{"id":175950,"date":"2018-11-05T02:41:35","date_gmt":"2018-11-05T02:41:35","guid":{"rendered":"legacy-k2-2017-74859"},"modified":"2018-11-05T02:41:35","modified_gmt":"2018-11-05T02:41:35","slug":"la-temporada-final-de-house-of-cards-la-mejor-de-todas-k2-74859","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pueblaonline.com.mx\/archivo\/2018\/actualidad\/la-temporada-final-de-house-of-cards-la-mejor-de-todas-k2-74859\/175950\/","title":{"rendered":"La temporada final de House of Cards, \u00bfla mejor de todas?"},"content":{"rendered":"<p>La trama sigue siendo tan interesante, aguda e inteligente como de costumbre, pero tal vez algo menos agresiva en los enfrentamientos verbales. Los mon\u00f3logos de Claire ante la c\u00e1mara se revelan m\u00e1s descriptivos y no tan elocuentes como los de su esposo defenestrado<\/p>\n<p>Parece obligado comenzar diciendo que el actor estadounidense Kevin Spacey, antes muy respetado y a\u00fan conocido por sus interpretaciones en pel\u00edculas como Glengarry Glen Ross (James Foley, 1992), The Usual Suspects, Seven (Bryan Singer, David Fincher, 1995), L. A. Confidential (Curtis Hanson, 1997), American Beauty (Sam Mendes, 1999) o La vida de David Gale (Alan Parker, 2003) y la magn\u00edfica serie de televisi\u00f3n House of Cards (Beau Willimon, desde 2013) ha arruinado su gran carrera en el cine por su depredaci\u00f3n sexual y, al tiempo tras conocerse su conducta y ser despedido sin contemplaciones, ha dinamitado las posibilidades de que el cautivador drama pol\u00edtico de su Frank y la Claire Underwood de Robin Wright (Forrest Gump) termine por todo lo alto, como una obra mayor de principio a fin.<\/p>\n<p>Porque esta serie es menos de lo que podr\u00eda sin Spacey y Frank, como lo fue irremediablemente casi toda esa novena temporada de The X-Files(Chris Carter, desde 1993) con la ausencia de David Duchovny (Californication) y su Fox Mulder: cuando una historia tiene dos pilares dram\u00e1ticos, su cojera no hay quien la arregle a falta de uno de ellos, y si la ficci\u00f3n paranormal eran Mulder y la Dana Scully de Gillian Anderson (Hannibal, American Gods), la de House of Cards y su terrible ambici\u00f3n pol\u00edtica eran Frank y Claire Underwood. No hay vuelta de hoja para esto y, no obstante, si resulta tr\u00e1gico que no se haya podido completar el ciclo narrativo de \u00e9l en apoteosis al haberle sacado por la puerta de atr\u00e1s, al menos el esfuerzo para ofrecer una justificaci\u00f3n decente a golpe de guion es indiscutible.<\/p>\n<p>La trama sigue siendo tan interesante, aguda e inteligente como de costumbre, pero tal vez algo menos agresiva en los enfrentamientos verbales. Los mon\u00f3logos de Claire ante la c\u00e1mara se revelan m\u00e1s descriptivos y no tan elocuentes como los de su esposo defenestrado, y la planificaci\u00f3n audiovisual y el montaje no cuentan con todo el nervio al que nos ten\u00edan gratamente habituados en temporadas anteriores. Las diferencias tambi\u00e9n incluyen flashbacks de un pasado remoto de lo m\u00e1s inesperado y varios misterios de cierta clase por los que los guionistas no sol\u00edan optar. Y, en cualquier caso y como debe ser, la intriga de la temporada gana en complejidad y la tensi\u00f3n va in crescendo conforme se suceden los episodios, con puzles conversacionales como el del cuarto o estallidos a la manera del sexto.<\/p>\n<p>Probablemente, la temporada \u00faltima de House of Cards es todo lo buena que podr\u00eda ser en estas circunstancias, con el disgusto may\u00fasculo de prescindir de un personaje con un magnetismo tan arrollador como el de Frank, que llegaba al summum cuando se un\u00eda al de Claire. Y uno se ve tentado de decir que, en efecto, ella es m\u00e1s despiadada que su marido, pero debemos considerar l\u00f3gico que la aterradora lucha a muerte que presenciamos aqu\u00ed hubiera ocurrido tambi\u00e9n si Francis Underwood la hubiese protagonizado junto a su esposa, en cuya piel est\u00e1 espl\u00e9ndida, intachable, extraordinaria Robin Wright, con el peso de exhibir la tr\u00e1gica y fascinante perversidad que antes compart\u00eda con Kevin Spacey sobre sus hombros. Qu\u00e9 lejos nos encontramos ya de la pobre Jenny Curran.<\/p>\n<p>La acompa\u00f1an otros int\u00e9rpretes estupendos: Michael Kelly (Los Soprano) como Doug Stamper, cuyo papel se ve igualmente favorecido por la ausencia de Frank incuso hasta el asombro; Diane Lane (La ley de la calle) y Greg Kinnear (Mejor&#8230; imposible) encarnando a Annette y Bill Shepherd, Campbell Scott (Da\u00f1os y perjuicios) como Mark Usher, Derek Cecil (Treme) de Seth Grayson, la deliciosa Patricia Clarkson (Six Feet Under) en el rol de Jane Davis, Boris McGiver (The Wire) como Tom Hammerschmidt, Jeremy Holm (Mr. Robot) prest\u00e1ndole sus facciones a Nathan Green, Constance Zimmer (The Newsroom) como Janine Skorsky o Lars Mikkelsen (Sherlock) luci\u00e9ndose de Viktor Petrov. Todos ellos, libreto mediante, cumplen con el cometido de construir o de rematar una visi\u00f3n profunda y dif\u00edcil de los entresijos en la pol\u00edtica estadounidense. Y, con su buen cierre shakespeareano, House of Cards se nos termina, a\u00fan como la mejor serie de televisi\u00f3n entre las que se emiten que uno pod\u00eda contemplar.<\/p>\n<p>Fuente: hipertextual<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La trama sigue siendo tan interesante, aguda e inteligente como de costumbre, pero tal vez algo menos agresiva en los enfrentamientos verbales. 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