
Ya no hay forma -en realidad nunca la hubo- de sostener el discurso de la “legalidad”, la “legitimidad” y el “gran avance democrático” de la Elección Judicial. El proceso ha quedado exhibido como una grotesca farsa a la que ni el PRI en sus tiempos más grotescos -dicen algunas voces- se hubiera atrevido.
El más reciente caso, el de los “acordeones judiciales”, una guía precisa de por quién deben votar los militantes del régimen, ha puesto en duda -por si faltaba una duda más- la legalidad completa del proceso.
El 1 de junio se definirá en las urnas a los ministros y ministras de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), así como a magistrados y jueces federales.
El cuento de permitir que “el Pueblo decida”, para así mejorar la administración de la justicia se ha derrumbado, con el tema de los acordeones, entre muchos otros más elementos nefastos con que nació el proceso, desde su reforma constitucional.
Los acordeones son un descarado sistema de instrucciones para que ganen, a través del voto de los militantes y beneficiarios cautivos del sistema, los aspirantes que quiere el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y sus cúpulas.
Por ejemplo, está el instructivo preciso para poner los números, de acuerdo con las boletas, que hagan ganar a los candidatos morenistas.
Un ejemplo, en los acordeones, se instruye que para la SCJN se debe votar por Lenia Batres, Yasmín Esquivel, Loretta Ortiz, Sara Herrerías, María Estela Ríos, Hugo Aguilar, Irving Espinoza, Giovanni Figueroa y Arístides Guerrero.
Se trata de personajes que van, como el caso de Batres y Ortiz, de la franca y directa militancia en Morena, a otros que son más simpatizantes o han sido útiles al régimen.
Es una urda y descarada inducción delo voto que contraviene su secrecía y libertad, tan consagradas en la Constitución.
Por todo el país, con recursos públicos -según se ha denunciado- hay operadores electorales encargados de la Elección Judicial.
Es ahí cuando toman relevancia y adquieren características de ilegalidad los famosos acordeones.
Los morenistas han salido a desestimar el caso.
A normalizarlo.
Exactamente el vocero de los diputados locales de Morena, Paulo García, en la Ciudad de México dijo que es “normal”.
Justifican todo con la complejidad de la elección, con tantas boletas y con tantos aspirantes.
El cálculo es que al menos 10 minutos tomará a una persona votar el 1 de junio.
Que por eso es tan “válido” el acordeón judicial.
Que es hasta necesario.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha pedido la intervención del Instituto Nacional Electoral (INE) y del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) en el tema.
Como si no estuviera totalmente enterada de la sátira.
En el Instituto, la consejera María del Refugio García López dijo que el uso de acordeones en la jornada electoral “podría constituir un delito”.
Mientras tanto, poco o nada relevante ha podido articular la oposición.
La dizque oposición.
El tema está en los medios de comunicación y en las redes sociales.
En la indignación colectiva.
Sin embargo… la farsa sigue ahí.
Y se concretará el día de la “elección”.

