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19 de septiembre, un día para la protección civil, para recordar y para pensar

19 de septiembre, un día para la protección civil, para recordar y para pensar

19 de septiembre, un día para la protección civil, para recordar y para pensar

El 19 de septiembre es una fecha que en México tiene un significado particular, hoy al sonar la alerta sísmica durante el simulacro nacional, el país entero se detiene por unos minutos.

Oficinas, escuelas y hogares se vacían y miles de personas de manera ordenada, salen a la calle. No es un simple ejercicio, es un ejercicio que trae a la memoria los episodios más duros de nuestra historia reciente, los terremotos que sacudieron no solo nuestra tierra, sino también nuestras ciudades, nuestra tranquilidad y la importancia de la prevención.

México es un país que se asienta sobre la interacción de varias placas tectónicas, lo que provoca que los sismos sean parte de nuestra realidad, la inmensa mayoría son pequeños, casi imperceptibles, pero de vez en cuando la naturaleza nos recuerda su fuerza con movimientos que cambian todo.

La magnitud de los sismos se mide en la escala de Richter;los más leves apenas mueven un vaso en la mesa, pero a partir de los 5 grados ya pueden dañar algunas edificaciones,cuando alcanzan 7 grados, los daños pueden llegar a serserios si estas cerca del epicentro y se extienden a grandes regiones. A partir de los 8 grados la palabra catástrofe no es exagerada, hablamos de destrucción en cientos de kilómetros a la redonda.

México ha experimentado varios de estos grandes terremotos a lo largo de su historia, desde Chiapas hasta Jalisco, pasando por Colima, Guerrero y Oaxaca. Puebla por su parte, ha sentido con fuerza dos en particular el de 1999, con epicentro en Tehuacán, y el de 2017, con epicentro en Chiautla de Tapia, sismos y movimientos que muchos de nosotros recordamos.

Sin embargo lo que más ha marcado la memoria colectiva es la coincidencia de tres sismos ocurridos exactamente el mismo día: 19 de septiembre de 1985, 2017 y 2022, los científicos aseguran que no hay ningún misterio detrás de esta repetición, que se trata de una coincidencia estadística, pero para la gente esa explicación no basta. La fecha quedó grabada en la conciencia nacional, y cada año se repite el ritual del simulacro no solo como ejercicio, sino como homenaje a quienes perdieron la vida y como recordatorio de que estar preparados puede salvarnos.

El 19 de septiembre de 1985 a las 7:19 de la mañana, un terremoto de magnitud 8.1 con epicentro en la costa de Michoacán sacudió a la parte central de México, la Ciudad de México sufrió las peores consecuencias; miles de personas murieron, decenas de miles resultaron heridas y edificios se desplomaron en cuestión de segundos. La sensación de angustia, de miedo y la destrucción fueron inmensos, pero algo más surgió de entre los escombros, la solidaridad ciudadana.

Miles de personas comunes se convirtieron en rescatistas improvisados, formando brigadas que con sus manos e inmenso trabajo comenzaron a remover piedras y ladrillospara salvar vidas. Nacieron grupos de voluntarios como los ya muy famosos topos, que décadas después siguen siendo ejemplo de entrega. Quienes lo vivieron aún recuerdan el silencio sepulcral de las calles interrumpido por gritos de auxilio y el esfuerzo colectivo para rescatar a desconocidos que, en ese instante, se volvieron hermanos.

Ese desastre cambió al país, a partir de entonces se construyo y se fortaleció la cultura de protección civil y se impusieron nuevas normas de construcción, nuevas formas de prepararnos para estos movimientos y aprendimos o entendimos que eran parte de nuestra realidad y que había que estar preparados para ellos.

La sociedad comprendió que no podía dejar todo en manos del gobierno, la organización ciudadana podía marcar la diferencia. En Puebla, muchas personas viajaron a la capital para ayudar, y otros aprendieron la importancia de estar preparados.

Treinta y dos años después, en 2017, la historia pareció repetirse de manera cruel. Justo después de realizar el simulacro, un sismo de 7.1 grados con epicentro en Puebla volvió a golpear con fuerza el centro del país. El movimiento derribó casas, escuelas, iglesias y edificios enteros.

