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PRI Y PAN: MUERTOS QUE CAMINAN RUMBO A 2027

PRI Y PAN: MUERTOS QUE CAMINAN RUMBO A 2027

PRI Y PAN: MUERTOS QUE CAMINAN RUMBO A 2027

La semana pasada, Néstor Camarillo (“El Yuawi Poblano”) clavó el último clavo en el ataúd del PRI. Y lo más seguro es que, en su momento, Jorge Estefan Chidiac llegue, a través de alguno de sus alfiles, a tratar de levantar los restos de un partido deshecho y moribundo que seguirá prolongando su larga agonía hacia 2027 con estación final en 2030. Crónica de un entierro anunciado.

Del lado del PAN, el panorama es todavía más patético. Mario Riestra y compañía se venden como “oposición real”, como si la memoria ciudadana no registrara las derrotas acumuladas y las fracturas internas que hoy los tienen a solo un paso de la irrelevancia. Basta mirar la anodina renovación de sus dirigencias municipales, en especial la de Puebla capital: un espectáculo de traiciones, pleitos de cantina y negociaciones de tercera categoría.

Puebla capital:

El escenario parece sacado de una tragicomedia. Riestra y Genoveva Huerta contra las figuras “rescatistas” del partido que son las mismas que cada tres años se dedican a sabotear a los perfiles jóvenes, ciudadanos y con credibilidad. Y, claro, ahí está Eduardo Rivera Pérez, el empleado de El Yunque, cansado de perder vestido de azul y con las maletas ya listas para sumarse a Néstor Camarillo y jugar en la liga de los fosfo-fosfo.

San Andrés Cholula:

El  último gran bastión panista en el estado, hoy es un campo de batalla donde Guadalupe Cuautle y Edmundo Tlatehui mantienen el timón a pesar de la dirigencia del PAN, que no se cansa de sabotearlos y chantajearlos, mientras los huérfanos de Rafael Moreno Valle Rosas sobreviven del trueque en lo oscurito con el gobierno armentista. No hay más estrategia que resistir ante Morena, que en 2027 irá con todo para hacerse de esta codiciada plaza.

Atlixco:

La joya azul de antaño se desmoronó hace rato. Dos periodos bajo Ariadna Ayala dejaron claro que el PAN perdió no sólo el poder, sino la brújula. Y como si no fuera suficiente, dejaron escapar a perfiles con arrastre. Hoy, Atlixco, para el PAN, es el recuerdo de lo que fue y que difícilmente recuperará.

Tehuacán:

La segunda ciudad más importante del estado merece mención aparte. Aquí, cada tres años, la población piensa que no les puede ir peor… hasta que llega Morena a demostrar lo contrario. El PAN, mientras tanto, se dedica a dormitar en sus laureles. En la elección pasada, enviaron a un candidato tibio, incapaz de prender a un electorado cansado. Y para colmo, la disputa interna se reduce a ilusos buscando hueso en el comité municipal, cuando ya todo está entregado a los lacayos de Genoveva Huerta. ¿Y los perfiles que podrían significar un aire fresco, como Maricarmen Culebro? Bien, gracias. Descartada y marginada, porque en el PAN, ya se sabe, es pecado aspirar más allá de los caprichos de la cúpula.

***

Municipio por municipio, PRI y PAN van escribiendo su propia acta de defunción. Su final no vendrá con un golpe estruendoso, sino con un lento desangramiento de credibilidad, posiciones de poder y votos. Las últimas encuestas indican que en el 2027 les espera otro sonoro fracaso.

De hecho, de aquí a las próximas elecciones, la pregunta no es si el PAN o el PRI sobrevivirán —ya sabemos la respuesta—, sino si los ciudadanos despertarán de su apatía y tendrán el valor de voltear a perfiles auténticamente ciudadanos. Perfiles sin hambre de saqueo, sin la ambición de quienes sólo buscan un cargo para conseguir lo que por méritos propios nunca pudieron ni podrán ganar.

En Puebla, PAN y PRI ya están muertos… pero nadie les ha avisado.

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