Vivir del recuerdo y de glorias pasadas.
A eso han condenado a la afición camotera.
No hay otra opción.
Directivos de pacotilla, técnicos improvisados, jugadores tembeleques y dueños sin escrúpulos, solo interesados en sacar algo de dinero de un negocio, el del futbol, que ni conocen ni les importa ni realmente les interesa.
Sí, vivir del recuerdo.
Es la única verdad, la única realidad para quienes aún siguen o seguimos -ya cada vez menos- amando los colores de La Franja.
Las nuevas generaciones no conocen otra cosa que un equipo perdedor, que va de fracaso en fracaso, de ridículo en ridículo, arrastrando las piernas -y el alma- como un condenado a muerte.
El Club Puebla ya es el conjunto mexicano que acumula más años sin ser campeón: 36.
Sí, ¡tres décadas y seis años más!.
No contemos, por favor, la ridícula Copa de 2015. Una aspirina para un cáncer… ¿terminal?.
La última vez que se levantó el título de liga fue en la temporada 1989-1990.
Ya estamos más que consolidados como el equipo con la sequía más larga entre los clubes tradicionales de la Liga MX.
Vaya, que el último técnico que nos llevó a la cumbre, don Manuel Lapuente, ya hasta se murió.
Según un reciente análisis del del portal Transfermarket, el valor actual del Club Puebla anda por los suelos: 23.9 millones de dólares, nada más 92.7 millones de pesos menos que el América y 70.7 millones de dólares menos que el bicampeón Toluca.
Estoy seguro que a muchos seguidores del Puebla ya hasta les da pena decir que le van al Puebla y muchos otros han migrado -nadie los culpa- a otros equipos que les dan más alegrías que frustraciones.
Temporadas van y temporadas vienen y todo sigue exactamente igual.
El pasado jueves 7 de mayo celebró -es un decir- 82 años de fundado.
Y efectivamente, del aniversario nuevamente lo único destacable fue el pasado, un pasado glorioso y que se ha dilapidado grotescamente, sin consecuencias reales para todos los culpables de la profunda crisis que agobia todos los estratos de un equipo en ruinas: ruina deportiva, ruina económica, ruina futbolística, ruina moral…
Ya se sabe que en el futbol mexicano, como en la política, no pasa nada ni cuando pasa.
Pero mucha pena ajena dan los ridículos posteos desde el Club:
Y hay algo sintomático, que resume el tamaño de la debacle:
Sus ídolos siguen siendo los mismos del célebre “Campeonísimo”, hace ¡36 años!. Así de grave:
El equipo acabó la temporada 2025-2026 como el peor de toda la Liga MX.
Con apenas 25 puntos de 102 posibles, su efectividad se desplomó al 23.5%.
El Clausura 2026 terminó en el penúltimo lugar de la tabla, con 13 puntos.
En los días buenos, su casa, el dos veces mundialista Estadio Cuauhtémoc, apenas promedia 15.290 asistentes por partido. Muchos nada más van a echarse una chela fría y una buena cema. Porque de futbol, muy poco.
La Franja ya se acostumbró -ya nos acostumbró- a ser un equipo mediocre, perdedor e inestable.
Ya no es noticia que pierda: se da como un hecho anticipado, algo normal, la desesperante rutina…
La afición, la que queda, no espera nunca nada de su equipo y aún así siempre acaba decepcionada.
Y como dice el clásico:
Esta película -de terror- continuará…
Vendrán más temporadas, vendrán más técnicos, vendrán más jugadores a préstamo y seguirán los mismos fracasos y las mismas vergüenzas, un interminable desfile de miserias, producto de las mismas malas decisiones, la misma soberbia, la misma terquedad, la misma monserga de ir a un Estadio Cuauhtémoc fantasmal y silencioso, aburrido y deprimido, que sólo vive, efectivamente, del pasado, de las hazañas de otros tiempos, tiempos mejores…
Nada que celebrar.
Sí, pinche Club Puebla.

