El río de San Francisco era la cloaca de Puebla.
Ahí llegaban las aguas negras de la ciudad… Los niños le decían el río Nilo: ni lo huelas.
Cuando se planteó el proyecto de entubarlo, este gozó de amplio respaldo popular.
En los cines -entonces el único entretenimiento en la Puebla de la primera mitad de la década de los 60- presentaban la imagen de dos tubos, en uno de los cuales circulaba un camión.
Se agregó al predial un cargo especial para financiar las obras, que se iniciaron en 1963 comenzando por el vaso regulador de Puente Negro, junto a lo que hoy es la Diagonal Defensores, para continuar por Los Lavaderos e incorporarse al trazo del actual Bulevar Héroes del 5 de Mayo.
Sólo se construyó una bóveda de unos 2.50 metros de alto por otro tanto de ancho (es elíptica), que llegó incluso al actual Bulevar Valsequillo para que el río continuase a cielo abierto hasta su desembocadura en el Atoyac, pasando la 11 sur en el Molino de Enmedio.
Posteriormente (1968) se construyó el Bulevar Héroes del 5 de Mayo hasta la 25 oriente.
Años más tarde (1975) se prolongó hasta el Bulevar Valsequillo dando lugar a Plaza Dorada (1979) y al Parque Juárez, siendo actualmente una de las vialidades más importantes de la ciudad formando parte de su anillo interior (debe mejorarse su trazo) con el Bulevar Norte, Aarón Merino, Bulevar Atlixco, Niño Poblano, 55 Poniente, Diagonal 5B Sur y 5 Sur hasta el cruce con Valsequillo e inicio del mencionado Bulevar H 5 de Mayo.
El vaso regulador de Puente Negro cumple con su función de contener las riadas que bajan de La Malinche; sin embargo, el volumen de agua que la bóveda puede desplazar es mucho menor a la del cauce natural del río.
Las inundaciones -como la del domingo 28 de junio- se deben a que la bóveda no tiene capacidad para desplazar el volumen que recibe en una tormenta.
Es cierto que se ha descuidado el azolve de Puente Negro. También puede afectar la falta de mantenimiento en la bóveda, pero sin duda LA CAUSA FUNDAMENTAL ES QUE ÉSTA NO PUEDE DESPLAZAR LOS VOLÚMENES QUE RECIBE EN UNA TORMENTA.
Nada tiene que ver el pavimento y poco puede hacer el Ayuntamiento con sus limitados recursos económicos y políticos. Deben implicarse efectivos estatales y federales.
Construida en los años 1963-66 (más de medio siglo), la obra ya se ha amortizado y no da más de sí. Resolver el problema de las inundaciones implica remplazarla por nuevos dispositivos que garanticen el eficaz desplazamiento de los volúmenes que se reciban.
Paralelamente debe ser dotada de colectores marginales para recibir las aguas negras de la ciudad y conducirlas a plantas de tratamiento.
Eventualmente -con un diseño adecuado-, la propia vialidad debe reforzar la capacidad hidráulica del drenaje pluvial, pero sin generar riesgos de inundaciones.
Las obras deben realizarse afectando lo menos posible el funcionamiento de la ciudad, y dada la magnitud de las mismas, aprovecharse para mejorar sustancialmente los espacios urbanos a sus veras.
Asumiendo el problema real, plantear soluciones de fondo, obras de gran envergadura y alto costo, para el largo plazo.
Ojalá se entienda y se actúe en consecuencia.

