{"id":178933,"date":"2018-08-20T02:03:28","date_gmt":"2018-08-20T02:03:28","guid":{"rendered":"legacy-k2-2017-71725"},"modified":"2018-08-20T02:03:28","modified_gmt":"2018-08-20T02:03:28","slug":"el-museo-del-prado-a-15-obras-maestras-por-hora-k2-71725","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.pueblaonline.com.mx\/archivo\/2018\/actualidad\/el-museo-del-prado-a-15-obras-maestras-por-hora-k2-71725\/178933\/","title":{"rendered":"El Museo del Prado, a 15 obras maestras por hora"},"content":{"rendered":"<p>M\u00e1s o menos como en los sue\u00f1os, el tiempo en los museos pasa muy r\u00e1pidamente. En la noche de la pintura, los ojos se mueven en fase REM constante mientras el sol resplandece ah\u00ed afuera, cociendo el asfalto<\/p>\n<p>M\u00e1s o menos como en los sue\u00f1os, el tiempo en los museos pasa muy r\u00e1pidamente. En la noche de la pintura, los ojos se mueven en fase REM constante mientras el sol resplandece ah\u00ed afuera, cociendo el asfalto. Fue Orhan Pamuk quien escribi\u00f3 que los museos de verdad son los sitios en los que el tiempo se transforma en espacio. El premio Nobel turco hab\u00eda construido el suyo propio, El museo de la Inocencia,un gabinete de las maravillas que nace de un libro y termina como un aleph de todos los museos del mundo.<\/p>\n<p>En la memorable escena del Louvre de Bande \u00e1 part (1964), los j\u00f3venes Odile, Franz y Arthur tardan en recorrer el museo 9 minutos y 45 segundos, superando en dos segundos el r\u00e9cord del californiano Jimmie Johnson, si creemos lo que nos dice el propio Godard en su filme. Los so\u00f1adores de Bertolucci mejoraron la carrera en unas cuantas d\u00e9cimas (The Dreamers, 2003). Traducido a segundos, correr-caminar por un museo es algo tan nost\u00e1lgico, tan extra\u00f1o e id\u00e9ntico, como una plusmarca de Usain Bolt. El atletismo se parece al arte porque es como estar en el mundo del m\u00e1s all\u00e1, donde las cosas m\u00e1s hermosas ocurren de acuerdo con nuestros deseos.<\/p>\n<p>Si &#8220;para hacer una pel\u00edcula todo lo que se necesita es una chica y una pistola&#8221; -la frase qued\u00f3 err\u00f3neamente atribuida a Godard-, para nuestra visita de una hora al Prado tenemos a una chica con un plano. En la galer\u00eda central, Dolores G -a quien llamaremos Dolor, como el perro de Frida Kahlo- fantasea y sonr\u00ede mientras oye a su espalda el pataleo de los ni\u00f1os que preguntan a sus padres cu\u00e1nto camino queda y estos se\u00f1alan de nuevo al frente, a ese horizonte que es una pintura, un tiziano, un veron\u00e9s, un rubens, y entonces los chavales corren afanosos y se adelantan para llegar primero y o\u00edr el latido del tiempo. Ya lo advirti\u00f3 Goya, el tiempo tambi\u00e9n pinta.<\/p>\n<p>Dolor despliega el plano sobre su mano izquierda. En el dibujo de las tres plantas del edificio est\u00e1n se\u00f1aladas las 14 obras sugeridas (hay que clicar en &#8220;Recorridos recomendados&#8221; y seleccionar la visita que durar\u00e1 sesenta minutos). Muy cerca, el estruendo sordo de un grupo de turistas sigue a la chica, empujado por id\u00e9ntica ilusi\u00f3n. Le ha parecido o\u00edr que una parte de ellos ha optado por la expedici\u00f3n de dos horas, mientras que una pareja de j\u00f3venes italianos se dispone a hacerla en tres.<\/p>\n<p>En lo m\u00e1s hondo de su ser, Dolor conserva oculta la esperanza de poder hacer alg\u00fan d\u00eda una visita de 36 horas. Sentirse peque\u00f1a y sola en las galer\u00edas, sin necesidad de apresurarse, saboreando la v\u00edspera del siguiente cuadro, el bramido del ciervo de Vel\u00e1zquez dando las diez, los gatos de Goya maullando las once, el pajarito de la Sagrada Familia de Murillo que p\u00eda doce veces&#8230; y as\u00ed, cada animalillo anunciando los cuartos y las horas, con sus voces distintas.<\/p>\n<p>Le despierta de su fantas\u00eda un guardi\u00e1n de sala, que con un gesto abrupto corrige la posici\u00f3n de un turista chino que envidiosamente mira de cerca el escapulario de seda rojo de El Cardenal (1512) de Rafael. No se sabe a ciencia cierta qui\u00e9n es el prelado del retrato, pero los estudiosos ven un parecido con Francesco Alidosi, el Marcinkus del Renacimiento, favorito de Julio II (inmortalizado por Rafael aquel el mismo a\u00f1o, la pintura est\u00e1 en la National Gallery de Londres). Fue apodado el Gan\u00edmedes del papa, uno la luna y el otro un J\u00fapiter lun\u00e1tico, tal era la atracci\u00f3n del pont\u00edfice por su banquero. En el cuadro, llaman la atenci\u00f3n algunos motivos leonardescos, en particular de la Gioconda, por la composici\u00f3n triangular y el sfumato concentrado en el flequillo recortado a dos velocidades, como una muralla inexpugnable que protegiera la cabeza del asedio a inconfesables secretos.