¿De quién habla el paciente cuando se queja en su sesión de análisis?
En un proceso psicoterapéutico pareciera a simple vista que la consulta es un espacio para vomitar todo lo que el otro “nos hace”.
Pero el dispositivo de la cura va más allá, si bien en un primer momento el paciente dirige su malestar hacia el Otro, ese Otro encarnado en su pareja, en su trabajo, jefes, gobernantes, salud, hijos, familia, etc. Al principio, el paciente narra que su malestar es provocado por el otro, sin darse cuenta de que él o ella ha decidido no moverse de ese lugar. Algo que en Psicología se conoce como la llamada “zona de confort”, en la que lo único cómodo es el goce.
Entonces, después de iniciar un proceso de análisis, la escucha activa debe pasar a un segundo momento, en el que el paciente se, da cuenta de que esa “queja” no iba dirigida a alguien actual en el aquí y ahora, sino que corresponde muchas veces a un reclamo no dicho que tiene que ver con el vínculo con sus padres, es decir, el malestar del cual el paciente se queja surge en su presente como un fantasma que aún vive y se alimenta de las vivencias de su pasado.
Luego entonces, llegamos a un tercer momento del proceso analítico que tiene que ver con preguntarse “¿cuál es tu propia parte en el desorden del que te quejas?.
Estos tres momentos conocidos como el instante de la mirada, el tiempo para comprender y el momento para concluir; forman parte de la Teoría de los Tiempos Lógicos en la que el psicoanalista francés Jacques Lacan plantea que a diferencia del tiempo cronológico de los relojes mundiales, la temporalidad en un sujeto se articula a través de estos tres momentos que le permiten atravesar la espera, la precipitación y el juicio que se requiere para llegar a su verdad. Es decir, pasar de la queja y la catarsis al llamado “darse cuenta”, pero sobre todo llegar a “hacerse cargo”.
Ya lo explica el psicoanalista lacaniano Jacques-Alain Miller, al indicar que “el acto analítico consiste en implicar al sujeto en aquello de lo que se queja, implicarlo en las cosas de las cuales se queja”.
Por supuesto que este transitar no tiene un número fijo de sesiones o meses en el diván, dependerá de cada sujeto, no es magia ni producto de las primeras tres consultas.
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