La celebración anual de 100 Horas de Astronomía tuvo una de sus sedes en el Museo de la Evolución de Puebla y hasta ahí llegaron decenas de niños y adolescentes cautivados por descubrir lo que existe más allá de nuestro cielo.
Como reportera conozco el trabajo del INAOE desde hace varias décadas cuando empezaron a realizar los estudios para construir el Gran Telescopio Milimétrico en la montaña La Negra.
Desde esa primera visita a finales de los noventa a las actividades de este domingo se registran avances a celebrar, en primera instancia, las labores de difusión.
Antes era difícil entender a los científicos, brillantes por supuesto, pero pocos tenían la habilidad de explicar qué hacían, cómo lo hacían y para que servía ese conocimiento a los mortales que apenas sabemos las tablas de multiplicar. Incluso, recuerdo su reticencia a las entrevistas y a la difusión de los resultados de sus investigaciones.
Este domingo me encontré con profesores y estudiantes felices de ser escuchados, con destrezas no sólo para compartir sus conocimientos, también para generar entusiasmo en niños y adultos.
Considero un paso importante la posibilidad de que un niño o un adolescente pueda dialogar efectivamente con investigadores y que dejen de ver la actividad científica como un asunto lejano a su vida cotidiana. De un lado observaba caras entusiasmadas por aprender, y del otro, esperanza de que alguno estudie ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas, física…
Otro avance significativo es la proporción de mujeres que hoy cursa o ejerce carreras STEM, alrededor del 38% de la matrícula en México, según estimaciones de UNICEF en 2023.
En al menos diez de las 15 mesas-taller que se instalaron en el Museo de la Evolución había mujeres jóvenes que estudian ciencias, en su mayoría en la BUAP. Rompiendo estereotipos ha quedado atrás la imagen de la mujer científica que debía modificar su aspecto, lenguaje y conducta para “encajar” en ese “mundo de hombres”. Todavía no hay paridad, pero las mujeres avanzan.
Pasé tres horas en el evento, las nubes nos jugaron en contra y no pudimos usar los telescopios. “Ya será en noviembre, en la noche de las estrellas”, nos animó un profesor del INAOE. Un niño preguntó cuánto falta para noviembre. Por supuesto, para nosotros los adultos faltan unos cuantos días, pero en los días de niñez es una eternidad.
Sí hay muchas cosas que celebrar en materia científica, pero todavía nos falta camino. Esas 100 Horas de Astronomía deben convertirse en un programa permanente, si bien existe “Baños de ciencia” del INAOE, el alcance es limitado. Es cierto que estas actividades se llevan a municipios de todas las regiones del estado, pero participan alumnos de dos o tres escuelas.
Ví mucho talento en las y los jóvenes estudiantes de nivel licenciatura para compartir y entusiasmar, ya tenemos divulgadores científicos, ahora hay que llevarlos a cada rincón de Puebla.
En mis andanzas del año pasado escuché a una joven maestra de primaria en Morelos contar que parte su favorita del ciclo escolar es el primer día de clases porque piensa que entre todos esos niños puede haber un astronauta: “¿se imaginan que yo le esté enseñando a leer, o a sumar, o los nombres de los planetas a una conquistadora o conquistador de estrellas?”.

