La reciente publicación de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024 por parte del INEGI ofrece una imagen interesante —y hasta cierto punto alentadora— sobre la situación económica de las familias mexicanas. Los ingresos han subido, la desigualdad ha bajado, y en los hogares más pobres del país parece sentirse un poco más de oxígeno. Pero la lectura no puede quedarse ahí. Entre los avances, persisten las fracturas que desde hace décadas nos acompañan.
Para empezar, el ingreso corriente promedio por hogar alcanzó los 77,864 pesos trimestrales este año, lo que equivale a casi 26 mil pesos mensuales. Suena bien, sobre todo porque representa un crecimiento real de más del 10% respecto a 2022. Pero lo verdaderamente significativo es que ese aumento ha sido más fuerte entre los que menos ganan. El decil I, el segmento más pobre de la población, registró un ingreso promedio trimestral de 16,795 pesos, con un aumento superior al 13% en solo dos años. En cambio, los hogares más ricos —del decil X— crecieron a un ritmo de apenas 6.4%.
Esto significa que la brecha, aunque sigue siendo enorme, empieza a cerrarse. En 2016, un hogar rico ganaba 20 veces más que uno pobre. Hoy la relación es de 14 a 1. Sigue siendo tremendamente desigual, pero si registramos un avance. El coeficiente de Gini, ese que nos dice qué tan injustamente se reparte el ingreso y que dice que 0 no hay desigualdad y 1 hay totalmente desigualdad, pasó de 0.449 a 0.391. Un dato que no veíamos desde hace décadas.
Ahora bien, ¿de dónde viene esta mejoría? No hay misterio: Son 2 los motores principales que la empujan. Uno es el aumento en los programas sociales. Las transferencias del gobierno —pensiones, becas, apoyos— ya representan el 17.7% del ingreso de los hogares.
Entre 2022 y 2024, este componente creció más del 27%. El otro motor es el alza del salario mínimo, que ha elevado sustancialmente el ingreso por trabajo. De hecho, entre 2016 y 2024, este tipo de ingreso creció más del 13%.
La combinación entre apoyos públicos y empleos con mejor paga ha tenido efectos visibles. Más ingresos en los hogares significa, en la práctica, poder pagar algunos servicios que no se tenían acceso, completar la despensa, mandar al hijo a la escuela o no tener que elegir entre comida y transporte. Son cosas que no siempre aparecen en los indicadores, pero que cambian la vida cotidiana.
Y esa mejoría también se nota en la percepción ciudadana que registramos en las encuestas. Más de la mitad de los mexicanos dice que la economía está mejorando y 2 de cada 3 tienen esperanza de que el año entrante sea aún mejor.
Pero sería irresponsable detenernos ahí. La desigualdad persiste. Hay regiones del país donde la mejora apenas se siente. Mientras en Nuevo León los hogares ya rebasan los 39 mil pesos al mes, en Chiapas o Guerrero apenas llegan a 13 mil. Puebla sigue por debajo del promedio nacional con poco más de 20 mil pesos mensuales, aunque hay que reconocer una mejora importante respecto a 2022.
Además los problemas estructurales no han desaparecido, la desigualdad de género en el ingreso laboral, el deterioro en los servicios de salud pública, y la baja cobertura de seguridad social siguen limitando el bienestar real. Por ejemplo, muchas familias, ante la caída en la atención de salud pública, han tenido que gastar más en salud privada, reduciendo el impacto positivo del aumento de ingresos.
Desde una perspectiva política, este escenario explica en parte el respaldo electoral hacia quienes han impulsado políticas sociales y salariales. Cuando el ingreso mejora, especialmente en los hogares más vulnerables, el agradecimiento se traduce en votos. Eso se ha visto con claridad en muchas zonas del país, incluidas varias de las más marginadas.
Pero también hay que poner las cosas en su justa medida, ni todos los logros se deben a una sola administración ni todos los problemas se resuelven con más transferencias. El reto ahora es más complejo: consolidar lo avanzado, fortalecer el empleo formal, y garantizar que los servicios básicos acompañen ese crecimiento. Porque de poco sirve ganar más si se pierde en gasto médico, educación deficiente o precariedad laboral.
La ENIGH 2024 nos muestra una realidad con avances pero también hay deudas pendientes. México está cambiando, muchos hogares pobres ganan un poco más. La desigualdad se reduce, aunque creo que muy lentamente, y sobre todo, muchas familias viven con menos angustia que antes. Falta mucho por hacer pero al menos en estos temas del ingreso, parece que caminamos por ahora en la dirección correcta.

