{"id":177334,"date":"2018-10-19T01:11:56","date_gmt":"2018-10-19T01:11:56","guid":{"rendered":"legacy-k2-2017-74217"},"modified":"2018-10-19T01:11:56","modified_gmt":"2018-10-19T01:11:56","slug":"como-leer-bien-un-comic-k2-74217","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pueblaonline.com.mx\/archivo\/2018\/actualidad\/como-leer-bien-un-comic-k2-74217\/177334\/","title":{"rendered":"C\u00f3mo leer (bien) un c\u00f3mic"},"content":{"rendered":"<p>Los c\u00f3mics son un medio expresivo ciertamente extra\u00f1o. Un tal Tom Wolf lo sintetiz\u00f3 en 1977, cuando escribi\u00f3 estas palabras para el Harvard Educational Review<\/p>\n<p>Los c\u00f3mics son un medio expresivo ciertamente extra\u00f1o. Un tal Tom Wolf lo sintetiz\u00f3 en 1977, cuando escribi\u00f3 estas palabras para el Harvard Educational Review:<\/p>\n<p>&#8220;Durante los \u00faltimos cien a\u00f1os, el actor de leer ha estado conectado de un modo bastante directo al concepto de alfabetismo (&#8230;) Aprender a leer significaba aprender a leer palabras (&#8230;) Pero la lectura ha ido estudi\u00e1ndose progresivamente m\u00e1s a fondo. Informes recientes demuestran que leer palabras es s\u00f3lo una peque\u00f1a parte de una actividad humana mayor, que incluye la decodificaci\u00f3n de s\u00edmbolos, la integraci\u00f3n y ordenaci\u00f3n de informaci\u00f3n (&#8230;) De hecho, podemos pensar que leer \u2014en su sentido m\u00e1s general\u2014 es una forma de actividad perceptual. La lectura de palabras es una manifestaci\u00f3n de esta actividad, pero hay muchas otras: la lectura de im\u00e1genes, mapas, diagramas de circuito, notas musicales&#8230;&#8221;.<\/p>\n<p>Estas palabras de Wolf aparecen recogidas en el monumental ensayo &#8216;El c\u00f3mic y el arte secuencial&#8217;, de Will Eisner, editado en Espa\u00f1a por Norma. Publicado en 1985 y revisado en 1990, este libro se considera una aut\u00e9ntica master classimpartida por el Orson Welles de su medio, quien no en vano comenz\u00f3 a escribir los principios, m\u00e9todos y teor\u00edas que lo componen mientras impart\u00eda un curso en la School of Visual Arts de Nueva York (m\u00e1s tarde, publicar\u00eda algunos fragmentos en las p\u00e1ginas finales de &#8216;The Spirit&#8217;). Eisner estaba interesado en algunos aspectos puramente pr\u00e1cticos, como demuestran sus valiosas lecciones de anatom\u00eda para dibujantes principiantes, pero su alt\u00edsimo calibre te\u00f3rico fue lo que allan\u00f3 el camino para obras como &#8216;Entender el c\u00f3mic&#8217; (1993), de Scott McCloud.<\/p>\n<p>Tanto uno como otro tuvieron que enfrentarse a cuestiones tan b\u00e1sicas como la direcci\u00f3n en la que los ojos del lector deben moverse cuando lee un tebeo occidental (el manga es, como seguramente sepas, harina de otro costal). Alex Abad-Santos lo expres\u00f3 muy bien en este did\u00e1ctico art\u00edculo para Vox: &#8220;El texto te salta desde todos los \u00e1ngulos. En ocasiones, la secuencia de eventos puede ser dif\u00edcil de seguir. Y hay un mont\u00f3n de t\u00edtulos que se crearon espec\u00edficamente para ser un desaf\u00edo. Y, en general, los lectores de c\u00f3mics tienden a ser autodidactas: no tenemos un sistema genial para ense\u00f1ar a la gente c\u00f3mo leer historias contadas de forma visual&#8221;.<\/p>\n<p>Eisner consideraba que las estructuras de la ilustraci\u00f3n y la prosa eran similares, luego mirar una vi\u00f1eta con di\u00e1logo equivale a leer una imagen y a decodificar un texto. Para McCloud, cuyo ensayo en forma de c\u00f3mic fue aplaudido a rabiar por el padre de Spirit, la &#8220;combinaci\u00f3n interdependiente de palabras y dibujos&#8221;nace en la Europa del siglo XIX, mucho antes de que nadie pensase en el c\u00f3mic como arte o veh\u00edculo expresivo. No obstante, a ambos les preocupa la forma en la que alguien se enfrenta a una p\u00e1gina: por d\u00f3nde empezar, qu\u00e9 tiempo dedicar a analizar el dibujo, c\u00f3mo leer los di\u00e1logos, de qu\u00e9 manera hay que decodificar la narrativa secuencia que se nos est\u00e1 presentando&#8230; En su camino de perfecci\u00f3n, Eisner lleg\u00f3 a, por ejemplo, considerar las letras como im\u00e1genes, o al menos como parte esencial y org\u00e1nica de la ilustraci\u00f3n. En ning\u00fan lugar se ve mejor que en las splash pages que empezaron a abrir las historietas de Spirit a partir de diciembre de 1940, cuando publica este magistral paisaje con el propio t\u00edtulo de la cabecera en modo cuasi-dieg\u00e9tico. Desde entonces, se convertir\u00eda en se\u00f1al de estilo.