que hablaban los filósofos Gilles Deleuze y Félix Guatari en su obra El anti Edipo. 

¿Quién no ha quedado estupefacto cuando escucha lo que la dopamina, serotonina, adrenalina, oxitocina, la gaba o el glutamato influyen en nuestro día a día? 

Cualquiera puede  caer rendido cuando alguien le dice que el malestar que trae se arregla tomando una pastilla o haciendo una actividad que le ayude a producir esas sustancias mágicas. Sin embargo, ¿por qué aun cuando la farmacología haga lo propio, no es suficiente? ¿Por qué no alcanza a satisfacernos y el cuerpo o la mente nos sigue gritando palabras que no resuenan con la paz y armonía y felicidad? 

Desde el psicoanálisis sentido trabaja el “No Todo”, y es eso lo que nos hace “falta”, es la pieza que permite que el juego de la vida se ponga, precisamente en juego. Todos quisieramos certezas. No tenerlas es lo que nos enloquece. Nos tortura con un insomnio o con una angustia desbordante. 

Con suerte, algunos llegamos al diván, pidiendo al psicólogo una respuesta precisa, una explicación que de sentido al malestar. Generalmente, más allá de respuestas, con lo que los pacientes se topan es con más preguntas. Justamente una perspectiva lacaniana, permite establecer que no hay una verdad absoluta. Puede ser que un médico o psiquiatra nos prescriba un ansiolítico para reducir los síntomas de la ansiedad: insomnio, inquietud, sudoración, irritabilidad, fátiga, etc. Y en efecto, las drogas harán su efecto químico en nuestro organismo. Sin embargo, muchas veces, la angustia prevalece y no tiene forma, no hay una razón aparente. De ahí que la sugerencia a un tratamiento médico es el acompañamiento psicoterapeutico, para que el síntoma tome la palabra y hable. 

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