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Burnout (segunda parte)

Burnout (segunda parte)

Burnout

La normalización del sufrimiento y la urgencia del cambio.

El problema se agrava porque la sociedad aún normaliza el sufrimiento laboral. Existe una creencia tóxica y constante de que el dolor y el sacrificio en el trabajo son una parte inevitable (y hasta noble) de la vida adulta.

Si la alta exigencia del entorno laboral no es suficiente, la propia persona, empujada por el individualismo, se vuelve su propio explotador. La tendencia al perfeccionismo y la ansiedad por el éxito actúan como látigos internos, somos el jefe y el esclavo al mismo tiempo.

Mientras sigamos con la mentalidad de que el sufrimiento laboral es la norma, las acciones preventivas en el ámbito de trabajo —como un taller de “gestión del tiempo” o una “clase de yoga”— no tendrán un gran impacto, son, en esencia, curitas para una herida de bala.

Lo que el burnout nos está gritando es que necesitamos un cambio estructural a nivel social.

El sistema actual ha permitido que el capitalismo y la lógica del rendimiento dominen sistemáticamente todos los órdenes de la vida, desde el entorno laboral hasta el espacio personal, sin darle la prioridad real a la persona, nos venden la idea de que somos libres para elegir explotarnos a nosotros mismos, y que nuestra única meta es el éxito individual.

Y es aquí donde mi experiencia cobra sentido, yo, la psicóloga que entendía la teoría, la profesionista que vivió el estrés, y ahora fuera de esa presión de “no producir”, he comprendido que la cura no está solo en dejar el trabajo, sino en reconstruir nuestros valores.

Necesitamos recuperar esos anclajes que nos recuerden:

· Que tu valor no está en tu sueldo ni en tu título.
· Que la prioridad de la vida es la vida misma, no el rendimiento.
· Que somos parte de una comunidad, no islas de productividad.

El agotamiento es la señal de alarma, dejemos de verlo como un fracaso personal y comencemos a verlo como lo que es: una brújula social descompuesta que pide a gritos que volvamos a poner a la persona en el centro, es hora de cuestionar, colectivamente, a qué estamos dedicando nuestra única y preciada energía.

LA TRAMPA DE LA “CULTURA DEL SUFRIMIENTO” Y LA ILUSIÓN DE LA FELICIDAD

El análisis del Burnout nos obliga a confrontar una realidad incómoda: hemos normalizado el sufrimiento en el trabajo, esta “cultura del sufrimiento” nos enseña que el dolor, el sacrificio sin límites y el agotamiento son la prueba de nuestro valor. La mente nos dice: “si no estás al borde del colapso, no te estás esforzando lo suficiente”. Este es el yugo que nos autoimponemos al vivir bajo el único mandato del rendimiento.

Pero lo más perverso es cómo el sistema económico ha encontrado una nueva veta de explotación en esta crisis: la industria del bienestar.

Cuando el agotamiento colectivo se hace innegable, aparecen las soluciones rápidas y superficiales: talleres de mindfulness, aplicaciones de meditación, retiros espirituales carísimos y coaching de “alta productividad”. Estos productos nos venden la ilusión de que el Burnout es un problema de gestión individual, un defecto de carácter que se resuelve comprando la herramienta adecuada para ser más “resiliente” o más “feliz”.

Sin embargo, esta industria no ayuda a resolver el problema de fondo; al contrario, lo perpetúa, nos distrae de la verdadera tarea: cuestionar la estructura, nos dicen: “Sé feliz”, pero ignoran la jornada de 14 horas que nos enferma, nos venden la idea de “ser exitosos”, pero el costo de ese éxito es la salud y la vida familiar.

La felicidad se ha convertido en otra exigencia de rendimiento, si no eres productivo y feliz, ¡es tu culpa!

CONCLUSIÓN

“La única salida real es un acto de rebeldía colectiva e individual: dejar de comprar la idea de que el sacrificio es virtud y que el sufrimiento es inevitable, debemos enfocar nuestra energía no en ser “mejores gestores del estrés”, sino en exigir entornos laborales más humanos y, sobre todo, en reafirmar nuestros valores fundamentales (el orden vertical).

Nuestro valor no se negocia con el capital, es hora de dejar de vernos a nosotros mismos como objetos destinados a hacer, producir y consumir, para buscar urgentemente nuestro orden vertical: el valor de simplemente ser. El Burnout, en última instancia, no es un problema de falta de esfuerzo; es la señal más clara de que la vida ha dejado de ser el fin y se ha convertido, peligrosamente, en un recurso más al servicio de la producción.”

Contacto:

Instagram: @ericarubipsicologa

Facebook: Erica Rubi Ramirez Martinez

Referencias:

Légeron, P. (2018). Burn out. Rapport de l’Académie nationale de médecine (février 2016).
Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio (R. Gabás, Trad.). Herder Editorial. (Obra original publicada en 2010).

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