{"id":124782,"date":"2019-10-16T01:13:12","date_gmt":"2019-10-16T01:13:12","guid":{"rendered":"legacy-k2-2019-87997"},"modified":"2019-10-16T01:13:12","modified_gmt":"2019-10-16T01:13:12","slug":"los-ninos-sicarios-los-hijos-de-la-violencia-en-mexico-k2-87997","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pueblaonline.com.mx\/archivo\/2019\/nacion\/los-ninos-sicarios-los-hijos-de-la-violencia-en-mexico-k2-87997\/124782\/","title":{"rendered":"Los ni\u00f1os sicarios, los hijos de la violencia en M\u00e9xico"},"content":{"rendered":"<p>Kevin todav\u00eda estaba en la pubertad cuando se uni\u00f3 a una pandilla de su barrio. Ten\u00eda 16 a\u00f1os y hab\u00eda crecido en Ciudad Nezahualc\u00f3yotl, una de las zonas m\u00e1s marginadas y violentas en la periferia de la capital mexicana<\/p>\n<p>Kevin todav\u00eda estaba en la pubertad cuando se uni\u00f3 a una pandilla de su barrio. Ten\u00eda 16 a\u00f1os y hab\u00eda crecido en Ciudad Nezahualc\u00f3yotl, una de las zonas m\u00e1s marginadas y violentas en la periferia de la capital mexicana. Quer\u00eda ser alguien. Quer\u00eda pertenecer a algo. Quer\u00eda respeto. Y eso significaba tener cosas: ropa de marca, un par de zapatos chingones y dinero. La banda ten\u00eda unos 10 miembros, m\u00e1s o menos. El mayor no pasaba de los 25 a\u00f1os y el m\u00e1s chico ten\u00eda nueve. El m\u00e1s peque\u00f1o era el m\u00e1s sanguinario. Nunca mostraba arrepentimiento y pararse a su lado le daba confianza porque sab\u00eda que si alguien se met\u00eda con ellos, el chico lo iba a matar. Primero fue vandalismo y robo. Despu\u00e9s fueron drogas, extorsiones a negocios y golpizas. &#8220;La idea era meter terror a nuestros rivales&#8221;, cuenta Kevin, ahora con 20 a\u00f1os, que decide hablar con la condici\u00f3n de que no se d\u00e9 a conocer su nombre real. &#8220;Todo comenz\u00f3 como un juego, \u00e9ramos ni\u00f1os jugando a ser sicarios&#8221;, recuerda.<\/p>\n<p>Desde diciembre de 2006, tras el estallido de la llamada guerra contra el narcotr\u00e1fico en M\u00e9xico, hasta el a\u00f1o pasado, hubo 278.899 homicidios, seg\u00fan el Instituto Nacional de Estad\u00edstica y Geograf\u00eda. De ellos, m\u00e1s de un tercio eran hombres menores de 29 a\u00f1os y esa ya es la principal causa de muerte para ese grupo de edad. Al rastro de la violencia letal se le une una estela de da\u00f1os invisibles que se ceba con una generaci\u00f3n que ha crecido sobrexpuesta al enfrentamiento abierto entre el Gobierno y los carteles de la droga, y un glosario de neologismos sangrientos: con publicaciones de Instagram y mensajes de Whatsapp sobre encajuelados, levantones y balaceras.<\/p>\n<p>En la \u00faltima d\u00e9cada, la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud ha expuesto que la violencia es un problema de salud p\u00fablica. Detr\u00e1s de la ola de inseguridad se esconden familias destrozadas, rutinas que han cambiado por completo y una gama de trastornos mentales, que van desde la depresi\u00f3n hasta las adicciones, pero tambi\u00e9n da\u00f1os f\u00edsicos cr\u00f3nicos como una mayor propensi\u00f3n a enfermedades cardiovasculares, diabetes o cambios hormonales y neuronales, seg\u00fan una bater\u00eda de estudios internacionales. En un pa\u00eds con una edad mediana de 28 a\u00f1os, el foco de los especialistas est\u00e1 en los m\u00e1s j\u00f3venes, no solo porque est\u00e1n en etapas formativas que los hacen m\u00e1s maleables, tambi\u00e9n porque son los que se adaptan mejor a su entorno y replican o padecen la violencia a la que est\u00e1n expuestos. &#8220;Es dif\u00edcil hablar de una generaci\u00f3n perdida, pero s\u00ed podemos decir que es una generaci\u00f3n muy lastimada&#8221;, comenta Luciana Ramos, investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatr\u00eda Ram\u00f3n de la Fuente.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os, la prensa mexicana se ha llenado de caras ani\u00f1adas como la de Kevin. Hace un mes fue abatido Juanito Pistolas, un sicario de 16 a\u00f1os, en Tamaulipas, uno de los Estados m\u00e1s peligrosos del pa\u00eds. Esa misma semana, un comando incendi\u00f3 un bar en Coatzacoalcos (al este del pa\u00eds) y bloque\u00f3 las salidas de emergencia para que los asistentes no escaparan. Al menos 30 personas murieron. El principal sospechoso ten\u00eda 29 a\u00f1os y dos de sus c\u00f3mplices, detenidos tras la masacre, ten\u00edan 23. Pero la lista de casos documentados se extiende a por lo menos una d\u00e9cada atr\u00e1s y no tiene visos de terminar. El propio Gobierno calcula que unos 460.000 menores de edad engrosan las filas del crimen organizado. &#8220;Estamos hablando de que cada a\u00f1o hay un secuestro de decenas de miles de ni\u00f1os y adolescentes a manos del narcotr\u00e1fico&#8221;, apunta Clara Jusidman, presidenta del Centro Tepoztl\u00e1n V\u00edctor L. Urquidi.