<\/p>\n<p>Unos pasos m\u00e1s all\u00e1, est\u00e1 el joven Durero (Autorretrato, 1498). Apuesto, de mirada penetrante, es sin duda el Brad Pitt de la \u00e9poca. Est\u00e1 ataviado como un gentiluomo: lleva un jub\u00f3n blanco y negro y cubre sus manos con unos delicados guantes grises, las mismas que ejecutaron esta tabla, como se lee en la inscripci\u00f3n del alf\u00e9izar de la ventana, escrita en alem\u00e1n: &#8220;Lo pint\u00e9 seg\u00fan mi figura a los veintis\u00e9is a\u00f1os&#8221;.<\/p>\n<p>Dolor se dirige a la sala del Jard\u00edn de las Delicias (1490-1500), el tr\u00edptico donde El Bosco concentra todo el destino de la Humanidad, con el pecado como hilo conductor. Lujuria, gula, ambici\u00f3n, castigo, criaturas que inspiraron a Spielberg y Cameron, con Sigourney Weaver en el papel de Eva que recibe su castigo en el Infierno. Es dif\u00edcil desengancharse de esta parrilla de historias, un Netflix g\u00f3tico donde la tierra es siempre plana. Muy cerca est\u00e1 la conmovedora Crucifixi\u00f3n(1509-19), de Juan de Flandes. En el grupo de parientes y seguidores de Cristo, bajo la nube oscura que cubre la parte superior de la pintura, destaca la Virgen aislada en su dolor; en un primer plano, sobre una piedra, hay una calavera, un f\u00e9mur, corales y lo que parece un enigm\u00e1tico objeto negro rectangular rescatado anacr\u00f3nicamente del G\u00f3lgota: un Iphone. En la no menos elegante pintura El Descendimiento (antes de 1443) de Van der Weyden, el pa\u00f1o de pureza que cubre a Cristo es tan transparente que se puede ver con nitidez la sangre que fluye. A la izquierda, la Virgen se ha desvanecido y repite la postura del hijo con una empat\u00eda maternal jam\u00e1s lograda antes en una pintura. El videoarte de Bill Viola le debe mucho a este cuadro.<\/p>\n<p>Es el turno de Goya. En Los fusilamientos (1814), como en casi toda su pintura, el Sordo de Fuendetodos retrata el miedo y la piedad mejor que el hero\u00edsmo. Antes de subir a la primera planta, Dolor busca la escultura Orestes y P\u00edlades (hacia el siglo X a.C.), de la Escuela de Pasiteles, que reproduce el abrazo de los dos efebos. Es una obra muy visitada por las reinas queer durante las celebraciones LGTB de Madrid. La chica acelera el ritmo para llegar a El caballero de la mano en el pecho (1578-80). El ojo derecho del noble cristiano pintado por El Greco atraviesa como un l\u00e1ser todo lo que se le pone delante. Demasiada severidad. El sue\u00f1o de Jacob (1639), de Jos\u00e9 de Ribera, es un kitkat: \u00e1ngeles subiendo y bajando mientras el pastor los sue\u00f1a.<\/p>\n<p>Por fin, Las Meninas (1656), el cuadro\/manifiesto de Vel\u00e1zquez sobre el placer de ver -la escopofilia- y el siempre ambiguo papel de la realeza, pues los monarcas posan para el artista y la imagen aparece en el espejo, pero en realidad ellos est\u00e1n fuera del marco, donde estamos nosotros, los espectadores. Dolor no parece muy convencida de esta interpretaci\u00f3n, as\u00ed que enfila el \u00faltimo tramo hacia el Carlos V en la batalla de M\u00fchlberg (1548), un tiziano poco manierista si lo comparamos con Venus y Adonis o D\u00e1nae recibiendo la lluvia de oro. Enfrente est\u00e1 el Rubens que se adelant\u00f3 a la era del consumo de masas: Las tres Gracias(1630-35). La esposa del pintor, Helena Fourment, aparece representada a la izquierda, la gracia del medio aprieta su b\u00edceps (\u00bfcomprueba su condici\u00f3n f\u00edsica?) mientras la tercera reclama su atenci\u00f3n (parece molesta). En otra sala, La Inmaculada Concepci\u00f3n (1767-69), de Tiepolo, reproduce la imagen de la Virgen que pisa la serpiente del Pecado Original. Un cubo de agua fr\u00eda despu\u00e9s del m\u00e9nage \u00e0 trois rubensiano.<\/p>\n<p>El corolario de la ruta rescata por una vez la figura de la mujer heroica, Judit en el banquete de Holofernes (1634), el \u00fanico rembrandt que posee el Prado, con la hero\u00edna que sabe utilizar sus armas para liberar al pueblo holand\u00e9s de la monarqu\u00eda espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Acaba la expedici\u00f3n. Dolor apura los \u00faltimos cinco minutos frente al perro metaf\u00edsico de Goya. El animal est\u00e1 inundado de sol pero en \u00e9l no hay alegr\u00eda. La chica observa el cuadro, inm\u00f3vil, como si estuviera ante algo prodigioso, la imagen de la supervivencia. Dolor, ese perro. Debi\u00f3 de ser tambi\u00e9n su nombre.<\/p>\n<p>Fuente: elpais.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>M\u00e1s o menos como en los sue\u00f1os, el tiempo en los museos pasa muy r\u00e1pidamente. 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