<\/p>\n<p>De alguna manera, el c\u00f3mic trabaja siempre con marcos. La propia p\u00e1gina es uno, pero cada vi\u00f1eta, considerada por separado, puede ser tambi\u00e9n un cuadro dotado de imagen y palabra. La suma de esos peque\u00f1os cuadros conforma la famosa narraci\u00f3n secuencial, una manera de narrar y componer el tiempo que se antoja como una de las artes m\u00e1s democr\u00e1ticas que existen. A no ser que aterrices de nuevas en una de esas series regulares de superh\u00e9roes que se nutren de su propia continuidad, lo normal es que no necesites ning\u00fan tipo de background para leer un c\u00f3mic. A diferencia de otras artes pict\u00f3ricas, el tebeo no requiere conocimientos de historia o cr\u00edtica, aunque a veces ayuda. Por ejemplo, el genio de &#8216;Watchmen&#8217; es evidente para cualquier tipo de lector, pero s\u00f3lo aquellos que conozcan la historia del c\u00f3mic superheroico hasta mediados de los ochenta podr\u00e1n llegar a sus capas m\u00e1s profundas de subtexto y significado.<\/p>\n<p>Y, ya que hablamos de Alan Moore, esta p\u00e1gina de &#8216;Greyshirt&#8217;, dibujada por Rick Veitch y publicada en el n\u00famero 2 de &#8216;Tomorrow Stories&#8217; (noviembre de 1999), nos sirve para explicar c\u00f3mo funcionan ciertas cosas en el lenguaje del c\u00f3mic. De hecho, la propia historieta, ambientada en un \u00fanico edificio de apartamentos a lo largo de varias d\u00e9cadas, se titula as\u00ed, en uno de los muchos chistes metaling\u00fc\u00edsticos que componen su complejo, sobrecogedor andamiaje narrativo. Moore y Veitch estaban rindiendo un homenaje expl\u00edcito al Spirit de Eisner, quiz\u00e1 el tebeo mainstream norteamericano que m\u00e1s a fondo reflexion\u00f3 sobre la propia mec\u00e1nica de su medio (el h\u00e9roe pod\u00eda, por ejemplo, correr por el espacio blanco entre vi\u00f1etas, explicitando su condici\u00f3n de criatura ficticia atrapada entre marcos y espacio negativo).\u00a0<\/p>\n<p>En este caso, cada una de las cuatro vi\u00f1etas que componen cada p\u00e1gina de la historia est\u00e1 anclada en el tiempo y en el espacio: as\u00ed, en la superior siempre es 1999, mientras que vamos retrocediendo veinte a\u00f1os a medida que bajamos. La aventura de Greyshirt (un remedo de Spirit) tiene sentido si leemos cada uno de los pisos por separado, pero s\u00f3lo alcanza su dimensi\u00f3n final si la leemos en el orden natural de los c\u00f3mics. Lo que Moore y Veitch logran en su tributo al maestro es recordarnos que los c\u00f3mics tienen una habilidad \u00fanica para reflexionar sobre las convenciones de su propio lenguaje, lo que explica por qu\u00e9 tienden siempre hacia la subversi\u00f3n o parodia de c\u00f3digos semi\u00f3ticos establecidos.<\/p>\n<p>El c\u00f3mic es, tambi\u00e9n, un arte de equipo. Incluso en las ocasiones en las que guionista y dibujante son la misma persona, lo normal es que tengamos profesionales dedicados a los colores, el entintado, las letras, la edici\u00f3n. La conjunci\u00f3n de todo ese equipo es lo que hace que un tebeo funcione. No sirve de nada tener al guionista m\u00e1s brillante y minucioso cuando nos encontramos con un dibujante que no sabe narrar con im\u00e1genes, y viceversa. Algunos fans de los c\u00f3mics afirman que no suelen fijarse en el dibujo, pero eso es absurdo: filigranas como las de Frank Quitely en el n\u00famero 700 de &#8216;Batman&#8217; no s\u00f3lo son en\u00f3rmemente ricas en detalles, sino que la propia composici\u00f3n de la p\u00e1gina, con sus vi\u00f1etas tambale\u00e1ndose al son de la pelea, indica una astucia de narrador pursangre.<\/p>\n<p>Actualmente, nos encontramos inmersos en un periodo donde las antiguas categor\u00edas culturales est\u00e1n sufriendo un intenso periodo de erosi\u00f3n. El panorama de hoy ya no hace distinciones entre alta y baja cultura, entre el arte serio y el entretenimiento masivo. De este modo, antiguas formas subculturales como los c\u00f3mics se han consagrado, al mismo tiempo, como mainstream y como arte elitista: aunque mucha gente los siga asociando con superh\u00e9roes y fantas\u00edas adolescentes, lo cierto es que ahora est\u00e1n ganando premios en los m\u00e1s prestigiosos cert\u00e1menes o ense\u00f1ando a las nuevas generaciones el horror del Holocausto. El mejor ejemplo de ambos fen\u00f3menos es, por supuesto, &#8216;Maus&#8217;, ganador del Pulitzer en 1992. Desde entonces, ya dej\u00f3 de haber excusas para aprender a leer un c\u00f3mic correctamente, as\u00ed que imag\u00ednate si llegas tarde.<\/p>\n<p>Fuente: GQ<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los c\u00f3mics son un medio expresivo ciertamente extra\u00f1o. Un tal Tom Wolf lo sintetiz\u00f3 en 1977, cuando escribi\u00f3 estas palabras para el Harvard Educational Review Los c\u00f3mics son un medio expresivo ciertamente extra\u00f1o. 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