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Aumento salarial 2026: Entre la justicia social y el riesgo económico

Aumento salarial 2026: Entre la justicia social y el riesgo económico

El aumento al salario en México para 2026 que fue de un 13% a partir del 1 de enero, quedando en $315.04 pesos diarios para el resto del país y $440.87 pesos diarios en la Zona Libre de la Frontera Norte, vuelve a colocar sobre la mesa un debate que, aunque recurrente, sigue siendo incómodo: ¿hasta dónde es viable mejorar el ingreso de los trabajadores sin poner en riesgo la estabilidad económica?

Durante décadas, el salario mínimo en México fue sinónimo de rezago, al analizar las curvas de incremento salarial con respecto al incremento de la inflación se encontrara una brecha que se hacía cada vez más grande durante el periodo de 1982-1992 del 63.60%, es decir: ajustado por inflación, lo que ganaba un trabajador con salario mínimo en 1982 valía muchísimo más que lo que ganaba a principios de los 90 en términos de poder adquisitivo, cabe señalar que ese período coincidió con crisis económicas profundas, alta inflación y políticas de contención salarial que redujeron fuertemente el ingreso real de los trabajadores, por lo no alcanzaba para cubrir necesidades básicas y funcionó más como un referente administrativo que como un verdadero ingreso laboral, en ese contexto, los incrementos salariales de los últimos años han sido, sin duda, una corrección histórica, sin embargo, el reto de 2026 ya no es solo subir salarios, sino hacerlo de manera sostenible.

EL LADO POSITIVO

Desde el punto de vista social, el aumento salarial tiene argumentos sólidos, un mejor ingreso permite recuperar poder adquisitivo perdido por la inflación, reduce la pobreza laboral y fortalece el consumo interno, para millones de hogares, especialmente en zonas urbanas y semiurbanas, considerando que el porcentaje de trabajadores que ganan un salario mínimo ha cambiado de 20.20% en 2020 a 28:0% en 2025, adicionalmente se debe considerar que el salario más alto no se traduce en ahorro, sino en comida, transporte y servicios básicos, por lo que este efecto dinamiza la economía local, el pequeño comercio, los servicios y las microempresas suelen beneficiarse de una mayor circulación de dinero, en estados como Puebla, donde el mercado interno tiene un peso relevante, el incremento salarial puede convertirse en un amortiguador frente a la incertidumbre externa.

EL RIESGO: INFLACIÓN E INFORMALIDAD

Pero el aumento salarial no ocurre en el vacío, cuando los salarios crecen más rápido que la productividad, las empresas enfrentan una disyuntiva: absorber el costo reduciendo márgenes de utilidad o trasladarlo a los precios, en muchos casos, ocurre lo segundo, por lo que el resultado es inflación, particularmente en bienes y servicios de consumo cotidiano, lo que erosiona parte del beneficio del propio aumento salarial, cabe señalar que los trabajadores con salarios más bajos (1–2 salarios mínimos) constituyen alrededor de 40 % de los ocupados en México. impacto es más severo en las micro y pequeñas empresas, con márgenes estrechos, poco acceso a financiamiento y alta carga administrativa, muchas no
pueden sostener incrementos abruptos en el costo laboral, el riesgo entonces es doble: menor contratación formal o, peor aún, un desplazamiento hacia la informalidad, fenómeno que México conoce demasiado bien ya que e acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de diciembre de 2025, la Tasa de Informalidad a esa fecha es de 54.30%

COMPETITIVIDAD EN JUEGO

Otro ángulo del debate es la competitividad. México ha sido atractivo para la inversión por su cercanía con Estados Unidos, su red de tratados y, sí, por sus costos laborales relativamente bajos, un aumento salarial no elimina esta ventaja, pero sí obliga a una condición clave: productividad, las empresas que llegan por nearshoring no buscan únicamente salarios bajos; buscan estabilidad, capacitación y eficiencia, si el salario sube acompañado de inversión en tecnología, capacitación laboral e infraestructura, el impacto puede ser positivo, si no, sectores intensivos en mano de obra como los relacionados con la industria textil, agroindustria, manufactura básica, entre otros pueden perder terreno frente a otros países emergentes.

EL VERDADERO DEBATE

El error sería plantear el tema como una dicotomía entre justicia social y estabilidad económica, el aumento salarial en 2026 es necesario, pero no basta por sí solo, sin políticas complementarias como apoyo a MIPYMES, incentivos a la formalidad, capacitación y mejora regulatoria, menor costo fiscal a la contratación, alentar el riesgo es que el beneficio se diluya entre inflación, cierres de negocios e informalidad.

CONCLUSIÓN

El aumento al salario en México en 2026 representa una oportunidad y un desafío, por una parte, es una señal de compromiso con el bienestar laboral, pero también una prueba de madurez económica, el subir salarios sin productividad es populismo; contenerlos indefinidamente es injusticia social, por lo que el equilibrio no es sencillo, pero es ineludible, finalmente a manera de cierre se debe señalar que el éxito del aumento salarial no se medirá con el anuncio, sino realmente dentro de un año en el caso de que los trabajadores viven mejor sin que la economía pague un precio mayor.

(*) El autor es académico de la UPAEP

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