Está por empezar la Copa FIFA 2026 y aún no ha quedado claro por qué exactamente Puebla no fue sede mundialista, ni siquiera como centro de entrenamiento. Las expectativas eran altas. Puebla, de hecho, es de los pocos estados que puede presumir ser doblemente sede de un Mundial, en 1970 y 1986, pero esta vez ninguna selección de las que jugarán en México nos eligió. ¿Cuáles fueron las razones? ¿Por qué si el gobierno del estado, vía Turismo, hizo un gran esfuerzo económico y de relaciones públicas, Sudáfrica escogió Pachuca, Hidalgo, y Corea del Sur, por su parte, Guadalajara, Jalisco? Las causas son múltiples, pero hubo tres que influyeron de manera determinante: 1) El Aeropuerto de Huejotzingo no es funcional ni presenta las condiciones adecuadas para soportar la alta movilidad de visitantes que implica un Mundial de Futbol. Sencillamente no tiene la capacidad ni la eficiencia operativa, mucho menos la accesibilidad y sostenibilidad, que se requiere. Por eso, entre otras razones, está en marcha un proyecto de modernización, que implica una inversión de mil millones de pesos en dos años, entre capital empresarial y estatal, para ponerlo a la altura de los mejores del país. La coyuntura mundialista vino a reconfirmar lo que ya se sabía: nuestra terminal aérea es aldeana, y eso lo saben todos quienes han aterrizado ahí, o volado desde ahí. 2) Puebla carece de un Centro de Alto Rendimiento Futbolístico, un complejo deportivo de alta gama que ofrezca a un seleccionado nacional las condiciones necesarias para entrenar en un torneo de la más alta exigencia como lo es un Mundial. El Estadio Cuauhtémoc es espectacular, uno de los más grandes de México, y ha sido testigo del paso de algunos de los mejores futbolistas de la historia, como Maradona en 1986, pero sin un Centro de Alto Rendimiento, resulta poco funcional. El club local, La Franja, ni siquiera tiene una casa club propia o un complejo deportivo de entrenamiento propio, como la mayoría de los grandes equipos mexicanos (América, Chivas, Pumas, etcétera) o europeos; de hecho, tienen que entrenar donde pueden o donde los dejan, cual judíos errantes. Y 3) La mala publicidad internacional que se generó en momentos clave con el tema del césped del Cuauhtémoc. Fueron muchas semanas -semanas decisivas- que Puebla dio la impresión de no saber cómo revertir las malas condiciones presentadas por la cancha. El césped se sustituyó, ciertamente, pero las imágenes previas del lodazal, acabaron por pesar. El nuevo pasto tardó en encontrar su “prime”. La excesiva carga de partidos y las lluvias, tampoco ayudaron. Fue algo determinante. Véase lo sucedido con la Selección de Japón, que ya tuvo que modificar su plan de preparación logística en Monterrey, Nuevo León, y trasladará sus entrenamientos a las instalaciones de El Barrial, complejo deportivo del Club de Fútbol Monterrey, debido a que las canchas del Centro de Entrenamiento de los Tigres de la UANL presentaban muy malas condiciones, casi tipo potrero. Incluso ha corrido la versión de que el conjunto asiático amagó incluso con viajar a otro país cercano y adoptarlo como sede de entrenamiento. ¡Vaya ridículo del gobernador Samuel García!…
Sí, por todo lo anterior, Puebla no logró ser sede mundialista, perdiéndose una gran oportunidad económica, turística, deportiva y de imagen para el estado. Años de descuido, de abandono, de no planear, de no dar importancia a lo importante, pasaron su factura. Nos hemos tenido que conformar con dos partidos de preparación (México vs Ghana y España vs Perú), que no están mal, pero tampoco son lo que se esperaba. Y no vale decir: “¡Ya será para la otra!”. Porque es muy poco probable que México vaya a ser por una cuarta ocasión sede o subsede de un Mundial de Fútbol. Diría el clásico: “¡Lástima, Margarito!”.

