Miente quien presuma lo contrario.
Nadie vio venir a Xitlalic Ceja García.
Pero la diputada federal, ex dirigente del Organismo Nacional de Mujeres Priistas (ONMPRI), llegará a la dirigencia estatal del PRI básicamente con tres poderosos mensajes:
El primero, el PRI -al menos por el momento- no quiere pleito con el gobernador Alejandro Armenta Mier; el origen político de Xitlalic, el marinismo, la delata. Y el mandatario, al llegar al año uno de su sexenio, seguirá disfrutando de una oposición tan cómoda como complaciente: ni el PAN, con Mario Riestra Piña a la cabeza, ni el PRI, ahora con Xitlalic, osarán tocarlo “ni con el pétalo de una rosa”… al menos hasta las elecciones de 2027.
El segundo, quien manda en el tricolor no es otro que el senador Alejandro “Alito” Moreno (¿o alguien todavía tiene dudas?).
Y el tercero, en el PRI de Puebla se acabó el cacicazgo de Jorge Estefan Chidiac, un cacicazgo que le duró hasta que aquel a quien impuso en su momento en la dirigencia estatal, y manejó como se maneja a un títere, el tránsfuga Néstor Camarillo Medina, lo traicionó.
Como adelanté el sábado por la noche vía Twitter (nunca X), Xitlalic Ceja -ex esposa del marinista Lázaro Jiménez, muy cercano a “Alito” Moreno y con quien ella mantiene una alianza política más allá de los asuntos personales-, es la carta (un as) bajo la manga del dueño del tricolor.
Ciertamente, ya estaba todo listo para la imposición de Lorenzo “Lenchito” Rivera, un inefable aprendiz de político e hijo de cacique que ya se veía como el nuevo mandamás de ese cadáver insepulto llamado PRI poblano.
Sin embargo, de un día para el otro, “Alito” dio la orden de que el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) atrajera el proceso interno en Puebla cuando se enteró que detrás de “Lenchito” estaba ni más ni menos que Jorge Estefan, su principal promotor e impulsor.
Fue ahí donde todo cambió.
Como se sabe, Jorge Estefan acabó como acérrimo enemigo de “Alito” cuando el entonces diputado local desobedeció una instrucción e incumplió el “Acuerdo (en lo oscurito) de Bucareli”.
Es decir, aquella tenebrosa reunión en la que el entonces secretario de Gobernación de AMLO, Adán Augusto López Hernández, operó con “Alito” (y luego, aparte, con el dirigente del PAN, Marko Cortés) para que el entonces diputado federal Ignacio Mier Velazco quedara como gobernador sustituto tras la muerte del gobernador constitucional de Puebla Miguel Barbosa Huerta (en diciembre de 2022, ya casi hace tres años).
Fue la famosa “Noche de los Teléfonos Apagados”: Jorge Estefan regresó de la CDMX a Puebla, se puso manos a la obra y maniobró con todos -excepto el panista Rafael Micalco, el único que votó en contra- los diputados y con todas las diputadas del Congreso del estado para elegir a Sergio Salomón Céspedes Peregrina, su compañero legislador, como el relevo de Barbosa Huerta.
“Alito” y Marko Cortés se cansaron de llamar a sus diputados y diputadas para ordenarles acatar la “línea” de Bucareli a favor de Ignacio Mier. Nadie les contestó. Apagaron, en efecto, sus celulares. Fue una (histórica) Rebelión Poblana (así, con mayúsculas). Un contundente no a las imposiciones desde el centro. Mier era un peligro para todos y todas. El tiempo lo probó.
Y “Alito” nunca se la perdonó a Jorge Estefan.
Por eso, ahora que Jorge Estefan, tras salir de un exilio autoimpuesto, ya convencía (ni tan silenciosamente) a las consejeras y consejeros priistas para que se decantaran a favor de “Lenchito” Rivera, el rumor llegó a oídos de “Alito” y este estalló.
Primero, atrajo el proceso interno.
Segundo, buscó quién de sus leales podrían hacerse cargo del partido en Puebla.
Y tercero, descubrió que el perfil idóneo, para este momento político en el estado, no es sino el de Xitlalic Ceja, una mujer experimentada y una política aguerrida que, sin embargo, sabe de ortodoxia y no traga lumbre.
Xitlalic es tan leal a “Alito” que aparece a su lado, en medio de la trifulca, el día que en el Senado vapuleó literalmente al impresentable de Gerardo Fernández Noroña, el mismo que no sabe defender como hombre lo que escupe con la boca.
Con Xitlalic, “Alito” impedirá no sólo que un grupo enemigo -el de Jorge Estefan- le arrebate lo que es suyo.
También construye un puente de plata con el armentismo, con quien -al menos por el momento- no tiene caso pelearse.
Entre otras razones, porque es una batalla perdida de antemano.
Xitlalic llegará, principalmente, con una misión.
Bueno, dos.
La primera: frenar en seco la intromisión de grupos ajenos al partido, que buscan no sólo influir sino apoderarse de prerrogativas y candidaturas hacia el proceso electoral del 2027.
Y la segunda: bloquear la sangría que “El Yuawi Poblano”, Néstor Camarillo Medina, sigue causando al PRI, llevándose a los pocos militantes que quedan a su nuevo partido, Movimiento Ciudadano.
Lo cierto, a final de cuentas, es que el gobernador de Puebla puede seguir durmiendo tranquilo.
Camina y caminará sin oposición al frente.
Lo que no es, por supuesto, para festejar.
Y es que si algo le urge verdaderamente a Puebla, es justamente partidos que hagan contrapesos.
Pero bueno… Esa es otra historia.

