Ningún gobierno es culpable de las lluvias típicas o atípicas, de las inundaciones, de los terremotos, de los ciclones, de las nevadas o de las erupciones volcánicas. Sí, sin embargo, lo son de la falta de previsión y, sobre todo, de la absoluta ausencia de alertas -reales, efectivas- a la población. La tormenta en Puebla capital del pasado domingo, que dejó una automovilista muerta por caída de árbol y múltiples daños materiales a viviendas, restaurantes y otros inmuebles principalmente del Centro Histórico, vuelve a probar la tesis. Lamentablemente. Parece que en este país los gobiernos en general son incapaces de acumular memoria de lo que la naturaleza -lo único que nadie puede tener bajo control- es capaz de hacer y de su poder de destrucción. Hay sistemas formales de protección civil, pero estos son más reactivos que preventivos. Se vio con claridad con las lluvias de octubre de 2025 en la Sierra Norte. Hoy, la tecnología permite saber con mucha anticipación sobre el arribo de una tormenta. En ocasiones son horas valiosísimas no sólo para poner sobre aviso a la población, también para tomar todas las medidas necesarias -ninguna está de más- para salvar vidas y patrimonios. Quizá algún día se entienda que invertir en un eficiente sistema de alertas -no son suficientes los boletines, los mensajes en redes sociales, los spots en radio o televisión, etcétera-, ayudará a dejar de contar desgracias como la de este fin de semana, cuando una automovilista circulaba tranquila, como cualquier domingo, por la Recta a Cholula, y no, ya no regresó a su casa.
ALERTAS

La tormenta derribó un árbol en la recta a Cholula, y cayó sobre un auto dejando a una mujer muerta
