Algo tiene el agua en San Pedro Cholula que hace que la gente… cambie.
Pero no para bien.
Porque lo que parecía imposible —gobernar peor que tod@s sus antecesores-, ya no es una hipótesis: es una triste y ruidosa realidad.
Así llegó Tonantzin Fernández, por un margen estrecho, empujada por el miedo a que otra sanandreseña —Roxana Luna— llegara a la presidencia municipal.
En su lugar, impusieron a otra sanandreseña… solo que de Tlaxcalancingo.
Ni conoce ni la conocen.
No forma parte de la vida cotidiana, de las familias tradicionales, ni de los circuitos afectivos de San Pedro.
LADRILLOS, FERIA Y CENTAVOS PERDIDOS
Desde que llegó al poder, se subió al ladrillo, como se dice en el argot popular, y perdió el piso.
Hoy, Tonantzin Fernández no toma llamadas de quienes la apoyaron política y financieramente. Sus aliados de ayer son fantasmas de una campaña que ella ya olvidó.
Pero fue durante la feria patronal cuando quedó claro que no solo desconoce a su pueblo: desprecia su historia.
Por un par de centavos —literalmente, por un “arreglo” con juegueros—, autorizó la instalación de juegos mecánicos frente al Convento de San Gabriel, lo que bloqueaba la Procesión de los Faroles, una de las tradiciones religiosas más sentidas del municipio.
La presión social la obligó a recular.
No por convicción, sino porque se le cayó el negocio.
Los centavos prometidos se le esfumaron, y no quedó más que retirar los juegos y simular que todo fue parte del plan.
NI LA FERIA NI EL DESFILE NI LA CALLE
Fue abucheada en su propia feria. Y el 16 de septiembre, cuando intentó desfilar con las escuelas, los gritos del pueblo fueron tajantes: “¡Póngase a trabajar!”.
Esa es la tónica de su gobierno: desconexión, soberbia, ignorancia, improvisación. Y lo poco que le importa no tiene que ver con gobernar, sino con asegurar su reelección.
Para ello, su secretario del Ayuntamiento, un tal Alcudia, ha intentado tomar control de los comités seccionales de Morena, imaginando que eso le dará algún tipo de poder territorial.
Al mismo tiempo, ha tejido acuerdos con Liz Sánchez y el Partido del Trabajo, a cambio de contratos y favores, por si necesita otra plataforma para su proyecto personal.
EL PUEBLO RECHAZA Y EL EQUIPO ABANDONA
Ya no tiene liderazgo -si algún día lo llegó a tener- sobre su equipo. El Cabildo que ella misma conformó se le ha volteado. Algunos ya están migrando. El desgaste es inocultable. Pero Tonantzin Fernández no ve. O no quiere ver. Insiste en una narrativa heroica que solo ella cree.
El problema es que se olvida que no llegó por méritos, sino por coyunturas.
Que fue el accidente político lo que la colocó ahí.
Pero hoy su presencia no solo es un error: es una carga, un lastre para Morena, que empieza a ver en ella un riesgo electoral.
Y lo peor es que apenas va un año.
A los cholultecas aún les restan dos largos años de este auténtico martirio.
Dos años en los que la ciudad camina rumbo al Mictlán, arrastrada por una alcaldesa que dice venerar lo prehispánico, pero parece querer enterrar viva a la comunidad en el inframundo.