<\/p>\n<p>La explosi\u00f3n de la violencia estructural desnuda el fracaso del Estado, en un pa\u00eds con poca movilidad social, una desigualdad rampante y m\u00e1s de 52 millones de pobres, se\u00f1ala Jusidman. &#8220;La violencia se ha consolidado como un mecanismo v\u00e1lido de resoluci\u00f3n de conflictos y crea relaciones de poder entre los agresores y las v\u00edctimas, al final de cuentas nadie nace violento, todo se aprende&#8221;, agrega la especialista.<\/p>\n<p>&#8220;Por primera vez me sent\u00ed poderoso, estaba con la banda pesada del barrio, los que mataban, vend\u00edan drogas y gobernaban en realidad&#8221;, cuenta Miguel, sobre su decisi\u00f3n de unirse con 17 a\u00f1os a un cartel que controla la zona norte del Estado de M\u00e9xico, en el centro del pa\u00eds. &#8220;Despu\u00e9s vi por primera vez como torturaban a alguien, le cortaban la lengua, los dedos, las orejas y despu\u00e9s se empezaban a carcajear&#8221;, relata incr\u00e9dulo Miguel. &#8220;Puta madre, obviamente me dio miedo&#8221;, confiesa. Cuando le lleg\u00f3 el turno, le temblaba la mano, pero no pod\u00eda mostrar sus sentimientos: &#8220;Si no lo hac\u00eda, me mataban a m\u00ed&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Somos una sociedad cada vez m\u00e1s sedienta de un espect\u00e1culo incrementalmente violento y eso tiene un efecto en los cr\u00edmenes que vemos&#8221;, se\u00f1ala Anel G\u00f3mez, psic\u00f3loga de la Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico (UNAM). &#8220;Ya no basta con matar, hay que decapitar o disolver en \u00e1cido para llamar la atenci\u00f3n&#8221;, apunta Rogelio Flores, investigador de la UNAM. &#8220;Se habla mucho de la normalizaci\u00f3n de la violencia, pero estamos de lleno en una etapa de desensibilizaci\u00f3n: ya no nos provoca nada, a veces, incluso, nos entretiene&#8221;, agrega Flores. Y eso hace que el umbral de lo que se puede esperar sea desconocido.<\/p>\n<p>Reclutar a menores supone una ventaja para los carteles, pueden hacer el trabajo sucio y enfrentar penas reducidas. Pero hay tambi\u00e9n un juego de masculinidades t\u00f3xicas que explica en gran parte porque son los hombres quienes asumen el doble papel de v\u00edctimas y victimarios. &#8220;Se explota una figura del macho dominante, si lloras, si dudas, si te da miedo, &#8216;no eres lo suficientemente hombre&#8221;, afirma Saskia Ni\u00f1o de Rivera, directora de la organizaci\u00f3n Reinserta. Y las recompensas son prometidas en ese mismo registro. &#8220;Cuando atrapaban a un capo, lo \u00fanico que pensaba era en todas las mujeres y el dinero que ten\u00edan&#8221;, dice Kevin. &#8220;Y al mismo tiempo, no paraban de decirme que era &#8216;un bueno para nada&#8217;, que &#8216;me iba a morir pobre&#8217; y era ese coraje el que usaba para pegar m\u00e1s fuerte, para no pensar&#8221;, agrega. El coraje era el de un ni\u00f1o que hab\u00eda padecido abandono de sus padres, de un adolescente que hab\u00eda crecido sin oportunidades y el del hombre que cre\u00eda que deb\u00eda ser. &#8220;Esa es la clave de c\u00f3mo se transmite de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n&#8221;, complementa Flores.<\/p>\n<p>Las l\u00edneas que marcan el inicio de la violencia y de las afectaciones en la salud mental de la poblaci\u00f3n son difusas. Y aunque los efectos son palpables, M\u00e9xico a\u00fan no conoce la dimensi\u00f3n del problema, apunta Ramos. &#8220;No estamos preparados como pa\u00eds para hacer frente a este problema&#8221;, lamenta la investigadora. Sin suficiente personal capacitado ni infraestructura ni estrategias de prevenci\u00f3n ni atenci\u00f3n a v\u00edctimas y perpetradores.<\/p>\n<p>En una cadena de transmisi\u00f3n de la violencia machista y familiar a la violencia estructural, tras romper el r\u00e9cord de homicidios por segundo a\u00f1o consecutivo, los niveles de violencia letal son tan altos que han estancado la esperanza de vida de los hombres del pa\u00eds y han aumentado los a\u00f1os bajo la sensaci\u00f3n de vulnerabilidad en ambos sexos, de acuerdo con una serie de investigaciones de la Universidad de California. &#8220;Me salv\u00f3 la vida que me encerraran, quiz\u00e1s hubiera terminado en un ata\u00fad, como otros&#8221;, afirma Miguel, que como Kevin, tuvo una segunda oportunidad. Esa chance no lleg\u00f3 para 95.000 j\u00f3venes que murieron en los \u00faltimos 13 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Fuente: El Pa\u00eds<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Kevin todav\u00eda estaba en la pubertad cuando se uni\u00f3 a una pandilla de su barrio. Ten\u00eda 16 a\u00f1os y hab\u00eda crecido en Ciudad Nezahualc\u00f3yotl, una de las zonas m\u00e1s marginadas y violentas en la periferia de la capital mexicana Kevin todav\u00eda estaba en la pubertad cuando se uni\u00f3 a una pandilla de su barrio. 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