En Atzala, Puebla, una iglesia se desplomó durante un bautizo y 11 personas de una misma familia perdieron la vida. La tragedia dejó cicatrices profundas en comunidades rurales y urbanas. En la Ciudad de México, el colapso del colegio Enrique Rébsamen se convirtió en un símbolo de dolor, mientras que en Morelos barrios enteros quedaron en ruinas. En total, 369 personas murieron, y cientos de familias perdieron todo lo que tenían.

Pero al igual que en 1985 la gente salió a ayudar, los jóvenes que ni siquiera habían nacido en aquella primera tragedia se convirtieron en voluntarios incansables; formaron cadenas humanas para sacar escombros, organizaron centros de acopio y ofrecieron sus hogares a desconocidos. La imagen de ciudadanos pasando cubetas de arena de mano en mano quedó grabada como muestra de que la solidaridad es la mayor fortaleza de México.

Los encuestadores que entrevistamos después de ese día registraron una percepción clara, la ciudadanía sentía que el país estaba mejor preparado que en 1985. Y es cierto la existencia de la alerta sísmica, de los planes de protección civil y de simulacros previos salvaron miles de vidas.

Cuando parecía imposible que la coincidencia se repitiera, en 2022 volvió a temblar un 19 de septiembre. A las 13:05, un sismo de 7.7 grados sacudió al país, esta vez con epicentro en Michoacán.

La sacudida se sintió fuerte en varias entidades, incluida Puebla, pero los daños fueron menores y las muertes pocas en comparación con 1985 o 2017. Sin embargo, la sensación asombro, de incredulidad y de miedo fue enorme. Muchos pensaron que la alarma formaba parte del simulacro hasta que vieron los edificios tambalearse y salieron corriendo a la calle. Fue una advertencia más de que los sismos no avisan, que pueden sorprender en cualquier momento, incluso en medio de un ejercicio de prevención.

Los avances del gobierno y de la sociedad en protección civil han sido enormes. Hoy México cuenta con sistemas de alerta sísmica que nos avisan en la mayoría de los casos con segundos de anticipación, tiempo suficiente para evacuar o buscar un lugar seguro.

Los códigos de construcción son más estrictos y, aunque no siempre se cumplen como deberían, han permitido que muchas edificaciones resistan lo que antes habría sido un colapso. La cultura de prevención también se ha extendido,cada vez más familias hablan del tema, hacen planes familiares en caso de un sismo, muchos preparan una mochila de emergencia con agua, alimentos enlatados, linternas, pilas, documentos importantes y un silbato.

Muchas escuelas y oficinas tienen protocolos claros de evacuación y zonas seguras señaladas. No obstante, aún falta mucho, según las últimas mediciones de opinión pública, casi la mitad de los mexicanos reconoce que no se siente preparado para enfrentar un sismo fuerte.

En Puebla, la experiencia de 2017 dejó claro que no basta con pensar en la Ciudad de México como el único lugar vulnerable. Aquí también tiembla y esto puede afectar las casas, las iglesias centenarias y los edificios modernos; aquí también debemos revisar nuestras viviendas, identificar zonas seguras y enseñar a nuestros hijos qué hacer si un día la tierra comienza a moverse.

La prevención salva vidas. Es tan simple como sujetar un librero pesado a la pared, practicar el plan de evacuación con la familia o participar en el simulacro anual. Durante un sismo, mantener la calma, evacuar de ser posible o protegerse en una zona segura o junto a una columna, alejarse de ventanas y esperar a que pase puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Después, revisar la vivienda, cortar el gas si hay fugas y mantenerse informado por medios oficiales y no caer en noticias falsas y peor aun, difundiarlas, son pasos básicos que todos debemos hacer y conocer.

El 19 de septiembre es un día de reflexión, de preparación ytambién de esperanza. Nos recuerda que aunque la naturaleza es poderosa, la solidaridad y la prevención son nuestras mejores armas.

México tiembla, pero México también se levanta. Y en Puebla lo sabemos bien, la tierra puede sacudirse en cualquier momento, pero lo importante es que nosotros estemos listos, unidos y conscientes de que la prevención no es un lujo, sino una necesidad.

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