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El consumo de las tecnologías en los hogares mexicanos

El consumo de las tecnologías en los hogares mexicanos

El consumo de las tecnologías en los hogares mexicanos

En México ya hay casi 97 millones de personas conectadas a Internet. Esta cifra no es solo un dato, es la confirmación de que lo digital dejó de ser una herramienta complementaria para convertirse en el nuevo entorno de vida.

Lo que antes era una opción como navegar, enviar correos, ver videos en línea hoy es una necesidad tan cotidiana como la electricidad o el agua potable. La reciente Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2024, publicada por el INEGI, nos muestra que la transformación digital no solo está en marcha si no que ya ocurrió.

Los datos son claros en 2015, apenas 39% de los hogares mexicanos tenía conexión a Internet. Hoy esa cifra se ha duplicado, 78.6% de las viviendas están conectadas. Y no se trata solamente de un acceso básico, sino de un ecosistema digital cada vez más completo, dominado por el teléfono celular como principal ventana al mundo. Más del 96% de quienes usan Internet lo hacen desde su celular, y más del 90% de quienes tienen teléfono celular usan un smartphone.

Este crecimiento acelerado es más que una expansión tecnológica, es un cambio de paradigma. La gente ya no “entra” a Internet si no que vive en él. El trabajo, la educación, el entretenimiento, las compras, las relaciones personales… todo pasa por una pantalla. Lo que hasta hace unos años era marginal, hoy es central.

La realidad es que buena parte de los llamados medios “tradicionales” ya están en Internet. Y no como un añadido, sino como su nueva casa. Las estaciones de radio están transmitiendo en sus frecuencias, pero también en la red. Las televisoras tienen sus propios canales en YouTube, apps de streaming y transmisiones en vivo en redes sociales. Las tiendas físicas tienen sus catálogos en línea. Hasta los supermercados ofrecen entregas por app. Lo tradicional se digitalizó porque no hacerlo es desaparecer.

El dato más claro lo da la televisión. Según la ENDUTIH, 91% de los hogares en México tiene un televisor. Pero el 72% de estos ya son Smart TV o digitales. Es decir, no están conectados a una antena, sino a una red Wi-Fi. El contenido ya no se ve en horarios fijos ni en canales asignados. Se busca, se escoge y se reproduce bajo demanda. ¿Y qué se ve? En buena parte, lo mismo que está en Internet: Netflix, YouTube o TikTok. La televisión abierta sigue ahí, sí, pero también vive en la red.

La radio no se queda atrás. Todavía es escuchada por más de 60 millones de personas en el país, pero buena parte del consumo ocurre vía plataformas digitales. Las estaciones tienen apps, sitios web o están integradas en Spotify y otras plataformas de audio. Lo que se transmite por frecuencia modulada también se graba, se empaqueta y se reproduce bajo demanda. El oyente, como el televidente, quiere libertad.

El comercio es otro gran ejemplo. Más del 43% de los usuarios de Internet ha comprado algo en línea en el último año. Ropa, comida, electrónicos, boletos, servicios financieros… La tienda física compite con su propia versión en línea. Y muchas veces, pierde.

Porque es más fácil, más rápido y, en ocasiones, más barato. La pandemia aceleró esta transición, pero el hábito ya se quedó.

Esto deja claro que el debate entre lo digital y lo tradicional dejó de tener sentido. No se trata de cuál es mejor. La pregunta es otra: ¿dónde está la atención de las personas? ¿Dónde pasan su tiempo? ¿Dónde buscan información, entretenimiento o interacción? La respuesta, en 2024, es clara: en Internet.

Y sin embargo, aún existen rezagos importantes. La brecha digital sigue siendo una realidad, sobre todo en las zonas rurales del país, donde solo el 61% de la población está conectada, frente al 84% de las zonas urbanas. Es una diferencia profunda, que reproduce desigualdades económicas, educativas y sociales. Porque hoy, no tener Internet no es solo una desventaja: es una forma moderna de exclusión.

También hay diferencias generacionales que merecen atención. Los jóvenes de entre 18 y 24 años pasan más de 7 horas al día en Internet. Los adultos mayores, poco más de 2. No se trata solo de acceso, sino de habilidades. De saber usar la tecnología no solo para entretenerse, sino para aprender, trabajar, participar y ejercer derechos. La alfabetización digital debe ser tan prioritaria como la alfabetización convencional.

México se encuentra en un punto de inflexión. Tenemos millones de personas conectadas, dispositivos inteligentes en cada bolsillo y una cultura digital que se expande todos los días. Pero aún hay que decidir qué hacer con esa conectividad. ¿Será solo una vía de consumo pasivo? ¿O la convertiremos en una herramienta para empoderar, educar, organizar, innovar?

La realidad es que hoy todo o casi todo ya está en Internet. Lo que no está, es porque o no le interesa estar o no sabe como hacerlo. El reto ya no solo es adaptarse, sino como aprovecharlo.

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