Mi historia con Miami comenzó en 1980. Yo tenía 14 años y acompañé a mi papá, que llevaba un grupo de alrededor de 40 turistas. Era Semana Santa. Para mí no fue solo un viaje; fue una experiencia formativa.
El itinerario incluía algo que hoy suena distinto a los grandes paquetes actuales: un día en Walt Disney World, en Orlando, seguido de un pequeño crucero de cuatro noches en el Emerald Seas, un barco de poco más de 25,000 toneladas, elegante para su tiempo y muy distinto a los gigantes contemporáneos. Al regresar a Miami, nos hospedamos dos noches en el emblemático Fontainebleau Miami Beach.
En ese momento, el Fontainebleau representaba el lujo en la ciudad. Era escenario de películas, reuniones importantes y una vida social intensa. Mientras otros hoteles de la zona aún resentían el paso del tiempo tras la época dorada de los años cincuenta, el Fontainebleau mantenía una presencia sólida y distinguida.
Miami era distinta en 1980. No tenía todavía la verticalidad y el perfil internacional que hoy la definen, pero ya se sentía su identidad latina. Con los años regresé en distintas ocasiones y fui viendo su transformación: una ciudad que se convirtió en puente entre América Latina y Estados Unidos.
Rumbo al Mundial 2026, Miami será una de las sedes más naturales del torneo en territorio estadounidense. Los partidos se disputarán en el Hard Rock Stadium, pero el verdadero escenario será la ciudad completa. Aquí el fútbol no es una moda; es parte de la conversación diaria, de la cultura y de la identidad de millones de residentes.
El Aeropuerto Internacional de Miami es una de las principales puertas de entrada desde América Latina. La gastronomía refleja esa diversidad: sabores cubanos, venezolanos, colombianos, argentinos, mexicanos y caribeños. La música, la energía nocturna y el clima tropical completan la experiencia.
Miami no necesita traducir el fútbol. Lo entiende. Lo vive. Lo celebra.
En 2026, cuando el balón ruede en Estados Unidos, México y Canadá, en Miami el Mundial hablará con múltiples acentos, pero con una esencia profundamente latina.
Viajemos juntos.

